Un domingo electoral por partida doble. Se eligeron en la Argentina presidente, senadores, diputados nacionales y algunos gobernadores. Se eligieron en Colombia gobernadores, alcaldes y consejos.
Lo confieso, no voté en ninguno de los dos países. En Argentina porque no soy ciudadana y en Colombia porque estoy fuera y son elecciones regionales. Así que como marginada involuntaria, no me queda más que observar.
Así que miro y observo a los que sí votan, a los que quieren y a los que no pero les toca.
Más allá de los resultados que responden a la voluntad (forzada o no) de los electores, hay diferencias y similitudes, algunas formales y otras de comportamiento, que dibujan un sistema democrático que pese a sus agujeros todos seguimos reivindicando.
¿Voto obligatorio o voluntario?
En la Argentina el voto es obligatorio para los 27′090.236 de ciudadanos habilitados. En Colombia 26′731.700 de personas pueden o no elegir, el voto es voluntario.
Y aquí me pregunto, ¿es más efectivo que sea obligatorio?, Más gente vota y por lo tanto, ¿se refuerza el sistema representativo? ¿Es más legítimo un gobierno?
A priori parace que no le dan mucha bola a quienes dejan de hacerlo.
En la Argentina votó el 71.76% del padrón y, por la presidente electa el 44.8%. Algunos periodistas políticos hicieron cuentas y destacaron que es la representatividad más baja con la que asume un presidente, sin contar a Néstor Kirchner, en lo que va de restaurada la democracia.
Ese 28.24%, ¿en qué anda?. Es mucha gente si se tiene en cuenta que la segunda más votada, Elisa Carrió, obtuvo el 22.9%. ¿7′650.282 argentinos están a más de 500 km de su lugar de votación? ¿tienen alguna otra razón válida para no participar?
Unos días antes, el 90% de las autoridades de mesa en Buenos Aires se habían excusado para no serlo.
Las sanciones por no votar no parecen aliciente suficiente para participar y los cien devaluados pesos tampoco, para sentarse 12 horas o más en domingo, a aguantar temperamentos varios.
En Colombia la mayoría de alcaldes y gobernadores fueron elegidos con porcentajes que fluctúan entre el 45 y 55% de los electores. El Presidente Uribe fue re- elegido en el 2006 con un 55% de abstencionismo. Del 45% restante obtuvo el 62% de respaldo. El segundo en votación, Carlos Gaviria, sacó el 22% de los votos, poco más de 2′600.000. En términos absolutos, sacó más votos o cantidad similar que presidentes anteriormente electos, como César Gaviria en el 90 (2′891.808) o Turbay en el 78 (2′503.681). ¿Representativos?
Según estas cifras, pareciera que el voto obligatorio cumple un papel más cohersitivo y por lo tanto más efectivo a la hora de que el ciudadano deposite la papeleta.
Pero lo cierto es que a la hora de reivindicar la legitimidad del triunfo, el 44.8% de Cristina es suficiente y entonces no importa el 28.24% de la población que dio la espalda a la elección.
Igualmente pasa con el “aplastante” 43.7% de los votantes que eligieron a Samuel Moreno Rojas en Bogotá. A la hora de declarar triunfantes que la mayoría de la ciudadanía lo respalda, tampoco importó mucho el 52% que no se molestó en interrumpir su domingo de descanso para acercarse a las urnas.
Pese a la diferencia formal, la democracia renguea adolorida por igual en nuestros imperfectos sistemas.
¿Qué queda? Que asumamos todos y cada uno de los ciudadanos comportamientos democráticos. Si observamos al margen la utilización de los mecanismos formales, no nos queda más que aceptar que otros decidan. No hay derecho entonces a chistar.
Que las excepciones seamos pocos.

Excelente post!
Realista, un tanto decepcionada, un tanto esperanzada. Así, creo, es tu columna. Me pregunto: ¿estamos formando ciudadanos en nuestras democracias? ¿O simplemente consumidores? ¿Será capaz la democracia de construir su propio futuro?
El asunto de los candidatos presidenciables 2010 no tardará en definirse, en cuanto se defina el tema de la reelección presidencial quedará claro. Les recomiendo entrar a http://www.elecciones.com.co un portal dedicado al tema de las elecciones en Colombia.