Me cansa esto. Hoy caminaba bajo el bochorno de este día caluroso y húmedo, lidiando entre estrechos andenes de calles estrechas de esta Buenos Aires que a veces parece tan pueblerina. Niños desnudos, solo con unos calzoncillos sucios y descalzos, corriendo entre la puerta entreabierta de su casa y la esquina donde el vecino improvisó en la ventana de su casa un kiosko de golosinas, cigarrillos y gaseosas.
Recordé la remota Montería de mi abuela, esa ciudad perdida en el caribe colombiano que me parece tan distante. No tanto. Los 40 grados en la sombra (hoy eran 33, pero ya van a llegar los 40), la humedad insoportable y las hojas de los árboles desesperadamente quietos, me sitúan allí. Hasta que oigo un che boludo! y no un eche que vaina! y regreso al sur.
Y me desespero. Qué diablo se me metió en el cuerpo para haber dejado lo que dejé. ¿No era mejor el automovil dos litros
- volador! y aire acondicionado – que el subte bochornoso y asfixiante? ¿No era mejor planear una navidad entre las palmeras de Ixtapa -Zihuatanejo
(suena tan bien cuando te preguntan a dónde vas estas vacaciones!) que decir: no se todavía, si me da el bolsillo voy a ver si puedo irme a…? ¿No vivía más feliz cuando si no tenía efectivo, no importaba si los bancos no recargaban los cajeros en cuatro días, al fin y al cabo
American Express recibían en cualquier parte? ¿No es mejor un Escorihuela Gascón edición limitada del 2002
acompañando una pasta mediterránea que un Valmont en la parrilla de la esquina acompañado por el ritmo de los “cohetes” que tiran los mocosos del piso de arriba?
¿Qué gusano me carcomió el cerebro cuando preferí el tonto camino de ser fiel a mis principios idealistas y tratar de vivir de ello y no serlo a la comodidad de mi trasero en el asiento de un avión y la agradable liviandad de mi cabeza en la almohada de plumas de ganso y sábanas de puro algodón en el peor de los casos?
Malaya sea!! decía mi mamá cuando algo no resultaba como debía ser. Cuándo se me ocurrió ser rebelde y entrar a una universidad pública para llevarle la contra a mi papá, ese lugar lleno de mamertos e izquierdosos que llenaron mi cabeza de cucarachas y ya no me dejaron levitar sobre mi cama!
Esto de recogerle la caca a mis perros, aguantar la puteada de gente muy fea que sin embargo votó a Macri para ser linda como él y además ni siquiera poder comprar un poderoso turbo ventilador que vuele hasta mis ideas, no es exactamente una vida ideal.
Al diablo con todo!, quiero volver a ser burgués…

El camino hacia la Burguesía siempre es sencillo, lo difícil es hacer el camino inverso, porque requiere tener un grado de empatía importante.