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Un miércoles en la casa paterna

3 feb

Tomado del blog de Andrés FornellsDon Olimpo toca el timbre. Es medio día. Espera el almuerzo que cada miércoles le dan en casa de mis padres. Beatriz, la señora que trabaja en casa, me dice que le diga por favor que espere, que hoy hay mucha gente. Mi primo y yo ya convertimos en una multitud la familia. Don Olimpo espera y mientras tanto conversa con don Pablo, el jardinero que también eventualmente almorzará aquí, cuando corte todo el pasto y desmalece los jardines; y también cuando Beatriz termine de atender a los dueños de casa. Y es que yo estoy de visita – mi primo también – , pero para todos los efectos, y después de 20 años, sigo conservando algunas prioridades, aunque don Olimpo y don Pablo sean más cotidianos y presten mejor servicio que yo, que simplemente soy hija. Una demasiado independiente y un tanto pagana, como me juzga la mirada involuntaria de mi mamá.
Don Olimpo se gana la vida caminando el barrio como vigilante; se acerca cuando mi papá o mi hermano sacan el carro del garaje, para que ningún ladrón o “viciosito” aproveche la oportunidad. Ya alguna vez, entrando, encañonaron a mi papá, le pidieron las llaves y de paso se llevaron la compra del supermercado del mes. Mi mamá siempre recuerda ese detalle con algo de pesar. Don Olimpo solo está armado con un bastón de mando de madera, aunque hace parte del servicio de seguridad que pagan los vecinos. Un señor de alrededor de 60 años y cara de abuelo que debería estar consintiendo nietos y no espantando malandros. Y don Olimpo come en la calle. No entra, se sienta en el muro del jardín del frente, con el plato metálico y lo que buenamente le dan en esta cristiana casa los miércoles, y en otras el resto de los días. A veces la comida está fría, como el desayuno de esta mañana. Sí, también desayuna aquí los miércoles. Hoy, cuando le sirvieron el café y el pan, no estaba, tenía que terminar su ronda. El alimento de la mañana quedó durante largos minutos a la intemperie; todo por la seguridad vecinal. Al igual que a la hora del almuerzo, Beatriz salió más tarde para entrar el pocillo y el plato, ya vacíos.

Don Pablo entra un rato más tarde al patio de la casa. Saluda, se queja de la gripa que le está dando a todo el mundo por el invierno. Acá las lluvias permanentes son el invierno y estos días llueve todas las tardes. Hay inundaciones en todo el país, las peores en décadas dicen los periódicos. Pero como todos los años, es previsible en dónde causan los mayores destrozos. Como siempre, las razones de la tragedia son conocidas, las víctimas son las de siempre y los responsables también.

Años de negligencia estatal y políticas de coyuntura. Ya los periódicos anunciaron que la emergencia invernal se comió el presupuesto anual destinado a mejoras en la infraestructura vial. Lo de siempre. El año próximo solo cambiarán los nombres de las víctimas, si es que alguien en alguna noticia quisiera identificar alguna. Seguramente así será; la nota de color siempre impacta más si se obvian las estadísticas y se hace de la miseria trágica de una persona, la realidad épica de una vida marcada por la adversidad.

Para la mayoría de los que leerán la novedad, en todo caso, la variación será de número y quizá del nombre de algún pueblo en donde la lluvia se ensañe con más fuerza en su frágil naturaleza y en la abandonada obra del hombre.

Alguna vez cerca a la casa de Beatriz, o de la de don Olimpo – ¿o sería de la de don Pablo? -, hubo un gran derrumbe con varios muertos. Ni idea cuántos. Pero es esa realidad a la que están acostumbrados. Ellos, siempre en el camino de la tragedia. La vida del pobre, dirán resignados cuándo se les menciona el tema.
Y acá, la nuestra. Reflejo lavado y lejano de esas inevitables consecuencias de vivir en este país tropical, que solo se manifiesta en el fastidio de estas tardes de encierro al que nos somete el invierno.

Don Pablo termina. Entra y almuerza cuando termina de cortar el pasto del jardín interior. Beatriz le sirve al lado de la mesa de planchar; y come, como don Olimpo, en un plato metálico que no se usa para otra cosa ni para nadie más en esta casa. Son porciones generosas, el trabajo es duro. Don Pablo está ahora más gordo que cuando lo conocí hace ya tantos años. Viene de siempre, ya no recuerdo cuántos años ha dedicado a recorrer el barrio, tocar timbres y ofrecer cortar el pasto de las casas de este barrio aún tan verde. Ya tiene la cabeza blanca, pero la energía parece la misma; no lo veo más cansado. En realidad creo que nunca lo vi antes.
Cuando termina, mi papá le paga, intercambian frases sobre las rosas que cada tanto se roban del jardín y se va.

Beatriz recién se sienta a comer cuando ha cumplido con los pedidos de cada miembro de este hogar ajeno. Come rápido para terminar pronto y poder irse a tiempo con todos los deberes cumplidos. La casa es grande; por eso llega a las 7:30 y a las 18 se va. Definitivamente más de las horas de ley, pero parece tomarlo con la naturalidad de una más de las condiciones de su vida precaria. Y todos callan; nadie reclama por el privilegio robado, nadie se queja por el derecho cedido.

Y yo, acusada de ser “de izquierda”, solo observo, algún trabajo le ahorro pero callo y me acomodo a este origen conservador de aspiraciones aristócratas. La semilla revolucionaria no echa raíces en la casa paterna.

Sobre fútbol

29 jun

Recomiendo esta entrevista en El País de Madrid al preparador físico de la selección argentina, Fernando Signorini; y algunos párrafos:

(Antes) Se lesionaban menos porque entrenaban menos. ¿Por qué antiguamente no había tantos lesionados? La pubalgia es una enfermedad nueva que ha llenado de dinero a los traumatólogos. Es la locura del entrenamiento. ¿Por qué hay que entrenar? Hay que entrenar desde la racionalidad. Cada vez corren más en la montaña y en el mar con el agua hasta las rodillas. Un día va a aparecer un tiburón y se va a comer a alguno.

Somos un continente en permanente lucha por una sociedad más justa y me gusta incentivar a los jugadores para que no piensen que el fútbol es lo único que tienen en la vida. Porque si es así van a ser muy pobres por más que tengan mucho dinero. Dante Panzieri decía que antes la formación de los chicos estaba a cargo de maestros que tenían muchas verdades y poca cultura. Después los maestros fueron reemplazados por los preparadores físicos, mucho más ricos en cuanto a la dialéctica pero ignorantes de toda verdad en cuanto al juego.

(El fútbol) Es un misterio. ¿Cuándo se va a dilucidar? No lo sé. Por ahora es un misterio. ¿Por qué salen tantos talentos naturales debajo de cuatro chapas y cuatro cartones? Primero no los ayuda nadie. Y cuando trascienden todo el mundo les exige: que hablen bien, que no se coman las eses, que sean políticamente correctos, que no hablen en contra del dogma ni religioso, ni social, ni político, y sobre todo, que no hagan trastabillar el privilegio de los privilegiados del sistema. Es todo un asco. Y de eso me gusta hablar con los jugadores. Porque ellos son un símbolo para muchos millones de chicos desprovistos de información que no creen en la clase política. ¿Por qué no van a creer en estos nuevos profetas que no tienen una cruz ni un libro sagrado pero tienen una pelota? Si la pelota sirve para abrir la mente de los chicos y que sepan las verdades desde el principio, bienvenidos sean.

La vida interior de la selección bulle como una colmena. No por el orden sino por la dinámica. No somos Suiza. Entonces hasta el último día no supimos ni en qué avión volaríamos a Suráfrica, ni qué día, ni a qué hora. Pero una cosa era segura: volaríamos.



Estuve en la marcha

7 mar

marcha-en-bogota-en-argentinaindymediaorg.jpg  La de ayer 6 de marzo, sí.

Y me sentí triste, porque no fue como en la foto.

Había pensado asistir en la mañana solamente. Me pasé por la plaza San Martín y había unos pocos colombianos, los organizadores. Aquellos que como yo, piensan que no hay que medir con distinta vara a las víctimas de la violencia según venga de guerrillas o de paramilitares y agente cómplices del Estado. Y que además hay que denunciar la flagrante facilidad con la que NO aparecen ante el gran público, no solo los desaparecidos y los desplazados, sino además las atrocidades y los atropellos del indecente proceso de negociación de penas que está llevando a cabo el gobierno con los paramilitares confesos. Que no son todos ni se han acabado como lo anunció con gran bombo el presidente Uribe ante las Naciones Unidas.

El acto fuerte era a las cinco en el Obelisco, me dijeron. Así que después de charlar unos momentos, decidí hacer algunas cosas y regresar a esa hora.

Quería estar, caminar por todas las víctimas, por los que sufren el fuego cruzado, por Fanny y los otros 3 millones de desplazados, por los desaparecidos, por los secuestrados y no solo los canjeables. En fin, ‘hacer bulto’ para que vean y escuchen que Colombia no solo es un gobierno de derecha alineado al gran ‘coco’ mundial, sino que es, sobre todo, escenario de una inmensa tragedia humanitaria, causada por múltiples fuerzas legales e ilegales.

A las cinco, mientras me acercaba por la 9 de julio, comencé a ver banderas argentinas y rojas y negras, ninguna colombiana. Por un momento pensé que no era la manifestación correcta. Quizás no había habido coordinación. Pero cuando llegué a los pies del Obelisco pude por fin ver algunas pancartas, fotos y leyendas que indicaban que era la marcha correcta.

Todavía no empezaba nada. Había prensa, fotógrafos por todos lados y móviles de televisión. La lluvia empapó a más de uno pero nadie se fue, todos esperábamos. Saludé a los que conocí en la mañana y vi unas cuantas caras conocidas más.

Evidentemente había habido un llamado entre asambleas, movimientos sociales y partidos de izquierda porque lo que más se veía eran este tipo de organizaciones movilizadas con banderas y pancartas identificatorias, gritando consignas contra Uribe.

Todavía los colombianos sin partido ni rótulo éramos los menos. Pero todos teníamos derecho a solidarizarnos, a estar ahí.

Cuando la lluvia paró, comenzaron a llenarse las veredas, en la 9 de julio empezó a cortarse el tráfico, las pancartas y las banderas se multiplicaron, aunque debo decir que las colombianas seguían siendo bastante pocas.

En las consignas nadie mencionaba a las víctimas. Los acarreados eran obvios. Un periodista colombiano que estaba por allí me dijo que había preguntando entre las personas que conformaban los distintos grupos y los que portaban banderas y pancartas. Casi nadie sabía qué hacía allí. Pregúntele a él, es el que sabe, respondían.

Mientras los punteros ordenaban a la gente cortando la 9 de Julio, embebidos en su propia lógica e indiferentes a la organización del meollo del acto, comenzaron los discursos.

Los representantes del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado - MOVICE - expusieron los motivos de la marcha. Otro grupo de colombianos agrupados para solidarizarse con las víctimas también leyó su mensaje. Comisiones de verdad, justicia y derechos humanos manifestaron su solidaridad también.

Y también hablaron los partidos. Los discursos habían virado ya hacia el ataque a la política estadounidense en el mundo. Se mencionaron a Gaza, Afganistán, Irak, Israel. Todavía no se había mencionado a ninguno de aquellos cuyas fotografías en blanco y negro aparecían en las pancartas. Nuestros muertos y desaparecidos.

La frutilla del postre fue cuando el que representaba al Partido Socialista comenzó con una reivindicación del “compañero” Raúl Reyes y a hablar de solidaridad con los “compañeros” de las FARC.

Fue indignante! Y ahí claramente se vieron las pocas voces que realmente estábamos allí para marchar por las víctimas.

Muy pocos comenzamos a decir No, No. Las dos chicas -parte de los bien intencionados organizadores- que estában con banderas colombianas y pancartas a espaldas del orador, dieron la espalda y gritaban No a las FARC! No a la guerra! Por las víctimas!

Era por las víctimas y lo estaban convirtiendo en otra cosa.

El asunto me dio un poco de miedo cuando en ese mismo momento tres hombres con pinta de patoteros alquilados se acercaron a ellas y les gritaban casi en la cara y con las manos en los bolsillos una consigna que decía algo así como Uribe paraco asesino, peón del imperio, pero en rima.

Sí. Miedo, la verdad. Y mucha tristeza.

Uno de los colombianos tomó la palabra y trató de encausar el evento. Después leyeron la historia de algunas víctimas y vocearon algunas consignas, pero la mayoría de los miles de congregados no estaban allí por eso y no escuchaban.

La marcha comenzó por la calle Carlos Pellegrini hacia la Embajada de Colombia. Hace rato estaban ya alineados los movimientos piqueteros, las Asambleas barriales, el Partido Comunista, el Partido Obrero y otros muchos grupos que no pude identificar. Hasta una chica hipermaquillada que no pasaba de los 18 años, con pantalón camuflado y boina a lo ‘Che’ encabezaba un grupo que llevaba la bandera colombiana con un escudo de las FARC y que llamativamente iba acompañaba de muchas señoras mayores con fotos de Raúl Reyes y letreros que decían Uribe narco asesino.

En fin, en ese momento decidí irme. No era mi marcha, no estaba allí por eso. Mi motivo lo expresó ayer Susana López, familiar de una víctima del paramilitarismo, en la marcha en Bogotá:

“Duelen los secuestrados de las Farc, pero también duelen nuestros familiares, sepultados en fosas y en el olvido”.

Ausencias

1 mar

germano4.jpggermano3.jpgGustavo, Guillerno, Diego y Eduardo Germano.

Hace varios meses que no pasaba por el Centro Cultural Recoleta, un lugar de buenos recuerdos y de antiguas aventuras fotográficas.

Hoy regresé para ver la exposición Ausencias de Gustavo Germano.14 pares de fotos de personas desaparecidas durante la dictadura de 1976 a 1983. 30 años de Ausencia.

Me enteré de este trabajo y de la exposición por los blogs de Papipo y del Aguilucho. Ver algunas de esas imágenes en su página de internet y también el video sobre la producción de las fotos, había sido un golpe en el estómago. Sin embargo, esta vez fue una invasión de sensaciones que me recorrieron todita. El nudo en la garganta apareció desde la primera foto.

La tarde de un viernes con ‘amagues’ de lluvia había sido una buena opción para recorrer tranquilamente los pasillos del Centro Cultural, caminar entre los primeros puestos artesanales de la plaza y quizás tomar un café mirando la desprevenida tranquilidad de los turistas.

germano6.jpggermano7.jpgEn la primera foto Orlando René Mendez, Leticia Margarita Oliva con su hija Laura. En la segunda, Laura Méndez Oliva.

Después de las primeras fotos, vi el video de nuevo. Los surcos, las arrugas, las miradas, cargadas y vacías al mismo tiempo de quienes viven la ausencia, me dejaron sin aire. Mientras escuchaba Desaparecidos de Rubén Blades, de pronto me sentí usurpadora del dolor de otros.

Mis pérdidas no han sido ni cerca algo parecido, ni siquiera la dictadura fue un proceso que me haya tocado personalmente. Y sin embargo algo en esas miradas cansadas y resignadas se me contagió.

El señor que vigilaba la muestra me ofreció una silla para que mirara el video y de nuevo me sentí ladrona de algo que no me pertenecía. Era como si estuviera entrando en una intimidad a la que no tenía derecho y sin embargo, allí estaba para que la observara cuanto quisiera. No pude evitar las lágrimas. Pero ¿por qué? si no conocía a ninguno de ellos, ni siquiera viví la paranoia de que me pudiera ocurrir o a alguien cercano. De hecho, si hubieramos vivido aquí para la época, lo más seguro hubiera sido que mi familia se hubiera plegado al algo habrán hecho, dentro de la comodidad de esa clase media pro – autoritaria.

Cuándo salí del Centro me sentí hostil. Me insultó la despreocupada y feliz indiferencia de las chicas vestidas a la moda con bolsas de compras; vi con desagrado al elegante señor que sentado en una terraza muy “cool” daba instrucciones de negocios por su celular; y todos y todo el entorno se me antojaron parte de una misma pantomima.

germano1.jpggermano2.jpgOmar Darío Amestoy, acribillado junto a su familia. Su hermano Mario.

Cuando me senté en un locutorio para “vomitar” todo esto que me estaba rebasando, se sentaron a mi lado dos gringuitas, una a cada lado, y comenzaron a leerse mensajes por encima de mi cabeza. No entendía un carajo, pero en mi estado, hubiera puesto mis manos al fuego jurando que era una sarta de chismes tontos e intrascendentes. Me paré, pagué y odié al señor del locutorio por cobrarme tres veces la tarifa normal.

Evidentemente no estaba para amargarle la vida a nadie, así que cancelé todo lo que había pensado hacer y caminé y caminé. Y durante esas dos horas y medias de recorrer la ciudad me di cuenta que además sentía una soledad sin fondo. La soledad de tener que usar este medio para desahogar mis sensaciones porque lo que sentí es incomprensible, aún para mí. Y nadie quiere vivir o revivir solidariamente el dolor, aunque le sea ajeno.

germano5.jpgDe este grupo desaparecieron Victorio José Ramón Erbetta y Elsa Raquel Díaz.

P.D.1 La exposición estára en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires hasta el 28 de marzo.

P.D.2 Las fotos fueron tomadas del blog Fototeca de Cecilia Profético.

Tarde de perros o la guerra de los sexos

5 feb

teo.jpgDe regreso con todo! En estas tarde de perros…

(advierto a los lectores que quienes sean especialmente alérgicos a excesos feministas, quizás vayan a sentirse un tanto irritados…

…soldado avisado…)

Resulta que ese heterogéneo grupo del que hago parte, el Club del Can, se reunió para pasar una plácida tarde citadina de verano. Algunos ya llegaron de sus vacaciones y exhiben un lindo dorado san clementino (of Tuyú, por supuesto) otros aún muy pálidos, esperan todavía su temporada geselliana… o simplemente de ocio.

No hubo asado. La mayoría llegamos muy tarde para toda la previa. Así que las botellas de vino acompañaron unos tranquilos sandwiches de milanesa y varias pizzas ugi’s – algunos se resistieron a tan populachera compra gatronómica y seguro nunca confesarán que las saborearon con gran placer-. Pero la verdad, para el precio, ¡¡fueron una delicatessen!!

Lo mejor llegó, por supuesto, ya entonados con los grados que nos proporcionó la bebida espirituosa. Bajo una carpa o gazebo como llaman aquí, y alrededor de una mesa con todas las mascotas alrededor, comenzó una ronda de lo que parece ser una de las tradiciones más arraigadas en cualquier reunión ociosa argentina, jugar al “truco”.

En este vivaracho juego de naipes de origen español, según me han dicho hay que tener malicia y saber mentir, tanto que el contrincante sabe que lo están tratando de engañar y aún así cae, o no. Justamente en eso reside su gracia.

Y parece que en eso las mujeres llevamos ventaja. Al menos eso concluyo, dada la aplastante seguidilla de triunfos femeninos de la serie, que comenzó ya hace algunas semanas.

Con cartas españolas que parecían especialmente adaptadas a este club de beodossalud-por-el-truco.jpg, el asunto, desde la primera oportunidad, se planteó como una confrontación de hombres contra mujeres; o huevos contra género, como se llenaron la boca algunos (hombres, por supuesto) en el grupo.

Yyy… hasta ahora los huevos no han podido reivindicar su popular fama. De hecho, los huevos no han dado pie con bola.

La verdad es que el género a veces la tiene fácil para desnudar de manera cruda la farsa aquella “de que hay que tener huevos…” frente a aquellos que lo argumentan – obviamente hombres – como una muy gráfica parábola de valentía o bravura. Clarísimo ha quedado en este pequeño pero representativo grupo humano.

Los que cargan con esas dos sobrevaloradas piezas anatómicas no solo han demostrado una y otra vez su papel de machos un tanto desteñidos, pues la mayoría confiesa - contra su voluntad, debo decir - la prevalencia de la voluntad femenina en lo fundamental y cotidiano de sus vidas, sino que además este domingo asistieron impotentes – y no es una indirecta – a la triunfal y bulliciosa manifestación femenina al grito de génerooooo géneroooo…

Y no es para menos. Con argumentos como:

Nooo, no se preocupen, yo ya lo conozco, éste gasta toda la munición en la primera, pero después no sale con nada…

Las chicas hemos puesto al descubierto la real dimensión de lo que es eso de tener huevos y de paso hemos arrasado con ellos cuatro veces en… cuatro partidas de truco!!

Yo juego desde la platea, por supuesto. Con mis cinco años a orillas del Río de la Plata, aún no alcanzo a traspirar tan intimamente la camiseta de la argentinidad. Pero mi solidaridad es universal. ¡¡La lucha de una es la justificación de todas!!

Al final la cara colorada del precoz aludido y las desoladas expresiones masculinas no pudieron remontar la innegable superioridad de la dictadura del ovario, como alguna vez escuché que nos etiquetaba algún hombrecillo… seguro con muchos huevos.

Así que en una brillante y educativa tarde de sol, relajo y argentinidad, los gritos futboleros al son de huevoooo huevoooo, sucumbieron al ritmo de pluma pluma gay, pluma pluma gay… o para ser más constructivas: ¡Las mujeres arriba!

De toros, saben las vacas

1 feb
torero-antonio-bricio-y-toro-madrilisto-foto-efe.jpgEn tierra de vacas, hablar del toro es raro.
Quiero decir, referirnos a él y solo él como protagonista.
Por deducción y simple observación, en la Argentina – y que me disculpen los ganaderos que de eso deben saber – supongo que además de comérnoslo sin notar la diferencia con la vaca – o sea, nos meten toro por vaca – solo debe ser útil además como semental.
Por aquel asunto de preñar a las vacas para que éstas se encarguen de la tarea más dura.
O sea, tener terneritos, dar leche que después se convierta en yogurt que haga que nuestra digestión no sea de tránsito lento como la publicidad llama ahora al estreñimiento, algún queso blanco para el desayuno, el dulce de leche de los alfajores Capitan del Espacio – ¡los mejores de los mejores! – o el riquísimo postre de natas sabanero. Y después, para que en todo caso, también termine, la pobre vaca, convertida en asado, en peceto o en un buen choripán – que en mi modesto criterio, es ¡el mejor invento argentino! -.
Pero en otras latitudes, el toro sí que es cosa seria, mejor dicho animal serio. Porque son bravos. O eso dicen los que por estas épocas andan de sombrero cordobés (de Córdoba, España) asistiendo a ese espectáculo bárbaro que es la temporada taurina.
Nunca como ahora que vivo rodeada de tanos latinoamericanizados, me doy cuenta cuánta vieja tradición española conservamos aún, por allá más al norte.
Quizás la llamada fiesta brava sea la más primitiva de todas y la más cruel. Y el toro es su triste e involuntario protagonista.
A propósito encontré en el blog /revista digital EquinoXio un genial pero terrible artículo llamado “Nueva masacre en Bogotá”:

En la plaza de toros de Santamaría ha ocurrido esta tarde un nuevo asesinato múltiple en presencia de un nutrido grupo de espectadores, quienes al parecer estarían encubriendo los sangrientos hechos protagonizados estos por unos hombrecitos ridículamente vestidos, de quienes se sospecha son en realidad autómatas que funcionan con pilas doble A, a juzgar por el bultico que se observa en su ceñido pantalón.

La trágica noticia ha sido transmitida en vivo y en directo por RCN y Caracol, empresas que junto con la ETB, increíblemente patrocinaban el evento al que las víctimas, seis inocentes toros, habrían sido llevadas con engaños.
Al cierre de esta edición las autoridades habían identificado plenamente a los asesinos como Pepe Manrique, Sebastián Vargas y Paco Perlaza, quienes huyeron de la plaza por la puerta grande, con la complicidad de varias bandas de agitadores profesionales, denominadas peñas taurinas y muchos curiosos de marca menor.

Como dato curioso, la plaza de Santamaría está cumpliendo 77 años de actividad, número de suerte que sería muy propicio para que sus puertas se cerraran para siempre.

Si no fuera porque este sádico y sangriento espectáculo proviene de la civilizada España, seguro nos lo endilgarían como típico de país bananero y subdesarrollado.

El toro es un herbívoro pacífico, que en su hábitat natural vive en manada y ante el peligro reacciona como otros grandes mamíferos, huyendo.

Dicen los que saben, que quienes crían toros de lidia los manipulan para hacerlos más pesados y lentos de reflejos. Tratan de buscar que el animal, ante una situación de peligro reaccione atacando y no piense en huir; en eso reside la “nobleza del toro”.

Un toro que rehuye la pelea es un toro manso e inteligente y en general se gana el desprecio de esa otra manada que lo observa desde las tribunas de esos coliseos romanos modernos.

Parece ser que la corrida en sí es toda una puesta en escena para engañar una y otra vez al pobre animal. Algunos datos nada más:

Aislado de la manada se asusta y ataca. Así lo hace cuando sale a la arena. Pero el torero, y su capa desafiante, huye en el momento justo. El toro se desconcierta. Ante la sinuosa capa, vuelve a arremeter; el torero se queda muy quieto, pues sabe que el toro responde al movimiento y no a la figura quieta.

Después, en otro momento, los banderilleros saben que su visión cercana es mala y que, al contrario, ve bien de lejos. Así que a la distancia, simulan unos cuernos con las banderillas y luego cuando el toro corre y está cerca justo para el choque, aprovechan los ángulos muertos de su visión y la poca movilidad lateral que tiene, para clavar las banderillas, que los van desangrando.

Y cuando el “matador” se quiere lucir con la estocada final, la verdad es que el toro ya está débil y aunque corre el riesgo de calcular mal los ángulos muertos de su visión para hundir la espada y recibir una merecidísima corneada del animal herido, parece que la mayoría de los toros sufren de lo que llaman el síndrome de claudicación: con tal de no seguir sufriendo, se dejan matar.

En las famosas pamplonadas, a los toros se les inflingen descargas eléctricas y golpes para que salgan corriendo en estampida.

En total, en España mueren alrededor de 40 mil toros al año víctimas de estas prácticas.

En España, el estado gasta en subsidios para el sector taurino 550 millones de euros anuales. De acuerdo a la Fundación Altarriba cada familia española aporta 47 euros para sostener esta actividad.

¿Cómo puede alguien ganarse la vida con un oficio tan cobarde, inútil y salvaje? ¿Cómo puede tanta gente reunirse para celebrar y gozar ante semejante espectáculo? ¿Cómo pueden creer que con esa muerte, el toro lo hace con dignidad? ¿Cómo gente culta a la que podría admirar, se regodean en su sapiencia sobre esta práctica a la que incluso llama arte?

Aunque en Uurguay, Chile, Paraguay y en Argentina desde 1899,  su práctica es ilegal, en pleno siglo XXI todavía México, Colombia, Perú, Venezuela y Ecuador mantienen este “arte” perverso heredado de la “madre patria”, como evento cultural y social.

20 siglos después, sigue funcionando el coliseo romano en su versión moderna y elitista. La prepotencia y la crueldad humana aplicada ante la indefensión.

toro-toreador.gif¡¡La madre que nos parió!!.

El fantasma de la calle Corrientes

23 ene

el-grito-de-homero-munch.jpg Ahhh, la noche de Buenos Aires! Ese lugar común es uno de los pocos que no rehuyo repetir cada vez que me preguntan por lo que me gusta de esta ciudad.

Así que una noche más me dispuse a disfrutarla. Esta vez a través de una de sus más típicas postales, los musicales estilo broadway de la calle Corrientes. No estaba en mis planes, pero ante una invitación gratis cómo negarme – ¿quien resiste hacerse el VIP en la sexta fila, aunque después termine caminando cinco cuadras a la 1:00 de la mañana para tomar el colectivo a casa? -.

En fin, que me dije, no está mal alivianar los fardos mentales de este enero que apenas ha recorrido su primera mitad.

Y ahí me ví, a las 8:50 p.m. después de haber pagado la gaseosa más cara de la ciudad, haciendo fila entre señoras perfumadas con perlitas en el cuello y bolso colgado del antebrazo justo a la altura del codo; chicas y chicos muy chic que lucían jeans de marca, blusas delicadas, camisas de cocodrilito en pecho y chanclas plásticas de estar en casa, aquí llamadas ojotas (nunca he podido entender en qué reside lo chic de esa mezcla cosmopolita y doméstica tan rara) y algunos extranjeros ansiosos por vivir el Buenos Aires que les vendieron en las agencias turísticas.

La obra, el fantasma de Canterville, una comedia musical de una dupla consagrada de la calle Corrientes, Pepe Cibrián y su co – equipero desde hace 25 años, Angel Mahler. Por supuesto, basado en el cuento de Oscar Wilde.

Entramos, esperamos a que la acomodadora nos llevara a nuestros asientos (que trabajo inútil es ese de acomodar) y esperamos de nuevo. Puntualmente, a las 9 de la noche, bajaron las luces y salió Pepito - como supe que le dicen sus fans -.

Para mi sorpresa comenzó a cantar. Tal y cómo iba trajeado – vestido color mostaza, saco abierto como si hubiera caminado toda la tarde por el microcentro – y despeinado, creí que iba a improvisar algún pequeño discurso previo. Pero no, resulta que era el mismísimo y aristocrático Marqués de Canterville. Parece que Pepito hace mucho que no actuaba, así que para sus seguidores era todo un acontecimiento.

Confieso que no esperaba mucho. Los musicales no son lo mío y honestamente solo quería divertirme.

Y a lo largo de la función me divertí. Con los bufidos de entusiasmo de los gringos que, detrás mío, parecían disfrutar su propia ridiculización en el escenario. Con los caricaturescos vestuarios de la familia americana. Con las contorsiones del fantasma tratando de demostrar lo golpeado que se sentía con las palabras edulcoradas y cada tanto desafinadas de su querida Virginia. Quizás fueron resultado de las plataformas que debió soportar toda la obra para no quedar más bajito que su heroina romántica.

Aunque también me aburrí y casi dormí con las larguísimas canciones que pretendieron tocar la fibra sensible de los espectadores y que, quienes pensamos que casi tres horas son demasiado, hubiéramos agradecido no ver. Me aburrí con las coreografías disparejas de actores que no eran bailarines. Me aburrí con el incoherente guión que comenzó tratando de ser una crítica jugada al imperio y que terminó como una historia de amor rosa que no existe en el cuento original. Me aburrí con la actriz principal que pretendió encarnar una especie de Winona Ryder en Drácula de F. Ford Coppola y terminó siendo una muñequita barbie sin ángel. Me aburrí de la falta de magnetismo y carisma de un fantasma que, si no fuera porque el guión así lo dice, no se entiende como convenció a su Virginia a vivir para siempre como fantasma, o sea muerta.

Y por momentos me fastidié. Me fastidié del estridente sonido que a veces me hacía olvidar que era un musical y que no podía esperar un descanso. Y sobre todo, me fastidié de la muy libre versión del cuento de Wilde, a quien además no le dan el crédito en el programa hiper – comercializado que reparten. En esta versión, el fantasma pierde su carácter patético que añora sus mejores épocas siniestras, que encuentra en un corazón generoso el descanso para su alma, y se convierte en un remedo de galán etéreo. La historia pierde el sentido del contraste de dos mundos y los polariza entre la ridiculización de uno y la idealización del otro. Y al final, el final es otro.

Puuuuuuufffffff……. En fin, que si hacemos a un lado estas “minucias”, podría decirse que en todo caso me divertí.

La calle Corrientes no siempre está a la altura de la noche que esperamos, pero siempre queda gozar el alegre bullicio calle-corrientes-de-crisfer-en-flickr-photos-crissfer.jpg que se encuentra al salir, las librerías de segundalibrero-en-calle-corrientes tomada del blog de negra y criminal.jpg, las gigantografías con Moria Casán moria-casan.jpg y una buena pizza en Güerrín.guerrin-pizza-especial-jamon-morrones.jpg

La noche y Chucho Valdés!!

18 dic

chucho-valdes-en-buenos-aires-dic-07.jpgEl sábado de manera casual me enteré del Festival Telecom 2007 – Arte contemporáneo en Vivo -. En realidad me enteré que Chucho Valdés se presentaba esa noche en el Auditorio Buenos Aires en el marco de ese Festival, que resultó de jazz y funk.

Desde mediados de mayo, cuando no pude verlo en el 6º Buenos Aires Jazz, había quedado frustrada. Pero en camino largo hay revancha, dicen. Y para eso, esta ciudad es especialmente propicia.

Comprimí mi sábado entero en unas pocas horas y arranqué con la ilusión de que la improvisación no se convirtiera en fuente de una nueva frustración.

La noche estaba fresca pero era brillante y la verdad se me antojaba casi mágica. Subimos corriendo la escalera que nos dirigía hacia la música. Rodeada de luces, de gente que subía y bajaba, con el viento que desordenaba mi cabello y la risa inevitable como cuando nos despachábamos con alguna picardía de niños, me sentía vital y chispeante.

Al llegar a la terraza nos topamos con el origen de la música, un alegre cuarteto que tenía bailando a todos a su alrededor. Cuatro Vientos nos recibió con una música efervescente. No los conocía, fue un inicio ad hoc, perfecto!

Llegamos sobre la hora y por poco mi temor casi casi fue premonitorio. Aunque era gratuito ya no había cupo. Pero las chispas estaban en el aire y el encanto de la noche hizo efecto. Así que triquiñuela de por medio, en cinco minutos tuvimos a Chucho Valdés a tres metros!

Ese hombre gigante en todo el sentido de la palabra ya estaba frente a su piano haciendo magia. Sonrisa eterna, vestido de blanco y con su gorra hacia atrás, tenía esa pinta típica de cubano con ese no se qué caribeño, que te hace imaginar el rumor del viento entre las palmeras y el olor a sal en una noche tibia.

Con su cuarteto, y con esos otros músicos de los que no escuché el nombre pero que dejaron el recuerdo de la gracia y la habilidad al servicio de la felicidad, ofreció un sesión musical que, para mí, fue el súmmum de deliciosas nostalgias.

Chucho ya era suficiente. Sin embargo después vendría un genial solo de batería, pero sobre todo ese soberbio despliegue con los bongós de un personaje delirante, que acompañó magistralmente con sus propios mofletes el ritmo afrocubano. Ahhh, y ese contrapunto entre desafiante y pícaro con el maestro. Poco más o menos, una pieza de buen humor cubanísimo.

Y cuando ya no esperaba más que seguir disfrutando, un regalo extra, Mayra Caridad Valdés, su hermana. Un portento de mujer, con un histrionismo y una voz que hizo que los que faltaban, se contagiaran y corearan estribillos al ritmo de su voz.

Después de no se cuánto tiempo que, en cualquier caso, hubiera sido poco, terminó. Pero cuando salimos, el viento que cada vez refrescaba más, no pudo enfriar una noche candente y feliz. Haber escuchado y bailado en vivo, casi tocando al fundador de mi recordado Irakere era un deuda pendiente. Una deuda con mi pasado y hoy, un regalo a mi presente.

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P.D. Leí aquí que Irakere se reunirá el próximo año para celebrar su 35º aniversario con una gira!

Errores menores y metidas de pata

12 dic

por AguijarroAnoche fue una noche difícil. No dura especialmente, pero sí una de esas en las que surgen esos momentos de balance preguntón. ¿Cuántos errores cometidos han determinado mi vida? ¿Mi vida ha torcido su camino por algún error nervudo? ¿De esos que siguen dejando restos entre los dientes?

Hay desaciertos, hay torpezas y hay disparates. Últimamente y como siempre, he cometido algunos. Me he equivocado con una palabra de más, con un juicio sobre algo, la torpeza ha hecho que me tropiece con pequeñas piedras y termine magullada y además, hice desaparecer del computador el trabajo de toda una tarde.

Pero diciembre, mes de recuentos y recuerdos, vino en auxilio de mi autoestima dolorida. Al menos para demostrarme que hubo embarradas peores. Porque hoy es 12 de diciembre…

Y mi achicharrado cerebro revoloteó hacia otro 12 de diciembre. … hace 10 años ya! Ese 12 de diciembre cuando comenzó todo …

Bogotá, 9 de la mañana. Ya no recuerdo si era lindo día. Con la suerte que se desató para mí a partir de entonces, seguro hacía sol en ese ciudad eternamente lluviosa. Dicen que la lluvia, en los días que deben ser especiales, es de buena suerte.

Me levanté muy nerviosa y ya agotada mentalmente. 15 días de tratar de mantener en equilibrio las bases de un castillo de naipes que igual se calló después, eran demasiado. Aguardientes dobles con cara de triple, como los pedía la gaviota, para soportar miradas inquisitivas y desconfiadas y algunos whiskies para sobrellevar dos viajes en avión en una misma semana. Ya el día no había comenzado como debía.

Sin siquiera un café y corriendo, salí hacia la pequeña tienda en la que tres días antes había dejado para ajustes de última hora – todo por esos días fue a última hora – un vestido sobrio, medio señoritero pero lindo, que dejó a todos contentos. Aún lo conservo y no se por qué no puedo deshacerme de él.

La diseñadora llegó tarde, así que cuando salí de allí con el vestido en la mano y con el arreglo como no era pero sin tiempo para corregirlo, ya eran las 11 de la mañana. Tomé un taxi y me fui al Centro Comercial en el que había pensado que podía encontrar una oferta aceptable de zapatos que le hicieran juego. El tiempo, o más bien la falta de él, decidió la elección de ese delicado modelo señorero y muy conservador que tuve que comprar. Mi “permisiva” concesión fue el largo de la falda y las medias de liguero. Una picardía que no se si disfruté y apreciaron, me parece que fue olvidable, ya no lo recuerdo.

Con un bolsa de traje y una caja de zapatos, otro taxi. Otra improvisación. Sentada frente al espejo y de espalda a una mirada zalamera pero dispuesta a hacer lo que le diera la gana con mi cabello, pedí mi último deseo con mirada suplicante antes de abandonarme:

- Algo sencillo, ni moños ni cabello recogido, el pelo suelto y con forma nada más…. ahhh, y rápido por favor, me caso a las 5.

Error groooooso.

- Hay no querida!!, tienes que estar divina. Ya verás como te vamos a dejar…

Me abandoné. Estaba cansada. Dos horas después y sin haber querido mirarme antes, arriesgué un atisbo al espejo. El personaje que me miraba tenía los ojos asombrados y a punto de llorar, ¿Sería probable que, bajo las pestañas postizas, los kilos de sombra y base y el cabello tieso, alguna vez volviera a ser yo? Creo que en ese momento comencé con la pesadilla de zafarme de tanta cubierta.

Otro taxi en una carrera aún más veloz, y queriendo que mi cabeza y toda mi historia se convirtiera en la de The Residents, un misterio que canta Living in vain.eyehat.jpg

Llegué directo al baño a tratar de arrancarme las pestañas. Sonó entonces el teléfono y me llegaron los ecos de las típicas peleas de mis padres:

- Su mamá… no se donde está… ya sabe cómo es ella. Sí, llegamos hace un rato y ya se fue, está con su tía.

- Ay, mami… es que ehh ave maría, su papá está con muy mal genio, nada le parece bien… y yo que no conozco esta ciudad, estaba buscando una peluquería.

- Está bien, nosotros llegamos derecho, nos encontramos allá.

Colgué y seguí con mi tarea desesperada de parecer yo. Aceleré, desenredé, cepillé, arranqué, corrí y volé tirando todo a mi paso. El caos del baño y de mi cuarto reflejaron mi día. Solo puse el freno cuando disfruté la sensación de la seda en mis piernas mientras estiraba las medias suavecito hacia arriba. Fue mi único placer concedido, la única pausa de lo que debió haber sido la jornada con la que sueñan las niñas. Además no fuera a ser que le ensartara una uña y terminara con pantimedias 50% lycra.

El último taxi. Milagrosamente llegué a las cinco en punto. En la notaría – ¿Podía haber sido más prosaico? – ya estaba mi real metida de pata y su familia. Enojado porque debí haber estado con tiempo de antelación.

Y luego la espera… 10 minutos, 15, media hora. El notario, al fin burócrata de la fe pública, sin mucho romanticismo decidió que no podíamos esperar más a mi familia. 45 minutos después y con un novio indignado y furioso, comenzó el acto. Cuando estábamos ya sentados frente al costeño con tirantes y pajarita, entraron mi mamá con la cara roja, mi papá con el ceño fruncido y una corte fúnebre detrás.

Suspiro y de frente. Comenzó la lectura de ese contrato que finalmente era lo que ibamos a firmar. Y casi desde el principio el remate de un día muy bizarro: La carcajada reprimida por el asunto ese de si nos declarábamos no enajenados mentales para asumir conscientemente las obligaciones estas del matrimonio, los anillos que se cayeron y casi no encontramos y el sollozo sorpresivo y muy ruidoso de mi papá.

En fin… creo que comienzo a sentirme mejor hoy, ¿qué puede significar un archivo menos en el ciberespacio y una palabra de más en este 12 de diciembre? Si estoy a 4.664 kilómetros de distancia y a 10 años del comienzo de la mayor embarrada de mi vida.fondo_vaca_lengua-en-blogblendnet.jpg

Telerman y su gestión atípica

8 dic

El parque Centenario - dic de 2007Anoche por fin pude acostarme a dormir relativamente temprano. Y así, feliz de haber dormido casi 8 horas, me levanté con mucha ganas de pasar una soleada mañana leyendo el diario, caminando, lanzándole la pelota a mi perra, correteando a mi perro y saludando a todos los buenos vecinos y amigos que me cruzo siempre que voy al parque.

Me preparé, salí y de paso por el kiosko, compré La Nación. Tenía ganas de dedicarme un poco a leer adnCultura.

Llegué al parque Centenario. Como siempre, tuve que rodear el vallado provisional que pusieron hace casi dos años para arreglar la zona frente al Hospital Naval. El lugar todavía no pinta para cuándo estará listo. Está lleno de montones de tierra, maleza crecida, basura tirada, un canil nuevo pero inutil en verano, pues es de cemento y no tiene un solo centímetro en donde de sombra y otro… podría decir… nenil – un canil pero para nenes -.

La zona, como otras de la plaza, está todavía cerrada, pero igual los vecinos abren la alambrada y entran. Al principio los trabajadores cerraban y echaban a la gente porque estos sectores todavía no estaban habilitados. Se cansaron, parece. Más se demoraban en dar la espalda que en que viniera alguno y abriera de nuevo.

Hoy, la gente cansada de esperar que terminen las obras, comen, pasean, caminan y retozan encima de la basura sin recoger, de las botellas de vino y cerveza rotas que en algunos lugares pareciera que no tiran, sino que distribuyen para tapizar las veredas, de la caca animal que los dueños no levantan e incluso de algunas inmundicias humanas indescriptibles.

Es que no hay espacio y el lugar donde está el lago, la parte central del parque, está enrejado y no se permiten perros, ni andar en bici, ni hacer deporte, ni, ni, ni… Parece que el pequeño muelle frente al lago, los patitos, los altísimos árboles y su entorno tienen un destino bucólico, o sea es un espacio ecológico y para la contemplación.

Desde mi obligada marginación detrás de las rejas, lo que contemplo son señoras de 7o años en corpiño tomando mate (y tirando la yerba en el pasto), algunas más jóvenes hay que decirlo, físicoculturistas o aspirantes a serlo en zunga, niños torturando patos, grupos de reiki, seiki, haiku, bingu, tae ki, feng shui…y todas esas prácticas orientales con espadas, listones, palos y abanicos que nunca he podido entender. Y de fondo, una gigantesca montaña de tierra que, según dicen porque todavía ni sombra, será un anfiteatro al aire libre para eventos culturales. Y eso que fue lo primero que comenzaron a hacer en mayo de 2005.

Y con un suspiro resignado me siento a la sombra de un árbol a leer. A todas estas, ya le tiré la pelota a mi perra que no quiere jugar porque el calor la tiene con la lengua afuera (nunca más cierto) y el tierrero que se extiende por todos lados la pone a estornudar, y mi perro que ya buceó en un montón de arena por el calor, me mira feliz como invitándome a seguirlo. Mmm… debe ser refrescante… A falta de bebederos que sirvan…

Abro el diario, leo algunas cosas y llego a ese gran titular que parece que bailara ante mis ojos burlándose

Telerman deja en las plazas renovadas la marca saliente de una gestión atípica

 

aahhhh????!!!! Miro a mi alrededor… quizás esté alucinando.

Vuelvo a la nota. Las primeras líneas me dejan todavía más lela:

Probablemente la ciudad recuerde a Jorge Telerman como el jefe de gobierno que embelleció muchas plazas y parques porteños. Desde esa óptica, habrá sido Telerman – como siempre pretendió – el “intendente” preocupado por las cuestiones estrictamente locales que impactan en la calidad de vida cotidiana de los vecinos.

Leo el artículo completo. Es un balance tendenciosamente benigno de una gestión corta con traspiés que la periodista justifica al final:

“...hay que ser justos: en muy poco tiempo mostró proporcionalmente más resultados que los registrados en seis años de administración ibarrista. Quienes optan por ver la copa medio vacía, en cambio, dirán que en menos meses gastó el doble de dinero de las arcas públicas (…) y que buena parte de la inversión fue a parar a publicidad para su frustrada reelección.”

Y yo que pensaba que Telerman había sido de la administración ibarrista… y que el presupuesto público era para gastos públicos y no para campañas de movimientos políticos particulares… pero para la periodista no parece tan grave… es solo para los que quieren ver la copa medio vacía.

Mi día se amarga porque parece que todos no viven la misma ciudad que yo. ¿En qué ciudad vivirá la periodista que escribe? ¿Saldrá a la calle alguna vez? Una posibilidad es que al salir del diario, tome la avenida Libertador para ir a su casa y solo vea los maravillosos prados que se disfrutan cuando se va hacia la zona norte. O quizás solo recibió ese enorme y lujoso libro que es el informe de gestión de Jorge Telerman.

Me pregunto además que pasó con los planes y el dinero para terminar este espacio en donde pese a todo, disfruto la ciudad.

Mañana asume como Jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, y según él, recibirá una ciudad con déficit. De los $15.867.770,34 que, de acuerdo a la página del gobierno de la ciudad, se destinaron al parque Centenario, ¿quedará algo para terminarlo?

Un año exacto después del último plazo fijado para tener un parque digno y no este campo de batalla que es este enorme pulmón de 16 hectáreas, las heridas están abiertas y supurando.

fiona-y-marino-en-el-centenario.jpgMis perros me miran impacientes pasado el medio día. Tienen calor, hambre y están llenos de arena. Yo también. Comienzo a caminar pensando en que tendré que bañarlos. Cierro y abro los ojos de nuevo. Quizás haya soñado lo que vi cuando llegué al parque esta mañana y quizás, en el camino de regreso a casa, pueda apreciar esa “plaza embellecida” que me hará recordar al afrancesado.

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