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Dolores

10 feb
De

Tomada del blog http://24milimetros.blogspot.com/ de Manu Brabo

Un perro abierto en canaleta sobre una mesa, mientras otros enjaulados esperan el terrible destino; un soldado a punto de “asar” a otro que mira la cámara casi pidiendo el auxilio que no llegará; un niño detrás de otro, que está detrás de otro, cada uno con un plato en la mano, esperando que alguien les sirva un poco de comida; tres mirando a la cámara mientras sus barrigas voluptuosas son la evidencia del abandono de la humanidad por su prole; una niña con la cara sucia y ropa raída distrayéndose un minuto de su tarea de cargar ladrillos, para mirar al fotógrafo que quiere acercarnos a la tragedia de la niñez perdida en la necesidad.

Imágenes que circulan por este espacio virtual y que todos miramos con horror, a veces con simpatía; pero casi siempre ajenos al dolor de esas imágenes que sin embargo son vida (o muerte) permanente. Ajenos, salvo esos pocos segundos en los que nos enfrentamos a un mundo que preferimos ignorar en la comodidad de nuestras casas, en la que no existe más necesidad que una buena conexión a internet para “ver” ese mundo al que por suerte no pertenecemos.

Ya lo dijo Susan Sontag,

“Y ser conmovidos no es necesariamente mejor. El sentimentalismo es del todo compatible, claramente, con la afición por la brutalidad y por cosas peores”. 

“La imaginaria  proximidad del sufrimiento infligido a los demás que suministran las imágenes insinúa que hay un vínculo a todas luces falso, entre quienes sufren remotamente – vistos de cerca en la pantalla del televisor – y el espectador privilegiado, lo cual es una más de las mistificaciones de nuestras verdaderas relaciones con el poder. Siempre  que sentimos simpatía, sentimos que no somos cómplices de las causas del sufrimiento. Nuestra simpatía proclama nuestra inocencia así como nuestra ineficiencia”.

Ahhh, Susan Sontag, como intervenir en este mundo entonces,  ¿Qué hacer entonces “ante el dolor de los demás”?

El turno de Don Quijote

22 mar

Acabo de enterarme que 4308 personas leyeron, y grabaron en videos, fragmentos de Don Quijote de la Mancha, hasta completar una lectura global de la considerada obra cumbre de la literatura hispana. La Real Academia de la Lengua eligió 2149 y se pueden ver en youtube…

¿Será este el momento para desempolvar el ejemplar que reposa en mi biblioteca, siempre esperando el momento oportuno?




La noble Argentina

21 mar

Esta imagen impensada hace un par de años habla de que algo está cambiando en esta Argentina. Por suerte.

Cuando llegué a este país, ese librito blanco de letras rojas era una rareza, no circulaba, no se vendía. Estaba casi proscrito. Me lo mencionaban y era una especie de leyenda, como su autor.

Conocí algo de la historia de Pablo Llonto por gente que lo conocía cuando trabajó precisamente en ‘el gran diario argentino’. Una historia de lucha solidaria y sobre todo de coherencia y fidelidad consigo mismo. Llonto matuvo una larga pelea judicial contra el diario por su despido cuando era representante gremial. Todo esto y seguramente la publicación del libro lo llevó a ser considerado casi mala palabra, no solo en Clarín sino en muchos medios que por identificación corporativa vetaban su nombre (y de paso su libro) solo por no enemistarse con el diario de La Noble Ernestina.

Mi admiración tuvo un primer contacto directo cuando leí una crónica que escribió sobre los Pumas, la selección de rugby de este país. Me gustó esa tendencia a derribar ídolos y a cuestionar las construcciones mediáticas alrededor de verdades aparentemente incuestionables. Iba contra la corriente. Después supe de su lucha por los Derechos Humanos y su participación como abogado en causas de desaparecidos durante la dictadura.

En fin, este no pretendía ser un post de homenaje, de exaltación ni nada por el estilo. Solo me causó una gratísima impresión encontrar su libro en una de las librerías más comerciales de la ciudad, exhibido al lado de uno de los escritores que más vende… Una visibilidad que se merecía, aunque no se si al lado de Andahazi…

Un poder, otrora intocable, al fin cuestionado.

Herederas del telégrafo

25 jul

Esto del feisbuc, tuiter y esas redes sociales que ahora manda la parada en internet están haciendo que los mensajes sean telegráficos. Dignos sucesores de Marconi. Las frases cortas; los mensajes escuetos y sin vuelos explicativos. La Imagen tomada de El tamiz.commente formateada para el ahorro de palabras, acorde al ritmo acelerado de esta vida que nos atropella y, que sobre todo, tiene inmediata fecha de vencimiento. Al menos, así la vivimos.

Y es un camino casi insconsciente. Volver a escribir en el blog tuvo, para mí, la intención explícita de volver a acariciar el lenguaje, dejarme llevar por lo que Grijelmo llamó “la seducción de las palabras”. Buscar los sentidos más íntimos de sus significados, alejarme de los lugares comunes y la prisa del periodismo de diario. Encontrar los márgenes que no me da la noticia de hoy y que mañana, ya impresa, solo sirve para envolver pescado, o huevos. A elección.

Y de pronto, me soprendo escribiendo esto, aquí! en mi lugar de libertad y permisión, mi lugar para el capricho:

Sábado. Traspiés de agenda. Finalmente nada salió como debía salir. Frío y una copa de vino.  Mañana trabajo y solo hoy quedaba…

Duras, cortantes, claras, pero sin las sensaciones que las inspiraron. Un lenguaje que cumple su función, sin disfrute. Una tendecia exhibicionista, como toda autorreferencia, con el agravante de despojar el relato de su función enriquecedora. Al menos, de intentar que así sea.  Quería describir  esa sensación plácida y libre, que muy pocas veces se nos permite en este ajetreado nuevo mundo que nos impone además la información precisa y rápida de la vida social virtual. Quería hablar sobre la no conciencia del deber; la dulce irresponsabilidad del ocio, cuando aún hay mucho por hacer.

En realidad solo quería darle estatus de belleza a dormir tres horas y dejar que el mundo cayera alrededor sin que se me moviera un pelo.

Pero la reflexión se fue al carajo. ¿Será que  la retórica desaparecerá en brazos de estos nuevos canales de comunicación? En el primer sentido que la RAE la entiende:  

Arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover.

Y no solo para informar.

¿Cuántas palabras necesitaremos para eso? Pocas. Definitivamente muchas menos que las que trae un diccionario. Si las redes sociales atraen a millones ya, y van en aumento, y la paciencia que necesita la buena escritura y la mejor lectura, menos cada vez, entonces…

En fin, reflexiones de una noche de sábado, con una copa de vino…

Poesía procaz, una joyita en El Malpensante

31 oct

20090917035625_002En esa revista a la que debería asomarme con más asiduidad para recordar lo que es leer con delicia y cada tanto liberar mi mente de las fórmulas del periodismo del día a día, encontré esto:

Breve historia del pene,
y aledaños, a través de los siglos y los años
Una recopilación de “lírica obscena” semi anónima. Un placer para los días lluviosos y ociosos como el de hoy. Les dejo de muestra algunos versos, herencia de una añorada bohemia que se vivía en los cafés y bares de cuando no existía esto de los blog y la cibercultura.
De Los Orígenes:
Vencido Adán por femeninas tretas
a Eva preguntó: ¿Por dónde orinas?
Repuso ella, cogiéndose las tetas:
Yo me aguanto las ganas, ¿tú qué opinas?

Se presume que fue, de esta manera,
como el mundo llegó a la berraquera.
Y la herencia que de Eva se recibe
en los próximos versos se describe.

La Biblia en sus libros iniciales
poco habla de las partes genitales.
Pero se dice, con saber rotundo,
que el tórtolo es el eje de este mundo.

Dicen que el malparido de Caín
mató a un equino y le arrancó el tomín.
Y, blandiendo tal arma con la mano,
a tortolazos liquidó a su hermano.
De Personajes:
Y así, la Inquisición, con mano dura,
resolvió establecer la capadura
que consiste en dejar las vergas solas
sin la presencia augusta de las bolas.

César Borgia en sus locos desenfrenos
agarraba a Lucrecia por los senos,
y si ésta protestaba, con brutal cinismo,
sacaba el pene y la clavaba ahí mismo.

Carlos Marx en sus libros sostenía
que la paja es cuestión de economía,
y otros dicen que el cálido caudillo
simbolizó la verga en un martillo.

Sensaciones sobre Villa

5 dic

amoralAcabo de terminar de leer Villa de Luis Guzmán. Un monumento.

Lo leí como tomo agua, derecho y sin la sensación que estoy tomando algo vital, hasta que interrumpo su consumo. Villa fue así. La leí rápido, una historia con apariencia ligera, de efecto retardado. La pesadez me llegó una vez que tuve tiempo de parar y digerir, cuando se me asentó el sabor de todo lo que entró en mi cabeza y en mi conciencia.

Es la historia de un personaje gris, uno de tantos que seguramente existieron y siguen existiendo en esta y en muchas sociedades.  Un “mosca”, de esos que revolotean alrededor de quien ostenta en algún momento el poder, o un poder. Villa es un médico burócrata del ministerio de Bienestar Social que transita los 70 tratando de acomodar su miserable ambición personal a la época gobernada por el  siniestro José López Rega, y luego a la más sangrientas de las dictaduras que vivió la Argentina, llamada eufemísticamente Proceso de Reorganización Nacional.

Uno de esos personajes de los que la historia se olvida cuando cobra las cuentas;  pero cuya presencia garantiza que los López Rega, Videlas, Masseras y otras infames figuras se preserven para la posteridad en la memoria argentina. Un ser inescrupuloso o amoral como lo presentan en la contratapa del libro, y sobre todo miedoso y por lo tanto peligroso, como bien se lo dice el coronel Matienzo al propio Villa en algún pasaje del libro:

Un hombre con miedo es como una granada siempre a punto de estallar. ¿Sabe cuál es el problema? Cualquiera la puede activar”.

El autor, al escribir sobre el personaje dice:

No fue creado ni es el pretexto para contar la historia política del país, pero también es verdad que el contexto no podría ser otro”.

Villa desea no ver la tragedia que se pasea delante de su cara, pero no solo le corre al lado, participa de ella como si no le quedara otra alternativa.

Por eso cuando me cayó la ficha sobre  la real dimensión del personaje de Villa, cuando caí en cuenta que sobre estos seres grises y chiquitos se sentaron las bases de regímenes criminales, me llegó la pesadez al estómago.

Quizás con el libro no me empapé de la historia política de ese momento del país, pero qué acertadamente me pintó parte de la sociedad que hizo posible esa parte trágica de la historia.

Un amor eterno

29 jun


En estos días en los que he leído tantas anécdotas sobre Nueva York, recordé un hecho que viví en esa ciudad y que me quedó tatuado en la mente por otras razones y no por el momento en sí. En esos días de diciembre en los que disfrutaba del inolvidable “hot cocoa” del carrito de la última esquina y caminaba por una de sus tantas calles, mi ahora ex me dijo con sorpresa ¡Este es el Hotel Chelsea!

Yo puse el freno y me quedé parada mirando hacia el interior, un poco atolondrada por todas las historias que me llegaron a la mente y tratando de escudriñar allí la leyenda que envolvía el lugar.

La primera, y la que había disparado años atrás mi curiosidad por ese lugar, era que ahí había vivido durante 20 años, Edgar Lee Masters.

Y es que Edgar Lee Masters es mi amor eterno. Ese al que busqué librería tras librería, y sin embargo cuando pude comprarme el libro, no pude jamás deshacerme de las fotocopias de su Antología de Spoon River, que seguí cargando durante años.

Fue el primero por el que amé los libros. Algo habrá tenido que ver que mi primer acercamiento estuvo mediado por la dulce voz de mi profesor de literatura y esos ojos claros que me miraban (o eso creía yo) cuando terminaba la última línea de cada párrafo. Quien lo sabe ya, a estas alturas.

Algo habrá tenido que ver que esa hora y media semanal obnubilara mi mente:

La Colina
¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el débil de voluntad, el de fuerte brazo, el payaso, el borracho, el de las peleas?
Todos, todos están durmiendo en la colina.
Uno murió de una fiebre,
otro se quemó en una mina,
a otro lo mataron en una riña,
otro murio en la cárcel,
otro cayó de un puente donde trabajaba para mantener a su mujer y sus hijos…
Todos, todos duermen, todos están durmiendo en la colina.
…..

Minerva Jones
Yo soy Minerva, la poetisa del pueblo,
la irrisión de los patanes de la calle
proque era gorda, bizca y me balanceaba al andar,
y aún fue peor cuando Weldy “el duro”
me atrapó después de una brutal persecución.
Me abandonó a mi destino en manos del Doctor Meyers.
Y yo me hundí en la muerte, me fue subiendo el frío desde los pies
como a quien va adentrándose en un río de hielo.
¿Irá alguien al periódico del pueblo
para reunir en un libro los versos que escribí?…
¡Estaba tan sedienta de amor!
¡Tan hambrienta de vida!

El doctor Meyers
No hay hombre, quitando al “doctorcito” Hill,
que haya hecho más que yo por la gente de este pueblo.
Todos los débiles, los lisiados, los imprevisores
y los que no podían pagar acudían a mí.
Yo era el bueno, el complaciente Dcotor Meyers.
Tenía salud, era feliz y bastante acomodado,
con una buena esposa, los hijos ya crecidos,
todos casados y abríendose paso con éxito en la vida.
Y una noche, de pronto, Minerva, la poetisa,
se me presentó con su problema, llorando.
Intenté ayudarla… Y murió…
Me denunciaron, los periódicos me infamaron,
mi mujer murió con el corazón destrozado.
Y una pulmonía acabó conmigo.

La Señora de Meyers
Toda la vida se quejó
de que le calumniaron vilmente los periódicos;
decía que él no tuvo la culpa de cómo acabó Minerva,
que solo intentó ayudarla.
¡Pobre alma tan hundida en el pecado que no podía ver
que, aún intentando ayudarla, como el decía,
había violado las leyes humanas y divinas!
Caminantes, oíd esta antigua advertencia:
Si quereis que vuestros caminos* sean caminos de delicias,
y todos vuestros senderos sean paz,
amad a Dios y guardad sus mandamientos.
*Proverbios 3, 17.

Y así unas vacaciones en Nueva York estuvieron ligadas al hotel Chelsea y haber pasado por su puerta es inolvidable porque se ligó en mi mente a un encantamiento que aún perdura. No importa que el tal hotel haya sido construido en 1883 y que ahí también haya sido escrito “2001: Una odisea en el espacio”, o que haya muerto en ese mismo lugar el escritor Dylan Thomas o que en una habitación Sid Vicious de los Sex Pistols apuñalara a su novia en 1978. No importa que por allí hayan pasado artistas, músicos, más escritores, actores, directores; que haya sido sede de siete películas como The Chelsea girls de Andy Warhol o haya sido tema en más de una decena de canciones como Sara de Bob Dylan, y donde también escribió Sad eyed lady of the lowlands.

No, nada de eso me importa más.

Fábulas para el fin de semana

18 may


Tratando de despejarme un rato comencé a mirar qué podía leer que no me limara la cabeza. Reencontré a Augusto Monterroso,el cuentista guatemalteco de cuentos breves y hiperbreves, uno de los más grandes del siglo XX. Se dice que El dinosaurio es el cuento más corto de la literatura en español:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Parece que tan sencillas palabras han sido objeto de múltiples aproximaciones, análisis, estudios, traducciones y han sido citadas en varias antologías, relacionadas metafóricamente con situaciones y símbolos políticos, etc, etc. La verdad es que sus fábulas son lapidarias y como dice Gabriel Gacía Márquez en el comentario sobre La oveja Negra y demás fábulas:

Este libro hay que leerlo manos arriba: su peligrosidad se funda en la sabiduría solapada y la belleza mortífera de la falta de seriedad.

Les comparto algunas:

El Rayo que cayo dos veces en el mismo sitio

Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

El Burro y la Flauta

Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella hacíendola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del burro y de la flauta.

Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.

El Paraiso imperfecto

- Es cierto – dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraiso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

La Oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.

Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así en los sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

Toda su obra reposa ahora en la Universidad de Oviedo en España, donada este año por su viuda.

Espero que anden descansando…

autorretrato de Monterroso

De Lecumberri a Santiago del Estero

16 nov

paliza-en-la-carcel.jpgHoy desempolvé un libro que tenía hace mucho en mi biblioteca. Lo compré hace años en uno de esos momentos ociosos en los que para hacer tiempo recorría librerías y terminaba con algunos billetes menos en mi bolsillo y varios libros encima. Abandoné la práctica, a mi biblioteca ya no le cabía un hojita más de libros esperando turno y la economía ya no estaba para tanta cultura. El diario de Lecumberri de Álvaro Mutis esperaba su turno y le llegó.

Lo comencé a leer en el subte. Es un libro práctico para cargar en el transporte público. Narra la experiencia del escritor cuando, de manera preventiva, fue encarcelado por 15 meses en la prisión de Lecumberri en México D.F. a finales de la década de los 50.

Un fragmento me hizo pensar mucho en los últimos hechos en la cárcel de Santiago del Estero. Murieron 33 reclusos. Ocurrió el domingo 4 de noviembre, hace poco más de 10 días y salvo pocas excepciones la atención de los medios ya no está ahí.

“No sé muy bien por qué he narrado todo esto. Por qué lo escribo. Dudo que tenga algún valor más tarde, cuando salga. Allá afuera, el mundo no entenderá nunca estas cosas. Tal vez alguien debe dejar algún testimonio de esta asoladora visita de la muerte a un lugar ya de suyo muy semejante a su viejo imperio sin tiempo ni medida. No estoy muy seguro. Tal vez sea útil narrarlo, pero no sabría decir en qué sentido, ni para quién.

Hoy han venido Elena y Alberto y les he contado todo esto. Por el modo como me miran me doy cuenta de que es imposible que sepan nunca hasta dónde y en qué forma nos tuvo acogotados el miedo, cómo nos cercó durante todos estos días la miseria de nuestras vidas sin objeto. No podrán saber jamás a merced de qué potencia devastadora se jugó nuestro destino. Y si ellos, que están tan hermosamente preparados para entenderlo, no pueden lograrlo, entonces ¿qué sentido tiene que lo sepan los demás?”


Si tanta desesperanza hubo a finales de los 50 en un pabellón de una cárcel para “privilegiados”, expresado por alguien que pudo contarlo ¿Cómo pueden dormir los que son responsables de esos seres humanos aniquilados moralmente y hacinados en esas pocilgas que hoy llaman cárceles y lo ven solo como una asignatura pendiente?

El libro vacío

20 ene

el-libro-vacio.jpgHace un tiempo le pedí a un amigo mexicano que venía de visita que me trajera libros de mujeres, escritos por mujeres o sobre mujeres. Me había entrado una inquietud por la mujer o mejor las mujeres, como dijo alguna vez mi profesor de sicología de la comunicación. Porque LA mujer no existe, existen las mujeres.

Así que Juan me trajo varios libros y entre ellos El libro vacío y Los años falsos de Josefina Vicens. Las dos únicas novelas de esta escritora mexicana que se consagró como punto de inflexión de la literatura mexicana con solo estas dos novelas, escritas con 24 años de diferencia. El resto del tiempo se dedicó a los guiones para cine y a comentarista taurina. Una extraña mezcla que despertó mi curiosidad por esta mujer especial y maravillosa narradora. Sobre todo si se tiene en cuenta la época y el país que le tocó vivir. Nació en 1911 en San Juan Bautista, Tabasco y murió en México D.F. en 1988.josefina-vicens.jpg

El libro vacío. Una historia sin historia. Una novela donde no pasa nada, en el sentido clásico de acción. Un relato íntimo sobre un escritor que no logra ser escritor y sabe que no lo va a ser, y sin embargo no puede renunciar a escribir.

Pasa noches y noches, tratando de lograr esa primera frase maestra que dispare esa novela que lo consagrará. Y así entre sus vanos esfuerzos que sabe que lo son, vanos quiero decir, y la frustración de no poder lograrlo, vuela en su cabeza con reflexiones sobre su vida mediocre de contador, sus sueños frustrados, su vida rutinaria con destellos de acción, su paciente mujer y su hijos en los que ve reflejado su ilusionado pasado y su presente gris y plano.

Es curioso, quería leer sobre mujeres por mujeres y terminé leyendo una historia escrita por una mujer pero en la voz interna y muy íntima de un hombre. En realidad no importa, porque es la voz de un hombre en el sentido universal del ser humano. Su detallado análisis de un interior frenético en medio de esa pasividad aparente, es tan común como la naturaleza humana de todos los seres humanos. Nada más, pero nada menos también.

Esas reflexiones alertan, conmueven y lastiman por tan reales, tan atemporales (el libro fue escrito en 1958) y tan universales. Pero a la vez son tan singulares y tan intimamente propias.

“…¿Cómo iba yo a saber que la acumulación de esos “mañana” que ni siquiera distinguía, y que sin notarlo ya eran “hoy” y “ayer”, harían pasar no solo el tiempo, sino mi tiempo, él único mío?

Y así, deseando que pase el tiempo para que pasen también los problemas diarios que nos agobian, nos encontramos un día con que ha pasado nuestro tiempo.”

Palabras que reflejan el fatal e inexorable paso de las oportunidades. De esos momentos que nos procura la vida para hacerla más rica y que muchas veces quedan engarzados en las ramas que no nos dejan ver el cielo abierto e infinito.

Y no hay final más triste que el de esta novela. Porque no tiene final, solo un futuro con la certeza del tiempo pasado, de la oportunidad perdida. Su muy sensata esposa definió su angustia interna cuando descubrió que José, a sus 56 años, fantaseaba con acciones brillantes y heroicas:

“-No, hijo. Ya tu tiempo pasó.”

Y así lo creyó él mismo. Y así aceptó su estado mediocre de empleado cuyo nombre “…está destinado a figurar solamente, con tranquilizadora periodicidad, en una nómina de empleados.”

El problema es que seguía soñando. Soñaba y protagonizaba grandes hechos en su mente. Escribir un gran libro, luchar por ideales políticos, salvar vidas, hablar duro y atreverse. Eso sobre todo, atreverse y hacer.

La vida de este hombre común, inquieto y preso de su miedo y frustración, asusta. Asusta tanta afinidad de sentimientos, tantas no – acciones similares.

José identifica las propias limitaciones. Y Josefina lo transforma con sus palabras en un ser excepcional dentro de su normalidad.

¿Por qué tantos sueños que se pierden? ¿Por qué se extravían en la mente y suelen perder su ímpetu con el tiempo? ¿Por qué la vida real se presenta tan divorciada de la fantasía? ¿Cómo romper con ese muro que que se levanta a medida que transcurre la vida?

Así el libro vacío se convierte también en la vida vacía.

La entregada y devota esposa de José tenía razón, con todo lo terrible pero descarnadamente real. El tiempo no se detiene.

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