Archivos por Etiqueta: Buenos Aires

Un sábado cualquiera, o sea, casi perfecto

5 jun

Cómo me gusta la albahaca! Caminar por Rivadavia en una noche fría es estimulante, sobre todo si tienes la panza llena y el corazón contento. Dice el dicho.

Me siento en orden. En mi cabeza, en mi mente. Mi vida, sigue igual; pero he hecho lo que quiero, compré lo que necesité, nada más que eso, y hasta un ramito de flores me llevo a casa. Pregunté en la feria por un par de pantuflas multicolor con borlitas colgantes, miré libros, le coqueteé a un suéter que no compré por sensatez y por no sacarme las capas de ropa que tenía encima. El invierno hace bien a mis finanzas.

Caminé y miré gente. Toda demasiado envuelta en trapos para poder entrever su humor. Experimenté de nuevo la hosquedad propia del invierno, gente ensimismada o concentrada en el deporte citadino de la compra compulsiva y ajena a ese otro que cruza la misma calle y pisa el mismo adoquín suelto. Pero es sábado en la noche y la avenida está viva, en todo caso.  Bollitos caminantes que supongo infantes y caninos con variados abrigos le ponen risa y ladridos a la brisa helada. El alma se calienta.

- No te gusta?   - No. Es muy delgadita la masa.

Seguro la señora es de esas ‘tanas’ que comen pizza a la vieja usanza, gruesa, de queso chorreante y aroma encebollado. Aquí huele a albahaca. Pese a todo, el diente no se detiene y la charla en la mesa de al lado sigue muy animada entre los dos veteranos de las calles porteñas que se arriesgaron con una pizza ‘gourmet’.

Es temprano, por eso encontré mesa. Cenar a las 7:15 es una rareza. Salvo esos jóvenes veteranos que seguramente tienen costumbres añejas y cuerpos que necesitan pronto reposo, una familia que quiere comer junta antes de que la noche le presente mejores alternativas a los más ‘pollitos’, y yo que solo puedo argumentar a mi favor costumbres ajenas, apuramos una última cena casi a la hora del café para otros.

La moza es amable y me sonríe. Me explica que Macri prohibió el cerramiento en veredas sobre las avenidas y por eso no hay calefacción para las mesas de afuera. Clientes que se pierden.

- Cuando necesiten recaudar más, seguramente podremos volver a ponerlo –  remata, con algo de resignación y la seguridad paciente de algo inevitable.

El mundo no sonríe precisamente, pero es sábado y camino por Rivadavia, la avenida que parte la ciudad en dos; el corazón de la clase media porteña. Tiendas abiertas, comercios llenos, gente, mucha gente; autos, demasiados. Luces y vida por donde se mire. No es esta precisamente la Argentina en crisis.

Es delicioso el olor de la albahaca y es una noche de sábado casi perfecta. Solo falta una segunda copa de vino y estar enamorada.

Recordé las ausencias

26 abr

Hoy siento incomodidad y una especie de tristeza que me estorba en el pecho. No hay mejor sensación que la felicidad y la ligereza de sentir que todo esta bien. Pero hoy no está todo bien. Mejor dicho, no ha estado bien para mucha gente durante demasiado tiempo y hoy lo recordé. Recordé las ausencias. Me las recordó ese testimonio tremendo de Victoria Montenegro en el juicio que se lleva a cabo en Buenos Aires por apropiación de bebés. Ella fue una de esas bebés. Hija de desaparecidos, criada por su apropiador; un coronel que, según su propia confesión, asesinó al padre de Victoria.

La noticia hoy no era ella directamente. Era la complicidad y el encubrimiento de un fiscal, aún en ejercicio, que retardó que ella descubriera su identidad.  De esta historia me impresionó la amplísima red de complicidades y encubrimientos que, según se atisba en su testimonio, existe en ese poder que administra justicia. Aunque se sospecha, siempre impacta conocer cómo se opera desde ese lugar en el que se encuentran quienes  deberían velar por la legalidad y los derechos humanos y ciudadanos.  También me impresionó el adoctrinamiento al que fue sometida desde que era niña:

Yo lo que sabía era que en Argentina hubo una guerra, en ese momento yo consideraba a Herman como mi papá, para mí la subversión se estaba vengando de ellos que habían sido soldados; que los desaparecidos eran mentira. Pensaba que no eran personas físicas, sino un invento de las Abuelas”.

Tetzlaff le dijo que lo primero que hacía la subversión era dañar a la familia, núcleo vital de una sociedad sana. Que las Abuelas instaban las dudas para crear miedo. “Por eso para mí eran todas unas mentiras: yo era hija de él y estaba convencida de que todo era un invento.

“La causa no sé qué era exactamente, pero era una bandera celeste y blanca; ellos eran los buenos, había una causa nacional; era el olor a cuero, las botas, la familia cristiana, la misa, cenar afuera porque Mary no cocinaba, para mí ésa era la familia: los restaurantes llenos y Herman que terminaba las conversaciones con la 45 arriba de la mesa diciendo: ‘Yo siempre tengo razón, y más cuando no la tengo’”.

Ahora releyendo esto, me doy cuenta que esta sensación que no me deja tranquila hoy, es la misma que sentí cuando por primera vez me conmocionó “ver” las ausencias en esa exposición del fotógrafo Gustavo Germano.

Esa presencia permanente del que ya no está.

http://ausencias-gustavogermano.blogspot.com

Una indiferencia deseada

22 jul

Desde la semana pasada, la Argentina es un mejor país para vivir. Eso fue lo primero que pensé cuando el jueves me desperté con la noticia de la aprobación del matrimonio igualitario. El primer país en América Latina, el décimo en el mundo. De avanzada. Ayer se promulgó y hubo un acto en la Casa Rosada, pero la celebración es cotidiana. A mi juicio esto significa el comienzo de un cambio que supera por lejos el reconocimiento legal de derechos legales iguales para todos. Creo que el amparo de la ley dará visibilidad a situaciones de hecho, que de a poco se verán en la calle. Se incorporarán a la cotidianeidad. La deseada indiferencia llegará también para las parejas del mismo sexo, como escuché que era el deseo en una de las cartas que se leyeron en el Festival Sí, quiero. Esta será una sociedad en la que ya no se discutan las relaciones privadas en público.

Pero, aunque fue una sorpresa la aprobación en el Senado, incluso para militantes de la causa,  me parece que si un país de Latinoamérica debía llevar la batuta en esto, ese sin duda, debía ser la Argentina. En este país se respira indiferencia. En el mejor sentido. También en el peor, pero ese es otro asunto. Aunque pensándolo bien, debo circunscribir esto a la ciudad de Buenos Aires, que es el ámbito que conozco.

Hay, por supuesto, bolsones conservadores, que todavía mantienen a sus caballeros templarios en cruzadas mediáticas, y de otras que no confiesan. Pero su fracaso en este caso, fue un triunfo de una ciudadanía mayoritaria que confirman una teoría que comencé a formarme cuando llegué aquí hace años. La gente acá se relaciona con irreverencia, informalidad y una alta dosis de individualismo.  Y eso, que genera un caos formal, muchas veces indiferente a cualquier conducto regular y que provoca un irrespeto a las jerarquías y a las formas, está también en la base de una relación de igualdad de trato, de relación horizontal. Una relación en la que la circunstancia del otro me es indiferente y que a la larga, filtrada por algún criterio de análisis, se ha convertido en el reconocimiento de la diferencia.

Me parece a mí, qué se yo… los viajes en bus a veces son muy largos en esta ciudad.

Un cinturón de La Rioja

17 jul

- ¿Contenta en este país? ¿Te gusta?

- Sí, me gusta vivir en Buenos Aires. Como en todas partes hay cosas que son mejores aquí y otras que no…

Pura formalidad. No quería ahondar en lo que llevo casi ocho años repitiendo a quien no entiende qué diablos hago aquí ‘si tengo el Caribe’ que en realidad no importa mucho, podría ser el mar Egeo o el desierto del Sahara…

- Yo te voy a decir cuál es la característica de este país, que a mi modo de ver es negativo…

Mi interlocutor tenía ganas de romper el hielo. Supongo que sabía que yo no era la periodista que quería mostrar su mejor cara.

- Hay básicamente dos argentinas, la del litoral y la del interior. La primera es la más europeizada, gente que vino a trabajar. La del interior mezcla la tradición indígena y la herencia hispánica… bueno, nosotros tomamos lo peor de ambas culturas.

Y así comenzó el abogado, muy distinguido él, en una larga disquisición sobre la terrible herencia argentina.

Décimo piso en plena avenida principal. Ubicación estratégica. Alfombra mullida, madera oscura, páneles de vidrio esmerilado, muebles de líneas rectas de un muy lustroso y grueso cuero color café. Estantes repletos de libros uniformes, pero de lomos gastados por el uso. Se nota que había intelectuales que no perdían la forma allí.

- Aunque no lo creas en este estudio todavía nos queda ética. En este país se ha perdido todo.  Mirá, en todas las sociedades existe la corrupción, en mayor o menor grado. Pero acá es general, en lo cotidiano. La sociedad es corrupta. Y sobre todo la clase media; aunque yo soy de clase media. Acá el grado de corrupción lo limita la oportunidad. Nada más.

Lo decía todo con tanta lógica razonada, sin apasionamiento, que parecía diseccionando analíticamente las causas del comportamiento social de los habitantes de Bora Bora. Entre un sorbo de café y uno de agua, la descripción aséptica solo causaba en mí movimentos de cabeza de amable escucha y una que otra sonrisa. Era un señor tan amable…

-Yo la verdad, no se lo que hago en este país, si todo lo que quiero está afuera.

- …

- Mi hijo y mis nietos están en Estados Unidos. Lo únicoque me queda en este país es un cuñado que no quiero ver… y mi mujer - sonríe.

Sonrío yo también, dándole a entender que entiendo el chiste. Siempre es bueno celebrar las típicas bromas de los hombres sobre la presencia de una mujer como ese destino inexorable que les tocó en suerte.

- En realidad, lo único que tengo argentino, es este cinturón que compré en La Rioja - me señala su cintura.

Siguió un buen rato con su argumentación anti – país, pero yo me quedé con su cinturón de La Rioja. Me hubiera gustado examinarlo, un objeto exótico en ese entorno…

- Bueno, te dejo para que leas tranquila y tomes las notas que necesites… ¿Cuándo sale?

- Mañana.

Creo que era mi décimo sexta palabra después de casi dos horas…

- Ahh bueno, porque me voy pasado mañana por 15 días para Europa. Viajo cada vez que puedo.

Un muy buen rato después, cuando desperté del letargo que me produjo la altura de ese décimo piso, desde donde se contemplaba una ciudad majestuosa; sobre todo porque sus moradores se consideran algo así como la aristrocracia criolla (sí, criolla a pesar de ellos), pensé que está bueno eso de considerarse de clase media y poder irse para Europa por antojo. Y me dije: a esto se deben referir quienes tantas loas le dedican a la gran clase media argentina… Con razón, pensé.

Ponga la basura en su lugar

4 ago

Según la ONG Greenpeace, el gobierno de Mauricio Macri no ha implementado la Ley 1854 o de Basura Cero, sancionada para la ciudad de Buenos Aires desde noviembre de 2005, reglamentada en el 2007. Al contrario, la quiere enterrar y culpa de su fracaso a los vecinos de la ciudad. La ley prevee una reducción de residuos del 30% para 2010 y 50% para 2012, tomando como base lo que se había enviado a los rellenos durante el 2004. También se beneficiarían los cartoneros, pues de acuerdo a la ley tendrían prioridad en el proceso de recolección de los residuos secos, y en las actividades de los Centros de Selección.

Según autoridades de la ONG en el nuevo proyecto de licitación que el gobierno de la ciudad enviará a la legislatura, “Macri propone volver al viejo sistema de recolección de pago por tonelada… (y será) el negocio de las empresas recolectoras que cobrarán cuanta más basura se genere”.

Actualmente la ciudad de Buenos Aires produce alrededor de 5 mil toneladas diarias de basura que son llevadas a rellenos sanitarios en la provincia de Buenos Aires, que además se están saturando. Y ya hemos escuchado y leído sobre las consecuencias y las protestas que produce la creación de nuevos rellenos.

Como la ley de Basura Cero propone como principio la separación primaria de residuos, yo ya me compré una segunda caneca de basura. Hay que empezar por casa…

El espacio público no es para los cartoneros

28 feb

Foto de familia de cartoneros en todoarquitectura.comHace unos días leí en el diario Página 12 una entrevista con Gabriela Michetti, que se titulaba “No hay porque darle el privilegio a un sector de cortar la calle”, frase que se desprendía de una de sus respuestas. En la misma entrevista y ante la pregunta: “¿Qué política se va a tomar con los cartoneros?”, la señora respondía: “El espacio público no se puede negociar. Es lo básico de una ciudad vivible.” Y seguía: “No es digno el trabajo que hacen, abriendo bolsas en la calle. No es un problema de derecha o izquierda.”

Me pregunté cuáles serían los trabajos dignos para ella y qué consideraba una ciudad vivible. ¿Solo es digno despachar desde una oficina limpia y bien decorada?, ¿Es indigno recoger cartones y material reciclable, solo porque está en contacto con los desperdicios de gente limpiecita como ella?.¿La ciudad vivible será esa en la que todos circulamos asépticamente de nuestra casa a la oficina y viceversa y salimos de compras?, ¿esa que el antropólogo y especialista en espacios públicos Manuel Delgado dice que es la que buscan los diseñadores y los políticos?.

Me parece a mí que lo que son indignas son las condiciones de su trabajo, verse obligados a llevar a su niños a recorrer las calles cada noche, hacinarse como sardinas en un tren precario y ahora tener que dormir a la intemperie en cambuchas porque no les alcanza el dinero para regresar a sus casas desde que suspendieron el famoso tren blanco.

Foto del tren blanco en todoarquitectura.com

Y es indigno ese lugar degradado en medio de la pulseada política entre los gobiernos de la ciudad, la Provincia y la Nación; quienes podrían proveerles una solución – no un paliativo -, pero que en cambio solo buscan cómo zafar de un ‘problema’ que se hace visible solo porque están acampando en un espacio público de un barrio ‘bien’ de la ciudad. De esa ciudad vivible que quiere Michetti.

Pero justamente para eso está lo público, para hacer visible – y no solo elitistamente vivible – a una sociedad. Y nuestra sociedad es criminalmente desigual. Y así conceptualiza Hannah Arendt lo público en La Condición Humana:

La palabra ‘público’… en primer lugar significa que todo lo que aparece en público puede verlo y oírlo todo el mundo y tiene la más amplia publicidad posible. Para nosotros, la apariencia – algo que ven y oyen otros al igual que nosotros – constituye la realidad. (página 49).

Y la realidad se hizo evidente en el violento desalojo y la represión que sufrieron los cartoneros, y en los policías que colocaron luego para custodiar el espacio público que habían ocupado para que no volviera a ser ‘invadido’.

¿Cuál es entonces la función del espacio público? En una sociedad tan desigual como la nuestra debería más que nunca cumplir un rol de compensación. Quiero decir, debería ser un lugar que permita el reclamo, la busqueda de la equidad, debería ser un escenario dónde los sectores marginados de este sistema puedan protestar y pedir su justo lugar dentro de la sociedad.

protesta-de-cartoneros-foto-de-telam-en-perfil.jpg

En la entrevista que concedió el año pasado a La Vaca, el catalán Manuel Delgado lo expresa claramente:

…es el lugar donde pueden pasar cosas, donde uno puede reclamar y ejercer su derecho a pensar en voz alta, donde puede reunirse con otros para hacer cosas distintas a circular en coche. Donde uno puede perderse o encontrarse, caerse y volverse a levantar, morir y resucitar. O como diría Virgina Wolf, donde las cosas se juntan. Gene Kelly lo vería clarísimo: donde uno puede cantar y bailar bajo la lluvia.

Pero evidentemente quienes administran el espacio público porteño niegan que éste sea un lugar de encuentro, de intercambio dentro de la heterogeneidad obvia que convive en una ciudad, y por supuesto del conflicto natural e inherente a las desigualdades que existen, que como dice Delgado:

“…no son la consecuencia de que las calles estén abiertas, sino de factores estructurales que son por definición injustos. ¿Qué vas a hacer para evitarlos? Vigilancia privada y toque de queda.”

En La Condición Humana, H. Arendt habla también de que el segundo aspecto de lo público, un mundo común a todos y diferenciado del lugar poseído privadamente por cada uno (página 61), se destruye cuando se deja de discernir la identidad del objeto (lo común a pesar de las diferencias). Esto ocurre cuando en esta sociedad:

“…los hombres se han convertido en completamente privados, es decir, han sido desposeidos de ver y oir a los demás, de ser vistos y oídos por ellos. todos están encerrados en la subjetividad de su propia experiencia singular, que no deja de ser singular si la misma experiencia se multiplica innumerables veces. El fin del mundo común ha llegado cuando se ve solo bajo un aspecto y se le permite presentarse únicamente bajo una pespectiva.

En el caso de la administración macrista esta única perspectiva es la privatización de lo público. Como diría Arendt, la conversión del interés público en la defensa de los intereses de una sociedad de propietarios que no por estar asociada abandona el carácter de su interés privado. Así lo privado retoma su sentido original antiguo, privar de la polis – lo público – a quien no posee, privarlo del espacio en el que se es libre, donde se es igual.

Así el excluido, el cartonero, el que “afea” la ciudad e “invade” los jardines y plazas debe volver al ámbito privado, a ese lugar en el que no es visible, en dónde el excluido pierde su derecho a expresarse y solo puede ser gobernado.

cartonera junto al producto de su trabajo en todoarquitectura.com

Claramente Michetti, Macri, Rodríguez Larreta son dignos alumnos de esa sociedad de élite en la que para participar de lo público hay que cumplir ciertos requisitos. El ciudadano ES porque cumple parámetros, quien se sale de ellos simplemente hay que esconderlo. Quizás de no verlos, con el tiempo, dejen de existir.

Como me dijo un amigo, la gente sabe muy bien como racionalizar lo irracional. Así que no nos engañemos, “garcas”, hijos de puta” y otras coloridas calificaciones que se siente tan bien exclamar, a veces simplifican un calculado sistema de acciones y discursos que sustentan la muy injusta sociedad en la que vivimos.

P.D. Un panorama sobre cómo viene la mano con el asunto de los cartoneros aquí.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 252 seguidores