Recuerdos. Serenos ahora. Pero de momentos terribles, personales y también ajenos. Un torbellino del sueño megalómano de un par de locos que arrastraron a cientos de personas. Y qué personas!!
Revisando los diarios hoy, vi una noticia sobre un músico (bajista) colombiano, Chucho Merchán, que vivió 30 años en Londres y tocó con algunos de los grandes mitos de la música inglesa: David Gilmour, los The Who, Eurythmics, entre otros.
En 1985 organizó un gran concierto en el Royal Albert Hall de Londres en beneficio de una de las peores tragedias del país, la desaparición de Armero, un pueblo de alrededor de 25 mil habitantes, bajo el lodo causado por la erupción del volcán Arenas del Nevado del Ruiz.
La nota decía que sería el telonero de un concierto de Roger Waters, según sus propias palabras, quien inventó Pink Floyd. No soy muy rockera, así que confío en su palabra.
Me sonaba, me sonaba el nombre… hasta que mencionó el famoso concierto ecológico de 1992 en Cali. Como dije no soy muy rockera y en esa época de no tanta juventud como de ingenuidad, lo era menos. Así que Roger Daltrey, David Gilmour, Phil Manzanera, Kool and the Gang y algunos otros, significaban lo mismo que casi nada en mi radar musical. Hoy me entero que también un desconocido grupo argentino – al menos para mí – Rata Blanca estuvo allí.
Lo que sí significó y mucho, fue la gran debacle que fue no solo el concierto que menciona Chucho Merchán, sino el evento general, tan grande y catastrófico como los sueños megalómanos de un par de hermanos con mucha labia. Los Rey vivían en una nube – o quizás en una tierra muy oscura y siniestra – y lo peor es que contagiaron no solo a un montón de crédulos, entre los que me incluyo, que trabajaron por nada, porque ni el sueldo nos pagaron, sino que además arrastraron a actores, científicos, políticos, ambientalistas y personajes de todo tipo en el planeta.
Todavía recuerdo los vistosos ropajes de esos africanos que habían volado desde lugares lejanísimos, algunos dos días enteros haciendo escala en varias ciudades europeas, esperanzados en aportan un poco más a la causa ecológica. Renombradísimos académicos brasileños que pasaban la noche entera preparando sus ponencias y consagrados actores y actrices cubanos, mexicanos y europeos que aportaban su brillo a un evento que supuestamente iba a hacer historia. Alfonso Arau, Lumi Cavazos y Marco Leonardi, ¿les suena? El director y los actores principales de Como agua para chocolate, estrenada ese año como el hit cinematográfico latinoamericano. Sí!! ellos también estaban en Cali, envueltos en la película mental de ese par de locos.
Ecomundo 92 tenía como slogan Encuentro mundial de Ecología y Cultura y fueron en realidad muchos eventos: Encuentro Internacional de Danza, Foro Internacional sobre el Agua y la Energía, Festival Internacional de Cine, Otros foros sobre preservación del medio ambiente y desarrollo sostenible, exposiciones de arte y por supuesto el – ahora veo en internet- recordadísimo concierto.
Y no solo caímos personas comunes y silvestres. Pepsi Co. patrocinó parte del famoso concierto, Avianca dispuso de cientos de pasajes de avión para todo el que llegara desde cualquier parte del mundo, El hotel Inter Continental, el Torre de Cali y muchos otros abrieron créditos ilimitados en habitaciones y servicios para los visitantes. Periodistas y políticos viajaron y recibieron a representantes de los organizadores.
Los eventos en sí fueron un absoluto caos y desorden. De lo que me consta, la numerosa delegación cubana estuvo días enteros encerrados en el hotel Aristi, esperando infructuosamente los viáticos que les habían prometido. No tenían un peso para moverse. A último momento, simpatizantes y admiradores del cine y la música cubana, les dieron una mano para que volvieran a su país y resarcir de algún modo la lamentable experiencia.
Los africanos vinieron y se fueron sin percatarse muy bien de lo que sucedía, o eso creo yo. Los brasileños sufrieron el incumplimiento en los horarios y el magro público que iba a las conferencias. En su gran mayoría eran estudiantes de secundaria obligados por sus profesores.
Y al final, el triste concierto donde todos llorábamos, no sabíamos muy bien si por el desolado espectáculo de un estadio semi vacío o por la catástrofe que ya era todo. Nosotros, simples perejiles eramos los malos para quienes, invitados, vieron durante días solo nuestras caras como representantes de una organización invisible, negligente e irresponsable. Y para los organizadores fuimos los idiotas útiles que sostuvimos su mentira, no me pregunten a esta altura del partido por qué.
Cuando todo tronó y cayó como un castillito de arena bajo las aguas de una ola brava de realidad, no solo la deudas millonarias en hoteles y aerolíneas fueron el gran escándalo, sino también la utilización de una causa muy justa para un megadesfalco que arrastró el nombre del país en un nueva veta de corrupción y suciedad.
No se bien quien ganó con esto, lo que sí se, es que todos perdimos y no solo los rockeros y artistas que donaron su trabajo. Perdimos los colombianos, la maltratada imagen de Colombia, perdió Cali, perdimos muchas personas que nos involucramos laboral y personalmente, perdió la importancia que debía tener un tema que hoy, en el 2007, tiene finalmente alarmados a algunos gobiernos y a una creciente población que está sufriendo la ira de la naturaleza.
Fue en resumen una catástrofe ecomundial.