Fauna humana

cupido-con-perro.jpgHoy fue un día caluroso. Sofocante y muy pesado. A pesar de eso, me levanté a las 8, como casi todos estos últimos días. En realidad es por acostarme tan tarde, desde que llegué a este país no puedo hacerlo antes de media noche.

Así que, como es sábado y a pesar del clima, salí para la plaza con Marino y Fiona, poco antes de las 9 de la mañana. Ya el sol pegaba fuerte.

Como todos los fines de semana, pasé por el kiosko y compré un diario, hoy fue La Nación, con la esperanza de pasar una tranquila mañana leyéndolo bajo la sombra de algún árbol. Y cómo la mayoría de los fines de semana, apenas si lo pude hojear. Soy sorprendentemente sociable en el parque…

La plaza es una pequeña comunidad en donde todos nos conocemos, con algunos nos saludamos, con otros apenas nos miramos cotidiánamente, charlamos con varios y con algunos pocos, incluso nos vemos en otros ámbitos.

No es sino entrar y te encuentras con la señora pesada que siempre está contándote sus penas y la que cree que su perra es realmente su hija. También está la simpática sesentona dueña del pequeño Yorkshire con la que siempre cruzas agradables conversaciones sobre lo cotidiano en el Centenario. O la cincuentona amargada que nunca ve nada bueno en las novedades que suceden y siempre descubre el lado sombrío de cualquier acto de bondad o de alegría. Por supuesto ni sus perros, su única compañía en la vida, se salvan: “Me encantan, pero son esclavizantes, no los soporto a veces, no les tengo paciencia…” Pero bueno, ya lleva cuatro recogidos en la calle.

Y está por supuesto, el hombre al que le cambió la vida haberse encontrado una pequeña perra mezcla de galgo a la que le puso Linda. Al principio no se diferenciaba de los “sin techo” que viven en el parque. Quizás ellos laven los pantalones con más frecuencia, que lo que lo hacía este hombre, ¡se paraban solitos de lo tiesos que debían estar de la mugre! camisetas rotas, barba descuidada de semanas, uñas negras y una barriiiiga cervecera… No! que cervecera… pizzera, asadera y cualquier cosa que se atravezara, supongo.

Un saludo primero, buen día, otro día un mimo a la perra tan inquieta y correlona, que linda Linda, muy simpática, y esas sonrisas que sacan tener en común la adopción de un perro. La inclusión de a poco en ese grupo tan disímil que se armó gracias a la humanidad que nos aporta tener animales.

Y de pronto el ‘jean’ ya estaba limpio y la camiseta, usada pero impecable. Semanas después nos sorprendió con una conversación de más de tres frases. Vivía solo y se encontró a Linda en Liniers por la calle, abandonada.

Y comenzó a reir con frecuencia, de los saltos y las largas carreras de Linda, de las bromas de otros ‘socios perrunos’, de la pobre señora que es objeto de los comentarios venenosos de la pequeña comunidad. Y los demás lo acogieron con naturalidad. Con la actitud abierta que produce estar en un lugar como el parque Centenario con nada más en común que el cariño por las mascotas propias y por añadidura, por las de los demás. Esa afinidad que une y que la produce sentir el corazón lleno por miradas confiadas y dulces, por la adoración reflejada en la desprevenida pupila de un perro de compañía, eternamente agradecido.

Meses después, cuando ya hubo complicidad, códigos comunes y las conversaciones cruzaron el umbral del tema canino, llegó cuidadosamente rasurado. Ahhh, contó que está buscando compañía… por internet. En realidad se lo contó a los hombres, no a todos. Pero somos una muy pequeña comunidad y todo se supo. Las cosas son así, ‘pueblo pequeño, infierno grande’ y el fuego comienza con incipientes fogatas.

Y comenzaron de nuevo los comentarios, el corre ve y dile, el lleva y trae. Ya el tema de la pareja dispareja que se armo y luego rompió ya fue, había perdido su brillo, estaba muy manido. Necesitábamos sangre nueva y el dueño de Linda fue un buen nuevo tema para entretener los fines de semana.

Un día contó, como buen nuevo miembro de esta pequeña fauna, que había encontrado a la pesada del grupo en una página de internet para buscar pareja, con una foto en la que aparecería con 30 años menos. La reconoció! Por supuesto, el veneno circuló de manera generosa de boca en boca e incluso hubo quien especuló con la pareja tremenda que harían. Risas y más risas.

Después apareció entonces la buena samaritana que le dijo que tenía que cuidar también su figura si quería conquistar alguna chica. No le dio mucho crédito Nooo, si las mujeres lo único en lo que se fijan es en la plata… pufff, se le había comenzado a ver el cobre.

Bueno, con esa actitud, no vas a conseguir a nadie. Parece que lo pensó y después de varias semana y muuuucha insistencia, comentarios con buena leche y otros no tanto sobre comer bien y hacer dieta, de pronto apareció: Buen día! y siguió de largo y lo vimos pasar caminando rápido con su adorada Linda, una, dos, tres veces. Y nos dimos cuenta que estaba vestido deportivamente.

Cuando finalmente se detuvo, explicó. Estaba haciendo ejercicio! Por recomendación médica debía caminar rápido, no correr, por el sobre peso y la vida sedentaria que había hecho hasta entonces. Y estaba a dieta, además! pollo a la plancha, verduritas y esas cosas que mandan a comer los nutricionistas. Nadie daba crédito…!

Un año, quizás un año y medio después, el dueño de Linda era otro hombre! Y después de casi dos meses de caminatas y casi diez kilos menos, todos re – incorporamos a este nuevo personaje del grupo. Eso sí, siguió buscando novia por internet, aunque ahora también le recomienda a Diego lugares para ir de rumba y por supuesto, conocer chicas.

Bueno, ya está. Linda ya fue, ahora nos concentramos en el nuevo tema del parque. Esa Andrea es tremenda, no deja títere con cabeza… ¿quien?, la chica esta, la que tiene dos siberianas…. ahhhhh sí!… Y comienza todo de nuevo, una vez más…

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