Colombia desde la distancia

MosaicoTengo la costumbre de leer medios colombianos en internet para mantenerme al día con los grandes hechos que ocurren en mi país. No hay una semana en la que no pase nada. Pero pasar, pasar en serio. El para – gate, el das – gate, luego la renuncia de la canciller, las declaraciones del ministro del interior, las responsabilidades de una masacre que amenaza con ser uno de los casos más graves de violación a los derechos humanos, los cinco años del secuestro de Ingrid Betancourt, las tenebrosas Aguilas Negras, la entrevista del Presidente a Le Figaro y luego las respuestas de los involucrados, etc., etc. Hasta el Transmilenio, maravilla de hace unos años, anda colapsando!! La mayoría de estos hechos dignos de llevar la terminación gate.

Y me pregunto cuál es la Colombia que viven todas esas voces que cuando cuando salen del país me dicen que Colombia está mejor, que ahora hay más seguridad, que vamos creciendo. Y adicionalmente llegan con aires superados a criticar lo que ven en tierras ajenas comparando inutilmente, como si cuando se habla de cultura o costumbres pudiera calificarse alguna como superior o mejor.

Me parece que son voces anestesiadas frente a una realidad que si bien me llega a retazos, es parte de una verdad que no hace que esos hechos pavorosos dejen de ser ciertos. Tal vez ellos conozcan de sucesos que yo no percibo a la distancia, pero ¿eso hace que mi Colombia, la que veo, sea menos real? o ¿será que esa Colombia que ellos viven, quizás de manera más integral, a fuerza de cotidianeidad reduzca el impacto y la fuerza de hechos escandalosos y denigrantes para la vida humana?.

Me tranquiliza que también haya ojos que ven, allá mismo, la suciedad que se percibe desde estas latitudes, y lo denuncian. Tranquilidad para mi juicio solamente, porque lamentablemente la Colombia desde mi distancia no es fantasía ni producto de los kilómetros.

Tampoco es producto de la mala prensa extranjera o de la parcialización o magnificación por parte de periodistas foráneos de lo que pasa. En todo caso, ¿Cómo podrían magnificarse acciones que ya en sí mismas son grandilocuentes? Y no es la prensa de otros países a las que solo les interesa publicar problemas de orden público o narcotráfico, la culpable. Al menos aquí, el inmenso y escandaloso caso de la convivencia entre paramilitares y clase política no ha tenido gran repercusión, salvo cuando renunció la Canciller.

Así que, ¿No es hora de que comencemos a pensar que el agua sucia la producimos nosotros mismos?

Afortunadamente un airecito fresco corre y también me entero de los 80 años de Gabo, de los 40 de la publicación de Cien Años de Soledad, de los 60 de su primer cuento y de los 25 de su premio Nobel. Y dedico un par de horas a leer viejas crónicas de cuando era periodista, con el ánimo de apropiarme de enseñanzas veladas que me puedan dejar esos frescos de otras realidades y otros personajes.

Así también recreo mi vista y mi memoria con las maravillas geográficas y arquitectónicas que encierra Colombia y que, como un descansillo de lectura, ayudo a elegir, para sumar símbolos a un país que pese a todo exuda vitalidad y que en encuestas realizadas imultáneamente en varios países, sus habitantes han resultado ser los que se consideran más felices.

No, no es contradictorio, es Colombia.GGM en especial para la revista Cambio

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