Pasión por el teatro – II –

teatro.jpgCuando se realizó esta charla, la Argentina llevaba pocos meses de un nuevo gobierno, el del relativamente desconocido ex gobernador de Santacruz, Néstor Kirchner. Había una tibia esperanza para una sociedad golpeada por la crisis de diciembre de 2001. Trataba de recomponerse. Sin embargo, todavía existía un enorme escepticismo sobre la posibilidad de cómo arañar las paredes de ese pozo profundísimo en el que habían caído.

Paradójicamente el teatro vivió, como reacción, una catarata de nuevas manifestaciones y nuevos espacios independientes aparecieron.

Lorenzo Quinteros, un curtido en estas artes, habló también sobre el papel de las artes y el teatro en una sociedad en crisis.

Ver también Pasión por el teatro – I – .

¿Cree que el gobierno tendría que subsidiar el arte o al menos apoyarlo de otras maneras?
Creo que sí. El gobierno debe, más que subsidiar, darle un espacio importante, como a la educación…

Bueno, pero a la educación siempre le están recortando el presupuesto…
Sí, pero a pesar del conflicto, las contradicciones y las miserias que hay, nadie duda que la educación sea un gasto del estado. El arte tiene que ser un gasto del estado, como también lo es la salud pública.

Más que el arte, la cultura debe ser considerada como una de las inversiones para el futuro de un país. El arte no responde exactamente a los mismos lineamientos de la cultura. A veces el arte hasta parece anti – cultural porque es trasgresor o trabaja disminuyendo elementos culturales. Por eso a veces hay cierta confusión que habría que analizar detalladamente en la relación entre el estado y el arte, pero no hay ninguna duda que corresponde al Estado apoyar la cultura.

¿Cómo sería una relación entre la cultura y el Estado, más allá de su relación económica?
Creo que está haciendo bastante en la Argentina, porque yo no pido más que eso. El arte, a veces, cuando tiene demasiado apoyo económico se achancha, se aplana, pierde la fortaleza que le da la necesidad o el hambre.

Hay anécdotas que me han contado, los españoles por ejemplo, donde hay tanta plata para subsidiar obras de teatro, que en realidad los artistas dejan de trabajar por aquello que los mueve internamente, para decir algo a la sociedad o para contestar algo. Trabajan solamente para conseguir el subsidio. Y eso es peligroso.

No quiero decir con esto que el Estado no deba subsidiar, pero creo que debe apoyar para que el movimiento teatral exista, se expanda y que los actores no sintamos que estamos recibiendo migajas o limosnas. Pero tampoco pretendo que nos mantenga.

¿Que dificultades tiene hacer teatro independiente aquí en Argentina?
Por un lado están las económicas, porque generalmente estos teatros no dan y tienen que sostenerse de otra manera. Este teatro (El Doble) por ejemplo, se sostiene con un porcentaje pequeño que da el Instituto Nacional del Teatro y por otro, por el estudio para alumnos. El teatro es mantenido por un consorcio porque por si mismo no se mantiene.

Por otra parte, las dificultades tienen que ver con el público. El teatro independiente es apreciado y tiene prestigio, pero en realidad nunca se lo termina de considerar algo de la sociedad. Esta condenado a ser considerado de grupos pequeños. Por eso, en general, la gente no aceptaría que en un teatro independiente la entrada costara más de un tercio de lo que cuesta la entrada a un teatro comercial.

Y yo me pregunto ¿Por qué si la gente es capaz de pagar 25 o 30 pesos para ver una tontería en Calle Corrientes, aunque esté super – producida, no acepta pagar más de 8 pesos en un teatro chico?. Al contrario, los teatros chicos tienen siempre más gastos, acá los impuestos son iguales y no existen los patrocinios ni la capacidad de recuperación por el mismo valor de la entrada.

¿Es real el “boom” de producciones teatrales que hubo luego del desastre del 2001? ¿Transcendió en una mayor afluencia de público?
Sí, pero me parece que no es tan sencillo. Después de la crisis, siento que hubo un cambio en el público. Ahora tiene ganas de salir otra vez, lo que es muy saludable. Van al teatro, al cine, hay más vida cultural afuera. En contraste, antes lo único que tenían como canal de comunicación era la televisión, porque en una época se hablaba todo el tiempo de la inseguridad que había en las calles.

Pero eso es más reciente…
Sí, hace pocos años. Todo eso eclosionó con la caída de De La Rúa. La crisis viene de antes. Refiriéndome al público específicamente; pareciera que ahora esta más animado, mas optimista y eso hace bien…

Pero lo que se percibe todavía es un sentimiento de pesimismo, y no solo hablo de su actitud hacia el teatro, sino en general…
No, en el campo político hay optimismo. Hace dos o tres años, no. El gobierno de De la Rúa fue un gobierno que nos ensombreció, parecía que estábamos condenados a ser un pueblo de tontos y de inútiles y eso se transmitió. Porque creo que un presidente de la República es un símbolo, por algo esta ahí.

Me parece que eso ha cambiado, hay una expectativa, la gente ayer lleno la plaza del Congreso. La gente fue escuchada, de alguna manera. Eso es bueno y le hace bien a la sociedad. Yo creo que eso genera optimismo.

Eso es de hace tres o cuatro meses, con el nuevo gobierno…
Ah sí, sí, seguro que eso es con el nuevo gobierno…
Por otra parte, en el plano de los artistas o del quehacer teatral no es algo de ahora, viene de mucho antes. El movimiento teatral argentino es muy importante desde hace mucho tiempo y en los últimos años, – 10, 15, 20 años – se ha hecho mucho teatro. Además se ha pulido mucho su ejercicio y es admirado en otros partes del mundo.

En su trabajo en la Argentina hay un espacio vacío entre 1974 y 1984… ¿Se fue por la dictadura?
Me fui a raíz un poco de eso, no perseguido de una manera directa, pero si expulsado por el régimen y por la atmósfera que había aquí. Yo no tenia libertad. Aún así, me podía haber quedado. Pero me sentía realmente mal, no podía hacer cosas que quería hacer, tenía amigos que desaparecían. Me estaba tocando muy de cerca todo lo horroroso que estaba pasando.
Y bueno… me invitaron a un festival en Londres y aproveché y me quede por allá. En España realmente.

¿Cómo ve el futuro del teatro en Argentina?, ya sé que ve las cosas con optimismo…
Yo te hablaba de la gente, no de mí… (Risas).
Tengo la sensación de que el teatro está en un momento que es consecuencia de una historia muy buena, muy potente y fructífera, tenemos directores y autores jóvenes.

Tengo la sensación de que va a producirse algún tipo de cambio y que de la misma manera que se llego a esta culminación, también se dejó de lado aspectos del hecho teatral que en algún momento tienen que ser desarrollados.

Se ha enfriado mucho el teatro como arte, se ha hecho muy estético, bastante más formal que otra cosa y se ha exacerbado el trabajo sobre los lenguajes y no tanto sobre lo que esos lenguajes pueden darnos como elemento de comunicación.

A eso se va a volver en algún momento. Tanto el actor como el director o los autores van a dejar de lado las cosas más ligadas a lo estilístico y van a ocuparse más de la vida.

¿Y el cine actual argentino?
Lo que espero es que el cine siga haciendo lo que está haciendo. Que tenga más recursos, que se acerque más a una producción industrial y no sea tan amateur.

Que no sea solo de esfuerzos individuales…
Sí, porque eso no genera un movimiento real.

Para terminar, quiero hacerle una pregunta que se hizo la escritora sudafricana Nadine Gordimer en una auto-entrevista… ¿Qué carencia hay en su vida?
¿Qué respondió ella?

En pocas palabras, que se sentía fuera de una parte de la cultura sudafricana a la que pertenecía y sentía propia, porque con amigos negros de ese país solo hablaba en ingles y ellos entre sí hablaban en sus lenguas nativas de las cuales ella solo entendía algunas palabras.
Bueno, en lo personal, algo íntimo… Yo siempre digo que hay una carencia de ternura, quizás sea solo en mí o quizás en la sociedad en la que vivo ahora, es un valor del que se carece…
Y en el plano de mis relaciones sociales… siento carencia en la comunicación con los demás. Una comunicación que no esté filtrada por el arte teatral, por el oficio, que no pueda establecer comunicaciones de otro tipo. Si yo pudiera hacer un viaje, iría aun lugar donde nadie supiera que hago y me interesaría que todos los vínculos se desarrollaran a partir de lazos diferentes a los del oficio teatral.

Después de una hora corrida de charla, la despedida deja precisamente una carencia, porque Quinteros transmite y contagia más allá de su pasión por el teatro, una querencia absoluta por la vida y por transmitirla.

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Un comentario en “Pasión por el teatro – II –

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