Ni don Juan Carlos ni el camarada Chávez

Chavez por Bob Row y el rey por Paco GuzmánAhora que bajó la polémica sobre el manoseado y posteado cruce entre Juan Carlos de Borbón y Hugo Chávez, y las cabezas están un poco más frías, los discursos menos calientes y los argumentos más pensados, solo tengo claro que la razón no es completa para ninguno y que el ataque no es la mejor defensa. Mi primera impresión sobre el asunto se ha enriquecido con razones de uno y otro lado.

Las mil y una percepciones del mismo episodio aclaran y confunden al tiempo. Tratando de llegar a alguna conclusión leo puntos de vista a favor de Chávez, en contra de Chávez, a favor del rey, en contra del rey. Algunos con argumentos lúcidos, otros con simples discursos panfletarios.

La mayoría de los anti monárquicos sacaron la discusión del contexto de la reunión y se dedicaron duro y parejo a liquidar al rey por los intereses que representa, su relación con Franco, su vida “un tanto” parásita, a endilgarle posturas de superioridad prepotente propias de la época colonial.

Entre tanto insulto y ridiculización de su figura me encontré con la utililización ad-hoc de un texto memorable, una poesía del siempre vigente Gonzalo Arango, fundador del nadaismo a finales de los 5os:

SALVAJE ESPERANZA
Eramos dioses y nos volvieron esclavos.
Eramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Eramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Eramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.
gonzaloarango
 

Y luego me enviaron una defensa del exabrupto de Chávez escrita por el dramaturgo Eduardo Pavlovsky en Página 12 y de la cual éste es un fragmento:

… Necesitamos exabruptos que expresen los ojos reventados de hambre,
los dolores infinitos, los aullidos. Que exploten toda la impostura
y de esos escombros el lenguaje nuevo. La belleza de los restos,
poesía de los escombros. A la hoguera con los lenguajes viejos,
olor a trampa, a impudicia, a corrupción por todos los rincones .
 

Después de la bellísima arenga de Arango, de la apasionada defensa del exabrupto, pasando por archivos contundentes contra el monarca, casi casi celebré a Chávez.

Pero cuando el ataque llegó con la defensa del “presidente del pueblo” como si fuera casi un mesías, desconfié de tanta belleza. Y entonces busqué y recordé el golpe de estado de febrero de 1992 que encabezó contra otro presidente elegido, y cuyo aniversario celebró como “el día de la dignidad”, busqué y encontré su constante acoso a la prensa opositora en Venezuela, busqué y encontré las acusaciones por nepotismo y corrupción a su administración, busqué y encontré… y ya no celebré tanto.

Y entonces volví al asunto original, las constantes interrupciones de Chávez a la intervención de Rodríguez Zapatero y la salida de pantalones de don Juan Carlos como le dicen, en la Cumbre Iberoamericana – que se sabe es un 80% de protocolo y un 20% de sustancia, lo importante ya está cocinado desde antes – .

Y entonces vi a un presidente maleducado, que no es tan democrático ni transparente con prácticas similares a cualquier otro, que no respeta a otro par. Y vi a un rey anacrónico y soso, un poco prepotente y acostumbrado a que le rindan pleitesía, que perdió la paciencia ante la grosería. Y todo ante las cámaras.

Y vi el show mediático que sirvió para desempolvar resentimientos y conocidos discursos contra la madre patria, idea que en todo caso y en otros ámbitos se sigue cultivando sin mucho cuestionamiento de este lado del charco.

Así que decidí no estar de ningún lado y reirme “no más” del acaloramiento que debió pasar la presidenta Bachelet y del soponcio que casi seguro sufrieron los de protocolo de la diplomacia chilena.

Nosotros seguimos teniendo a España como referente con rey obsoleto incluido y Chávez sigue siendo un presidente latinoamericano de prácticas no muy claras con muchos dinero en el subsuelo.

P.D. Recomiendo la columna del sociólogo colombo-español Carlos Castillo Cardona, una mirada ecúanime sobre el asunto.

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4 comentarios en “Ni don Juan Carlos ni el camarada Chávez

  1. La teoría de los dos demonios no aplico, aplica ni aplicará en ningún lado del mundo, fracasó en el juicio a los jerarcas Nazis y en el juicio a las juntas militares del último golpe de estado Argentino. Está claro que el demonio está de un solo lado de la cuerda, está clarísimo que uno de esos dos personajes defiende los intereses de su pueblo y de su región y el otro defiende instituciones medievales y asesinos a sueldo. Solo hay que saber mirar.

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  2. vvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiivvvvvvvvvvvvaaaaaaaa ccccccccccccccoooooooooooommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmbaaaaaaaaaaateeeeeeeeeeeeee
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