Estupidez humana

contra_el_racismo-encontrada-en-wwwpsoe-peorg.jpgOdio los lugares comunes, los clichés y las frases gastadas. Si utilizo algún o alguna de estas figuritas es porque no encuentro otra manera de expresar lo que quiero decir y eso habla de mi menguada capacidad narrativa y no tanto del límite del lenguaje.

Y hoy, en un nuevo encuentro del Club del Can me quedé sin palabras. Mi estupefacción ante un hecho relativamente nimio pero que determina la naturaleza de ciertos seres humanos me llevó a concluir lo mismo que seguramente pensó de algún conocido Albert Einstein cuando citó su famosa frase:

Sólo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana… y no estoy seguro de lo primero.

No encuentro palabras más ciertas en este momento para referirme a este personaje del parque, que cada vez suma una nueva veta para hacer de esa máxima una purísima descripción de su carácter.

La susodicha, personaje conocido en este blog, no es parte del Club del Can, pero cada tanto aparece con sus perras maleducadas. Ni se da por enterada que se le tolera apenas. Al menos por mí, no quiero comprometer a otros miembros.

Debí imaginar que algo no estaba bien cuando ayer la vi caminar por los jardines internos del hospital.

Pues hoy supe que una de sus perras había matado a uno de los tantos gatos que habitan el lugar. Son gatos tranquilos que no solo toleran la presencia de los miembros caninos del club, sino que además conviven con ellos cuando algunos llegan con B., la señora que cada noche en su auto les trae alimento.

Y no era el primero, era ya el tercero!

Pero, pese a lo desagradable que es siempre saber de este tipo de episodios y aún conociendo los antecedentes de negligencia e irresponsabilidad con sus mascotas, por sí solo no era evidencia suficiente para mi calificativo. Pero como efectivamente parece que la estupidez es infinita, los argumentos fueron reforzados para llegar a la absoluta certeza.

Ante el justo e indignado reclamo de mayor control, por ejemplo con un bozal, respondió:

No!, pero es muy chiquita...

¿Qué cree que fue eso? ¿Pura rebeldía adolescente? Cuando crezca y madure, ¡¿Lo va a pensar mejor y se va a dar cuenta que no está bien matar gatos?!!

Y ante las miradas atónitas de quienes escucharon contar la “gracia” de su perra, se justificó con un:

…Pero era un gato feito, negro…

F. acuño el término zoonazi para ella. Más allá de la sonrisa que me arrancó la ocurrencia, pensé que se merecía un epíteto más general, porque para mí hay síntomas que son determinantes para diagnosticar la enfermedad. Y este es uno de ellos.

Y la verdad no importa si es en el ámbito más privado, en la vida social o en lo que se juzga de quienes son líderes de opinión y de gobierno, para mí las muestras de intolerancia, el menosprecio por el otro y por la diferencia, es lo que nos tiene viviendo en una sociedad de antagonismos insolubles.

Sí, la estupidez humana es infinita y en pequeñas muestras vienen las pruebas.

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