Esperanzas postergadas

velas-por-los-secuestrados-afp-bogota-dic-20-07.jpgTodavía no se han publicado aún los enemil análisis de lo que pasó con la famosa “operación Emmanuel”. Lo que sí está claro en toda esta maraña de enojos, acusaciones, insultos, egos y manipulaciones, es que los únicos que siguen pagando el mayor costo de esta guerra que no es solo militar, son los secuestrados y sus familias.

Hoy, algunos amigos chavistas declarados, no dudaron en culpar a Uribe de haber “dinamitado” el acuerdo humanitario, utilizando la misma palabra que usó el presidente venezolano. A priori ya desconfían de la veracidad de las palabras del gobierno colombiano y de la razón que dió para que las FARC no cumplieran: Que Emmanuel no estuviera en su poder, sino que estaría desde 2005, bajo la tutela de la entidad gubernamental – ICBF- en Bogotá.

Y los defensores de Uribe, que siguen siendo muchos, celebran el desenmascaramiento de los “terroristas de las FARC” que siempre engañan, como dijo el consejero colombiano para la Paz, a la opinión pública.

En la última semana del 2007 traté con esperanza, de pensar bien de todos los actores políticos de este show – no por ser intolerablemente trágico deja de ser show -.

Esperaba que Uribe dejara a un lado el certero golpe a su protagonismo en el asunto de los secuestrados. Que aceptara replegar su inflexible discurso guerrerista en aras de la vida de Clara Rojas, su hijo y Consuelo González.

Esperaba que las FARC cumplieran con el “desprendido” acto humanitario de liberar a tres secuestrados de los cientos que tiene en su poder. Que ganen lo que quieran en estatus político frente al mundo, que traten de mejorar su imagen con la asistencia de Chávez, si con ello se logra que dos mujeres vuelvan a vivir,un niño tenga por fin una vida y de paso en Colombia se comience el año con una esperanza.

Esperaba que a Chávez le diera resultado una vez más su obvia ascendencia sobre la guerrilla. Que haga el espectáculo que quiera para afianzar su liderazgo regional. Que traté de ganar puntos para recuperarse del referendo perdido el pasado 2 de diciembre. Que importa en este momento si con ello le está otorgando un lugar que no merece a esa poderosa cuadrilla de delincuentes que se lucran del narcotráfico y el secuestro.

Pero no.

La guerrilla no cumplió. Y aunque Chávez camine por esa cuerda floja de darle credibilidad y convertir a esos criminales en contraparte válida, no se puede perder de vista que ellos son los causantes del drama de los secuestrados. Son los que encadenan y son los que asesinan.

Uribe no se aguantó y se despachó con una teoría temeraria con visos de oportunismo. ¿Por qué no esperar a tener la certeza de la identidad del niño? ¿Por qué no manejarlo de manera confidencial y con la familia, en primera instancia? ¿Por qué no darle prioridad justamente a la parte humana del asunto? ¿No habrá sido solo una manera de volver a tener el control de un proceso político que, en el propio territorio que gobierna, se le escapaba de las manos? Que las FARC mienten, engañan… ¿y que esperaban, palabras de honestos ciudadanos?

Y Chávez… Ojalá en su afán de recuperar imagen y de que su papel de mediador le de buenos dividendos políticos, no les esté fungiendo de relacionista público internacional a las FARC, para que sigan con aires renovados en este 2008, extorsionando, secuestrando, matando y desplazando a miles de ciudadanos civiles en Colombia y en los países vecinos.

Cómo cita el periodista Daniel Samper Pizano en su columna de opinión, en Colombia “Todo es grave pero nada es serio” .

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