Una de arena y muchas de cal

de www.3sonmultitud.8m.comEntre la cantidad de ires y venires alrededor del fracaso de la comisión humanitaria y la posterior aparición de Emmanuel en Colombia, el hijo de la secuestrada Clara Rojas, lo único bueno que ha resultado de todo esto es la confirmación de que el niño está bien y será entregado a su familia materna.

Para los actores en todo este enredo de versiones lamentablemente Emmanuel es solo una carta política, y no una víctima más de esta trágica peste que carcome a ese país abandonado de la mano de Dios, como diría mi abuela si viviera.

El periodista Antonio Caballero en su columna del domingo la dibuja perfectamente:

...lo que importa no es la persona del niño, sino la utilización oportunista de su existencia para los respectivos intereses políticos. Hay que exprimirle al niño todo el jugo político que tenga, y poco importa si se muere el niño exprimido.

Y así es. El “triunfo” que se adjudica el gobierno le permite retomar la batuta de la “negociación”, que se le había ido de las manos por obra de Sarkozy, Chávez y los países garantes. Con la salida en falso de la guerrilla, que calló en el fango de su propia porquería y se descubrió como mentirosa y poco confiable para un posible acuerdo humanitario, la vía militar vuelve a ser la respuesta de Uribe al drama de los secuestrados. Así lo expresa el periodista Felipe Zuleta en su blog:

Por cuenta y riesgo de Las ratas de las FARC tenemos Mafioso para rato. Cada palabra, acción, petición o reclamo del grupo guerrillero produce en los colombianos rabia y dolor que se traduce en un apoyo incondicional a Avaro Uribe Vélez y a sus cómplices de Palacio.

Y hoy el canciller Fernando Araujo, quien paradójicamente estuvo secuestrado durante seis años por el mismo grupo guerrillero, ya está preparando el terreno para el endurecimiento sin derecho ‘al revire’ de los países que quisieron mediar:

Gobierno colombiano no tolerará más comisiones humanitarias como la que estuvo en Villavicencio.

Este retroceso solo trae mayor zozobra para la secuestrados y para sus familiares, pues las puertas y las posibilidades de presionar por un acuerdo se cierran. Si antes el gobierno no necesitaba muchas razones para la intransigencia, ahora tiene la  antipática pero incuestionable carta del “yo se los dije”.

Para completar este rompecabezas de poder, la prensa entró también en el juego. En este caso el poder de la primicia; la revista Semana de Colombia acaba de publicar el testimonio del campesino que recibió de manos de las FARC al niño. No está mal para aclarar esta madeja de enredos. No solo relata los terribles primeros años del niño, sino que además desnuda la cruda realidad de los que viven a merced de esa violencia incrustada en la Colombia que no sabe de negociaciones humanitarias internacionales y donde solo están los que tratan de sobrevivir el fuego cruzado de esos intereses políticos ‘superiores’.

El problema es que, contrariando la expresa petición de la directora del Instituto de Bienestar Familiar que pidió mayor discreción de los medios para proteger la identidad del menor y respetar su derecho a la privacidad, Semana publicó la foto parcial (los ojos) del niño, seguramente filtrada por algún otro poder, que de manera clandestina movió su ficha.

Una vulneración más a los derechos fundamentales de Emmanuel que como dice Antonio Caballero, desde que se supo de su nacimiento lo están partiendo a tirones en dos mitades entre el establecimiento y la guerrilla. Y del establecimiento están participando también los medios de comunicación.

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