Vigilancia ciudadana

//gabyrouge.spaces.live.comEstoy escuchando en la radio que Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior de la Nación, pidió a los encargados de edificios que informen al gobierno sobre la cantidad y el uso de los equipos de aire acondicionado que utilizan sus inquilinos.

Tras la noticia, comenzaron toda clase de comentarios sobre esta medida y sobre la que ya viene dando vuelta en los medios, las dos bombillas o lamparitas de bajo consumo por casa que hace días andan anunciando que van a repartir. Todo esto para paliar y no solucionar la anunciadísima crisis energética.

La verdad es que pasan los días, ya casi estamos a mediados de enero y todavía se está discutiendo sobre la conveniencia de dejar entrar o no a la casa a alguien para cambiarlas. Y ahora se suma la conocida fórmula del informante ciudadano, o buchón como dicen aquí, para hablar mal y rápido.

Dos cosas me llamaron la atención. Bah, no me sorprendieron, pero no por sabidas dejan de ser lamentables. La primera fue la reacción de la gente que llamó. La mayoría comenzó a supurar el resentimiento por el otro, en este caso encarnado en el encargado del edificio que no tendría que cumplir ese rol triste de ser los ojos del Gran Hermano, en vez de pensar en el problema colectivo. Ese individualismo que hace que siempre la responsabilidad sea de otro y que no nos deja articularnos como sociedad:

“Yo pago la luz que gasto ¿por qué tengo que decirle al señor encargado si tengo o no aire acondicionado?”

“El encargado siempre va a decir que tengo el aire 24 horas…”

“El encargado de mi edificio tiene aire acondicionado, no se va a denunciar él mismo…”

Solo justificaciones para no hacernos cargo del papel que cada uno debemos cumplir en la construcción de una sociedad. Aunque esto es un asunto de convivencia. Lo más grave es lo que a mi juicio está realmente en juego en esta noticia.

Por un lado, la manipulación de un negocio de las empresas multinacionales de intereses privados y netamente económicos con la complicidad de los estados. Y para que esto siga en las sombras, esa idea complementaria y necesaria de que la culpa es de quienes de manera particular y casera tratamos de aliviar los 40 grados de sopor y calor que nos invaden por estos días. Cómo lo dijo hoy el jefe de gabinete Alberto Fernández, la crisis es un asunto de distribución o sea, se usan muchos aires acondicionados al mismo tiempo.

Para afianzar además esta idea, nos ponen a pelear entre nosotros, los ciudadanos de a pie. Ahora uno de nosotros debe vigilar al otro para delatarlo como ‘infractor’ de sufrir más el calor.

Mi deformación de origen me trae a la mente esa tenebrosa política del gobierno uribista en Colombia, que no es de su autoría ni mucho menos, pero que refuerza eficazmente su política autoritaria en contra de todos los principios internacionales en cuanto al estatus neutro que debe tener la población civil: la red de informantes.

Quizás sea exagerado comparar ambas iniciativas, en Colombia se aplica en graves circunstancias de violación a los derechos humanos y en Argentina es una tibia medida para instar el uso racional de la energía. Pero ambas apuntan a la misma inquietante política gubernamental: la renuncia del papel del Estado a garantizar y proteger los derechos básicos de sus ciudadanos.

Lo peor es que esta idea fascista de control está en esta oportunidad al servicio de taimados intereses privados.

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