La eventualidad de vivir

fotografia-de-la-coleccion-alquimia-de-eduardo-palma1-en-atelierworldcommx.jpg Pareciera que pese a tanto adelantos tecnológicos, tantos avances de la humanidad para alargar la vida y disfrutar cada vez más con sofisticados métodos, el hombre sigue a merced de una naturaleza llena de misterios e imponderables. A veces perdemos de vista qué es importante en la vida y qué es vital para la vida.

Victoria Encarnación Ortiz murió el pasado diciembre, a los 114 años y 11 meses. Había nacido el 31 de diciembre de 1892 en Barbacoas, un pobre y perdido pueblito al sur de Colombia. Su cédula de indentidad lo confirmaba. Su familia andaba preparando la celebración de sus 115 años y, sin ironías, parece que realmente les sorprendió su repentina muerte. Meses antes, en una entrevista, los periodistas ansiosos por descubrir la formulita para vivir tanto, la interrogaron:

¿Cómo se alimentó en su juventud? El alimento que me daba mi mamá. Comida pues.

¿Qué se comía en su época? Comida normal, carne, pescado, frutas, ratón de monte que cogía con trampa, pero no me comía la cabeza porque no me gustaba, y conejo (guagua)….

(……..) ¿Trabajó alguna vez?
Yo, claro que trabajé angelito de Dios, playando el oro en mi tierra Barbacoas con una batea a las afueras de las minas en el monte. Pero ahora no sirvo para nada.

(…….) ¿Qué vicios ha tenido?
No me deben faltar mis cuatro o cinco cigarrillitos diarios y una que otra copita de aguardientico o vinito. ¡Ah! también me gusta la cervecita.

Hace pocos días la madre y las hermanas de mi amiga F visitaron Buenos Aires. Fue un encuentro que quiso ser ligero y alegre y lo fue en cierto modo. Pero estuvo salpicado de recuerdos y dolor velado que reposaban desde hace años. F, que me cobijó en su mundo y fue como mi familia en México, murió hace casi dos años y no estuve con ella en su último tiempo. Solo lloré sobre su recuerdo.

No había cumplido aún los 40 años y en los últimos tres dedicó toda su energía a pelear contra esa enfermedad que finalmente la venció. Vivió bien, salvo esa última etapa. Amaba viajar, comprar, comer tacos de barbacoa con chile y comida japonesa. Cada tanto me arrastraba a casa de una bruja para que nos “tirara las cartas”, quería saber sobre el futuro antes de vivirlo.

Nadie puede responder ahora cuál fue el secreto de su corta vida. Y aunque se pudiera, sería tan inútil como preguntarle a doña Victoria sobre su “oculta” estrategia para estirar la de ella.

La vida sigue teniendo un manto de sorpresa y un futuro inesperado. Quizás justamente para que sigamos teniendo esperanza en eso que aún no llega.

A pesar de que el hombre ha construido un sofisticado hotel-burj-al-arab-de-dubai.jpg y prepotente mundo y a las pretensiones george-bush.jpgy soberbia de algunos, la vida sigue teniendo desafíos que debemos tomar y los caminos todavía siguen siendo elección de cada uno.

No somo sino uno más – pero nada menos – de los que podemos hacer que este mundo camine chueco o con cierta gracia. En reconocer la diferencia entre qué es importante para vivir y lo esencial para una vida, nos jugamos un futuro, corto o largo, ese es el imponderable.

(En memoria de mi generosa amiga, que me enseñó lo esencial)

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