El espacio público no es para los cartoneros

Foto de familia de cartoneros en todoarquitectura.comHace unos días leí en el diario Página 12 una entrevista con Gabriela Michetti, que se titulaba “No hay porque darle el privilegio a un sector de cortar la calle”, frase que se desprendía de una de sus respuestas. En la misma entrevista y ante la pregunta: “¿Qué política se va a tomar con los cartoneros?”, la señora respondía: “El espacio público no se puede negociar. Es lo básico de una ciudad vivible.” Y seguía: “No es digno el trabajo que hacen, abriendo bolsas en la calle. No es un problema de derecha o izquierda.”

Me pregunté cuáles serían los trabajos dignos para ella y qué consideraba una ciudad vivible. ¿Solo es digno despachar desde una oficina limpia y bien decorada?, ¿Es indigno recoger cartones y material reciclable, solo porque está en contacto con los desperdicios de gente limpiecita como ella?.¿La ciudad vivible será esa en la que todos circulamos asépticamente de nuestra casa a la oficina y viceversa y salimos de compras?, ¿esa que el antropólogo y especialista en espacios públicos Manuel Delgado dice que es la que buscan los diseñadores y los políticos?.

Me parece a mí que lo que son indignas son las condiciones de su trabajo, verse obligados a llevar a su niños a recorrer las calles cada noche, hacinarse como sardinas en un tren precario y ahora tener que dormir a la intemperie en cambuchas porque no les alcanza el dinero para regresar a sus casas desde que suspendieron el famoso tren blanco.

Foto del tren blanco en todoarquitectura.com

Y es indigno ese lugar degradado en medio de la pulseada política entre los gobiernos de la ciudad, la Provincia y la Nación; quienes podrían proveerles una solución – no un paliativo -, pero que en cambio solo buscan cómo zafar de un ‘problema’ que se hace visible solo porque están acampando en un espacio público de un barrio ‘bien’ de la ciudad. De esa ciudad vivible que quiere Michetti.

Pero justamente para eso está lo público, para hacer visible – y no solo elitistamente vivible – a una sociedad. Y nuestra sociedad es criminalmente desigual. Y así conceptualiza Hannah Arendt lo público en La Condición Humana:

La palabra ‘público’… en primer lugar significa que todo lo que aparece en público puede verlo y oírlo todo el mundo y tiene la más amplia publicidad posible. Para nosotros, la apariencia – algo que ven y oyen otros al igual que nosotros – constituye la realidad. (página 49).

Y la realidad se hizo evidente en el violento desalojo y la represión que sufrieron los cartoneros, y en los policías que colocaron luego para custodiar el espacio público que habían ocupado para que no volviera a ser ‘invadido’.

¿Cuál es entonces la función del espacio público? En una sociedad tan desigual como la nuestra debería más que nunca cumplir un rol de compensación. Quiero decir, debería ser un lugar que permita el reclamo, la busqueda de la equidad, debería ser un escenario dónde los sectores marginados de este sistema puedan protestar y pedir su justo lugar dentro de la sociedad.

protesta-de-cartoneros-foto-de-telam-en-perfil.jpg

En la entrevista que concedió el año pasado a La Vaca, el catalán Manuel Delgado lo expresa claramente:

…es el lugar donde pueden pasar cosas, donde uno puede reclamar y ejercer su derecho a pensar en voz alta, donde puede reunirse con otros para hacer cosas distintas a circular en coche. Donde uno puede perderse o encontrarse, caerse y volverse a levantar, morir y resucitar. O como diría Virgina Wolf, donde las cosas se juntan. Gene Kelly lo vería clarísimo: donde uno puede cantar y bailar bajo la lluvia.

Pero evidentemente quienes administran el espacio público porteño niegan que éste sea un lugar de encuentro, de intercambio dentro de la heterogeneidad obvia que convive en una ciudad, y por supuesto del conflicto natural e inherente a las desigualdades que existen, que como dice Delgado:

“…no son la consecuencia de que las calles estén abiertas, sino de factores estructurales que son por definición injustos. ¿Qué vas a hacer para evitarlos? Vigilancia privada y toque de queda.”

En La Condición Humana, H. Arendt habla también de que el segundo aspecto de lo público, un mundo común a todos y diferenciado del lugar poseído privadamente por cada uno (página 61), se destruye cuando se deja de discernir la identidad del objeto (lo común a pesar de las diferencias). Esto ocurre cuando en esta sociedad:

“…los hombres se han convertido en completamente privados, es decir, han sido desposeidos de ver y oir a los demás, de ser vistos y oídos por ellos. todos están encerrados en la subjetividad de su propia experiencia singular, que no deja de ser singular si la misma experiencia se multiplica innumerables veces. El fin del mundo común ha llegado cuando se ve solo bajo un aspecto y se le permite presentarse únicamente bajo una pespectiva.

En el caso de la administración macrista esta única perspectiva es la privatización de lo público. Como diría Arendt, la conversión del interés público en la defensa de los intereses de una sociedad de propietarios que no por estar asociada abandona el carácter de su interés privado. Así lo privado retoma su sentido original antiguo, privar de la polis – lo público – a quien no posee, privarlo del espacio en el que se es libre, donde se es igual.

Así el excluido, el cartonero, el que “afea” la ciudad e “invade” los jardines y plazas debe volver al ámbito privado, a ese lugar en el que no es visible, en dónde el excluido pierde su derecho a expresarse y solo puede ser gobernado.

cartonera junto al producto de su trabajo en todoarquitectura.com

Claramente Michetti, Macri, Rodríguez Larreta son dignos alumnos de esa sociedad de élite en la que para participar de lo público hay que cumplir ciertos requisitos. El ciudadano ES porque cumple parámetros, quien se sale de ellos simplemente hay que esconderlo. Quizás de no verlos, con el tiempo, dejen de existir.

Como me dijo un amigo, la gente sabe muy bien como racionalizar lo irracional. Así que no nos engañemos, “garcas”, hijos de puta” y otras coloridas calificaciones que se siente tan bien exclamar, a veces simplifican un calculado sistema de acciones y discursos que sustentan la muy injusta sociedad en la que vivimos.

P.D. Un panorama sobre cómo viene la mano con el asunto de los cartoneros aquí.

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2 comentarios en “El espacio público no es para los cartoneros

  1. Las sociedades que basan su propuesta vital en las características de una èlite, necesitan ser homogeneizadoras. No tienen alternativa frente a los diferentes, los débiles o los vencidos, que por ser siempre mayoría, son una amenaza latente para la supervivencia de su paradigma, por eso apelan al exterminio, a la cosificación o a la negación.

    Si los excluidos, que se perciben como enemigos potenciales de esa homogeneidad que garantiza la pervivencia de la èlite, no pueden ser utilizados libremente o es demasiado incómodo eliminarlos, entonces deben ser negados e invisibilizados.

    El mundo antiguo resolvió el problema esclavizando a los vencidos, agrediendo a los bárbaros y practicando la eugenesia con sus miembros más heterogéneos o más débiles.

    Ante la desaparición de la esclavitud, la èlite sucesora se vio abocada al mismo problema y para solucionarlo incluyó en los títulos de propiedad de la tierra a quienes la cultivaban, identificándolos con esta y equiparando a quienes no participaban de esta gleba con los miembros de los mismos ejércitos infernales.

    Así, con sus cruzadas, invasiones, expulsiones, inquisiciones, cacerías de brujas y otros demonios, los vencedores se permitieron el control de esa nueva masa percibida como una amenaza latente para la “civilización cristiana”

    Característica que fue importada al Nuevo Mundo por los muy hidalgos y piadosos encomenderos, quienes, además de no tener que preocuparse durante siglos por los indìgenas, por formar estos parte extensiva de sus latifundios, revivieron la vieja solución de la esclavitud para los negros y variopintos, mercancía necesaria para tranquilizar sus pías conciencias y explotar sus jugosas minas y plantaciones .

    Pero no fue hasta el encumbramiento de la burguesía romántica y racionalista, que el problema se fue convirtiendo en insoluble, por generar contradicciones insalvables con el discurso igualitario que necesitaba la èlite para persuadir a la masa utilizable y aprovechar las circunstancias de su naciente emporio.

    Sin embargo y ante el retorno de la amenaza, pronto se crearon nuevas ficciones, y de los herejes penitentes y los góticos Quasimodos de antaño ocultos en los campanarios, se escaló a los modernos holocaustos, de uno de los cuales Arendt como testigo de excepción extrajo sus más sólidos argumentos frente a los totalitarismos que, como como solución final y consecuencia última de esa necesidad imperiosa de homogeneidad, permiten respirar tranquilos a los herederos de la nueva tierra prometida.

    La propuesta neoliberal, con su cielo del mercado absolutista y su èlite bastarda, antigua víctima y ahora rèplica de sus predecesoras, no parece ser la excepción.

    Los excluidos del pueblo elegido por el demiurgo del dinero son ahora los incómodos obstáculos para quienes, siendo o pretendiendo formar parte de esta èlite, se dan cuenta que su nuevo mundo del egoísmo ideal tiene límites formidables y que su desprestigiado aparato político, con un factor cuantitativo adverso y una ideología incoherente los hace vulnerables y escuálidos, mucho más de lo que pudieron serlo sus antecesores pre- modernos.

    Y como el problema es el mismo, la solución es recurrente, solo que esta vez las circunstancias históricas imponen un campo de acción más o menos reducido y en muchos casos, como en la Argentina, solo queda el desplazar, el negar y el privatizar.

    Lo público, como acertadamente lo anota la autora de este blog, es lo de todos, pero lo de todos los iguales. Y solo los iguales merecen ser expuestos a la luz del día.

    La polis, es cierto, pertenece a los ciudadanos, a esos miembros del clan extendido que es la civitas, a los iguales a nosotros. Pero nunca ha pertenecido a los ajenos, a los débiles y excluidos, a los parias ni a los vencidos. Para ellos, para los negados a la luz, para los defectuosos, solo pueden existir los calabozos, los extra – muros, la oscuridad, lo que no es de todos, el lugar donde se oculta lo vergonzoso, lo privado.

    Última receta de quienes no pueden eliminar de un tajo el problema humano de su sistema inhumano y se ven obligados a ocultarlo por cualquier medio y con cualquier discurso.

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  2. Amigo Shakyamuni… gigante aporte!! Nada mejor que conocer la historia de la ideas de la humanidad para saber que el problema no solo son los macris, michettis y demás personajes de turno. No conocerla nos hace votar o elegir más lobos iguales con renovados trajes de ovejitas.
    Espero seguir viéndote por estos lares.

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