Herederas del telégrafo

Esto del feisbuc, tuiter y esas redes sociales que ahora manda la parada en internet están haciendo que los mensajes sean telegráficos. Dignos sucesores de Marconi. Las frases cortas; los mensajes escuetos y sin vuelos explicativos. La Imagen tomada de El tamiz.commente formateada para el ahorro de palabras, acorde al ritmo acelerado de esta vida que nos atropella y, que sobre todo, tiene inmediata fecha de vencimiento. Al menos, así la vivimos.

Y es un camino casi insconsciente. Volver a escribir en el blog tuvo, para mí, la intención explícita de volver a acariciar el lenguaje, dejarme llevar por lo que Grijelmo llamó “la seducción de las palabras”. Buscar los sentidos más íntimos de sus significados, alejarme de los lugares comunes y la prisa del periodismo de diario. Encontrar los márgenes que no me da la noticia de hoy y que mañana, ya impresa, solo sirve para envolver pescado, o huevos. A elección.

Y de pronto, me soprendo escribiendo esto, aquí! en mi lugar de libertad y permisión, mi lugar para el capricho:

Sábado. Traspiés de agenda. Finalmente nada salió como debía salir. Frío y una copa de vino.  Mañana trabajo y solo hoy quedaba…

Duras, cortantes, claras, pero sin las sensaciones que las inspiraron. Un lenguaje que cumple su función, sin disfrute. Una tendecia exhibicionista, como toda autorreferencia, con el agravante de despojar el relato de su función enriquecedora. Al menos, de intentar que así sea.  Quería describir  esa sensación plácida y libre, que muy pocas veces se nos permite en este ajetreado nuevo mundo que nos impone además la información precisa y rápida de la vida social virtual. Quería hablar sobre la no conciencia del deber; la dulce irresponsabilidad del ocio, cuando aún hay mucho por hacer.

En realidad solo quería darle estatus de belleza a dormir tres horas y dejar que el mundo cayera alrededor sin que se me moviera un pelo.

Pero la reflexión se fue al carajo. ¿Será que  la retórica desaparecerá en brazos de estos nuevos canales de comunicación? En el primer sentido que la RAE la entiende:  

Arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover.

Y no solo para informar.

¿Cuántas palabras necesitaremos para eso? Pocas. Definitivamente muchas menos que las que trae un diccionario. Si las redes sociales atraen a millones ya, y van en aumento, y la paciencia que necesita la buena escritura y la mejor lectura, menos cada vez, entonces…

En fin, reflexiones de una noche de sábado, con una copa de vino…

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3 comentarios en “Herederas del telégrafo

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