Matices colombianos

La distancia es buena y mala. Mirar lo que pasa en Colombia desde lejos hace que pueda ver un escenario amplio que el día a día quizás me escondería o, al menos, me haría perder de vista; procesos de mediano y largo plazo, la dimensión de lo que puede significar algún hecho puntual en una larga y convulsa historia. Pero por otro lado, me priva de detalles y matices que seguramente me harían moderar posturas tajantes, conceptos determinantes y conclusiones generalistas.
Así, escucho y no tengo muchos elementos a mano para refutar con juicio en charlas espontáneas, que la sociedad colombiana, por ejemplo, se ha derechizado; o que no se entiende cómo es que Uribe tiene tanto apoyo. O al contrario, lo bien que está Colombia ahora. Mis intentos son casi tan superficiales como las premisas que me arrojan desde un taxista hasta un calificado jurista, cuando se enteran que soy colombiana.

Entre estas dos posturas simplistas, no entra uno de los principales resultados de una encuesta sobre la visión que tienen los colombianos, los que viven allá y sufren y gozan el país.

Solo el 11 por ciento considera que el país está viviendo en el post conflicto.
Otro resultado muestra que la mayoría de los entrevistados son pesimistas sobre su solución, muy pocos creen que la vía militar es la solución al conflicto. Y sumado a este panorama, el 82 por ciento de las personas dicen que no hacen nada en concreto por la paz.

Mis compatriotas responsabilizan a los políticos, como segundo sector determinante de la violencia, después de la guerrilla y por encima de los paras; una  señal de que podriamos cambiar las cosas y que todos somos un poco responsables de ellas. O, ¿quién elige a los políticos? Ni a la guerrilla, ni a los paras, ni a los narcos, ni al Ejército, ni a la policía los elegimos. A los políticos, sí.

Incluso el 76 por ciento de los encuestados no hace nada por los derechos humanos, pero al menos lo discute con su familia o sus amigos.
Solo un pequeño porcentaje, el 40 por ciento, confesaron que realizaban acciones concretas por los derechos humanos, es decir que orienta, defiende, denuncia, proclama, participa en campañas o vela por la población vulnerable.

No se que tan pequeño pueda ser un 40 por ciento, en un país que se ha vendido en el exterior como aliado incondicional de la vía militar represiva para lograr la paz en un programa que se bautizó de la “seguridad democrática”.

En fin, los matices de una sociedad muy compleja se cuelan en esta percepción sobre “la paz y la guerra”, según los colombianos, un sondeo de organismos de derechos humanos y publicada en verdadabierta.com

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