Sueños cansados

I.

Corro desesperada en medio de la nada. Sobre un fondo claro. No blanco, solo claro; como ese amarillito pálido de la nata; brillante pero no cegador. Corro y la bruja sigue detrás de mi. No me alcanza pero tampoco la pierdo, sigue detrás de mi, constante. Pero yo me canso y ella no, porque viene en su escoba. Ella es fea, con la nariz como gancho y una gran verruga en la punta. Un sombrero en punta y una capa roja. No negra, roja. Me canso de tanto correr y me desespero porque sigue detrás, sin quedarse. Es raro, tampoco acelera y eso que viene en su escoba. 

Me agoto, no puedo más y paro. Y dejo que pase lo que tenga que pasar. Doblo mis rodillas, me acurruco y pongo mi cabeza  sobre ellas. Pasa de largo por encima mío. 

II.

Otro fondo blanco, este sí muy blanco. Pero hay agua por todas partes. Una infinita piscina que no tiene fondo, no tiene límite, solo el de mi mente. Un mar de agua muy transparente. Una antigua bañera con patas, toda blanca también, flota pero amenaza con hundirse. Y yo desesperada tratando de que no se hunda. Yo, aleteando con mis brazos, queriendo que se conviertan en remos o algo así.  Lo que sea, pero suficiente para que el peso de esa improvisada barca no se hunda conmigo dentro. Y me canso. No puedo contra la gravedad. No puedo sostenerme a flote. Y la bañera se hunde y mis brazos no dan más.

Paro y entonces comienza a sumergirse, como una hoja seca cuando va cayendo del árbol; con un suave vaivén, mecida por el agua, plácida. Y entonces, descanso aliviada. 

Tenía tres, cuatro, cinco años a lo sumo, cuando soñaba eso. Una y otra vez. Se turnaban. Jamás los entendí, pero tampoco los olvidé.  Hoy los recordé de nuevo.

– Pero con el paso del tiempo y esforzándote mucho, has conseguido mantenerlos a raya, ¿no? Esos recuerdos odiosos.
– Cada vez más – adminte Mari. Y asiente -. Poco a poco. Yo soy de ese tipo de personas. De las que se esfuerzan.
– ¿Esas que van siguiendo su camino, solas, currando día a día? Como el herrero del bosque.
– Sí.
– Pues a mi me parece admirable ser capaz de hacer algo así.
– ¿De esforzarse?
– De ser capaz de esforzarse. 
– ¿Aunque no ganes nada con ello?
Kôrogi sonríe sin contestar. 
After Dark.  Pag. 205 . Haruki Murakami. 
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