El deseo en ella

Ojos como platos. Ninguna otra figura podrían describir tan exactamente la mirada que muy probablemente tenía esa tarde cuando Osvaldo me confesaba los detalles de su intimidad. Tiempo después volviendo sobre ese trauma de temprana juventud supe que mi conciencia se retorció por la intuición de la injusticia y no por la cruel descripción que hacía de un despertar hermoso. Su despectivo repudio por el deseo en ella, por la suave recepción que le prodigó, había convertido el inicio amoroso en culpa y la delicada excitación de un cuerpo en la prueba que la hacía puta.

Supe después que su ignorante habilidad al hacerla feliz se vio compensada con un cortante y no deseado olvido. Justicia.

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