Y aquí vamos, tratando de vivir como podemos. Con las limitadas herramientas que duran y las pocas compañías que perduran.

Y aquí resistimos, los embates de los diablos internos y las largas secuelas de un recorrido convulso.

¿Para qué lloramos, para qué anhelamos?. Lo único viable es transcurrir con el menor daño posible. El hombre jamás ha conocido el culmen de su ideal feliz, ¿Por qué entonces lamentar que no se llega?

El final vendrá. Transcurramos lo mejor que podamos.

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