La ira matutina de un gato

gatos1El gato se eriza. El perro ladra. Yo me asusto.
La adrenalina se siente. Los pelos se paran. No hay control. 
Huyo. El perro huye y sigue ladrando.
El gato reaparece de frente, inflado. Erizado de ira. 
Retrocedo y arrastro a mi perro, que ladra. Emprendo otra huida.  
El gato no cede. Le doy la espalda, el perro no. Sigue ladrando pero me sigue.
El gato iracundo avanza impulsivo. El perro lo ve, yo no.
Tarde, un dolor agudo me avisa de la ira explosiva del gato. 
Doy vuelta y miro con asombro el exceso, la ira sin contener, la sangre derramada y el perro loco sin control.
Un grueso hilo de sangre comienza a rodar por mi pierna.
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