Bach para esta noche

Comienza a llover. Me apaciguo.

Dejo de esforzarme.

Sus continuas y rítmicas gotas lavan la inconsciente necesidad de estar ahí.

Me separan del mundo. Ese, hostil.

Y este espacio vacío se vuelve real. Refugio literal.

El universo entero emana de lo escrito, de lo visto, de lo escuchado.

Y elijo entonces lo que me pacifica, lo que consuela el alma.

Sin altibajos salvo las de mis emociones, sin sorpresas, sin dolores inesperados, sin decepciones salvo las que trae mi extendida ignorancia.

Y la lluvia también cae aquí. Pero estas saladas gotas son contrarias, me unen de nuevo a ese mundo exterior. Yo,  irredenta, no puedo salvar mi espíritu.

Bach quizás…

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