A propósito del papa, la seguridad en Río.

Vargihna y el PapaEl papa va por su tercer día en Río de Janeiro. Hoy visita la favela Varginha, una de las que, dicen las noticias, ha sido recuperada por el Estado, “pacificada” dicen otras. Un vecino del barrio prefiere la palabra “ocupada”: “Realmente esto no está pacificado, sino ocupado por las fuerzas de seguridad. Se sigue vendiendo droga, pero ya no hay enfrentamientos porque los traficantes ya no llevan armas a la vista”.

Esto me recordó un par de entrevistas que realicé hace un tiempo y que dan dos visiones muy distintas de esa política “ejemplar” de seguridad que se vende como una manera exitosa de recuperar territorio ante el crimen organizado. La primera, a Robson Rodrigues Da Silva, coordinador de las Unidades de Policías Pacificadoras (UPP) de Río de Janeiro; y la segunda, crítica de esta política, a la Directora general del Instituto Carioca de Criminología, Vera Malaguti Batista.

 “Las UPP permiten que las instituciones estatales que tienen función social lleguen a la población. Nosotros sólo entramos para prevenir la violencia en los barrios. Y nos enfocamos en segmento específico, los jóvenes entre 15 y 24 años, que son el sector social más vulnerable.” Robson Rodrigues Da Silva
La entrevista aquí: Robson
 
“Es una ocupación militar. El ministro Zaffaroni es quien dice que siempre que ha habido genocidio en la historia ha sido por la policía, por las fuerzas armadas en funciones de policía y con el discurso de ocupación de territorio, que es un concepto al que nos hemos acostumbrado porque es un concepto militar. Este programa en Río ha tenido un índice de letalidad que nunca se ha visto en Brasil, ni durante la dictadura. La guerra contra las drogas se ha demonizado tanto que se ha ocultado la cuestión geopolítica que los militares conocen y se ha creado un mercado prohibido que genera mayor consumo, corrompe y brutaliza.” Vera Malaguti Batista
La entrevista aquí: Vera

Las conversaciones con ambos fueron más largas, especialmente con Vera Malaguti, quien hace parte de la corriente de la criminología crítica que señala, en palabras del especialista Octavio Orellana Wiarco, que “la realidad social del fenómeno criminal,debe evidenciar los procesos de criminalización y victimización, que se presentan como condiciones de violencia estructural e institucional inherentes a los actuales mecanismos de control social.”

En palabras del juez de la Corte Suprema de la Argentina y uno de los más reconocidos tratadistas penales, Raúl Zaffaroni, citado por el mismo Orellana Wiarco en la revista Criminología y Sociedad:

“Para Zaffaroni el poder punitivo, antes que ser asunto del sistema judicial penal, lo es de las agencias policiales, y en ese caso las acciones judiciales se ocupan de los llamados delincuentes y menos de que la policía no se exceda del límite legal del uso del poder y, del respeto a los derechos de los ciudadanos.”

Bajo algunas de estas luces habría que analizar la teoría, las intenciones frente a la realidad brasileña.

Según el Mapa de la Violencia 2013, elaborado por el Centro Brasileño de Estudios Latinoamericanos, los homicidios no han decaído, por el contrario han aumentado, aunque se han desplazado de ciudades como Río de Janeiro, hoy sede de la Jornada Mundial de la Juventud que tiene revolucionada la ciudad por cuenta del papa Francisco, a otras ciudades no “tan atendidas” en materia de seguridad.

Una prueba  logística y de seguridad para la ciudad que será una de las sedes del próximo Mundial de Fútbol de 2014  y también lo será de los Juegos Olímpicos de 2016.

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