Mi viejis

PascualOKHoy adelantaste una cuota vital de esa pérdida tremenda que presentí cuando me dijeron que no despertabas. Hoy partiste.

Vislumbré el fin de algo esencial al verte dormir eternamente. Tan tranquilo, tan en paz que en un primer instante solo sonreí al pensar en tu hermosa vida, en tus ganas de disfrutar hasta el final. Rememoré el último paseo, las ganas aún de correr y olfatear cada arbusto, de explorar cada charco de esas lluvias que te eran indiferente frente a la posibilidad de caminar por milésima  vez las calles que recorriste durante casi 15 años.

Pero ahora caigo poco a poco en ese letargo triste de lo irremediable. Porque ahora te recuerdo como ese compañero sin fisuras que acompañó a mi padre todos estos años, aun cuando en los últimos tiempos él ya no te reconocía. Tanto tiempo compartido, que experimentaron al mismo tiempo los cambios propios de la edad, sufrieron las mismas dolencias y así transitaban juntos hacia el final de todo.

Te adelantaste y de pronto me muestras un camino del cual no puedo desviarme; llega entonces la angustia de lo irremontable, de un futuro sin escape: la vida sin mi padre.

Sí, hoy hiciste que mi corazón doliera por este ciclo que termina. Con tu partida comienzo a enfrentarme al fin de una etapa.

Ay mi Pascual, ay mi viejis.

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