Pánico

El corazón invadió todo. Por un momento no tuve pulmones, ni tuve costillas, ni tetas, ni estómago, ni siquiera garganta, todo lo invadió esta bomba angustiada; su latir desbocado no encontró límite. Mis ojos reventaron en sus cuencas y mi lengua seca nació donde palpitó la desesperación tardía, el grito inútil. Las lágrimas salieron de ese ardor que sentí bajo mis clavículas y se agolparon en el fondo de mi garganta de donde no salió ni una palabra impotente.

No pasó nada.

La realidad no lo es todo.

Pero uno muere igual.

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