Fe

450px-Blessed_Ludovica_Albertoni_by_Gian_Lorenzo_Bernini_(detail)
Blessed Ludovica Albertoni by the Italian Baroque artist Gian Lorenzo Bernini.

Creo ciegamente en que esa felicidad que no he experimentado, me espera.
Creo en el amor que anda perdido y no me ha encontrado.
Espero la generosidad que no he recibido.
¿Es eso fe?
El cielo me espera.

La vida y esa otra

Atala_au_tombeau,1808,Girodet_de_Roussy_-Trioson,_Louvre.
Atala en la tumba – 1808 -, de Girodet de Roussy-Trioson, Museo del Louvre, Paris.

Mi padre enfrenta la muerte sin querer y sin percibir su llegada.

El gran neurólogo prepara la suya, anunciada e inminente.

Alguien más nos recuerda la dulce despedida del escritor antes de ir a su encuentro voluntariamente.

Y yo pienso en la mía. ¿Cuál será mi caso?

No me angustia. Por primera vez experimento ese momento en el que no soy frágil ante ella.

Creo que es la madurez de un romance que tendrá buen fin.

Me entregaré a ella inevitablemente.

Un traspiés en la vida

colision-galaxias– Sonó como un coco. Me asusté en serio – me dijo. Sonreí ante la todavía asombrada cara de mi profesora de natación, dos días después de mi traspiés.

Un traspiés que sonó efectivamente como un coco, cuando mi cabeza se estrelló contra el muro de cemento. Ni un rasguño en otra parte del cuerpo, todo el peso sobre mi sien. El momento fue extraño, la lluvia ligera pero molesta, los ojos irritados por el cloro, la rampa, la rejilla mal puesta que no  vi, un tropezón, de pronto un sonido cercano y contundente, el ¡ay dios mío! distante de Patricia, mi profesora, y yo sentada en el suelo absolutamente aturdida, aunque sin dolor.

Pero mi cerebro continuó funcionando y por mi mente comenzaron a pasar las certezas de esta vida que podía acabar con un traspiés. Lo no hecho, lo pendiente y de pronto el miedo de que efectivamente me pudiera llegar un final prematuro. Mientras los que escucharon el coco contra el cemento (nadie me vio caer) me rodeaban y pedían con voz urgida y angustiosa por la enfermera de la piscina, yo solo atiné a preguntar: –  sonó duro, ¿no? con una media sonrisa al piso. No me atrevía a mirar a nadie por temor a que explicitara en su mirada lo que no me atrevía a pensar abiertamente. Mi mano palpaba la evidente hinchazón mientras el dolor llegaba de a poco.

Las manos en mis hombros y las piernas como apoyo  en mi espalda de una persona que recién había conocido hacía una hora, fueron el calor que me tranquilizó. Sí, en esos instantes cuando los gritos son sordos y mudos la persona más inesperada se convierte en tu cómplice más íntimo, en la fortaleza que quisiste para tu vida entera.  Tanto buscar y en la inminencia de ese momento final esa persona resulta ser una desconocida.

Pero el momento pasó de largo. Quizás esté cercano o, por un designio que ahora me parece extraordinario, todavía demore un tiempo. Y este tiempo que comienza de nuevo se ofrece impostergable. No más futuro, quiero presente.

Bach para esta noche

Comienza a llover. Me apaciguo.

Dejo de esforzarme.

Sus continuas y rítmicas gotas lavan la inconsciente necesidad de estar ahí.

Me separan del mundo. Ese, hostil.

Y este espacio vacío se vuelve real. Refugio literal.

El universo entero emana de lo escrito, de lo visto, de lo escuchado.

Y elijo entonces lo que me pacifica, lo que consuela el alma.

Sin altibajos salvo las de mis emociones, sin sorpresas, sin dolores inesperados, sin decepciones salvo las que trae mi extendida ignorancia.

Y la lluvia también cae aquí. Pero estas saladas gotas son contrarias, me unen de nuevo a ese mundo exterior. Yo,  irredenta, no puedo salvar mi espíritu.

Bach quizás…

Madrugada

insomnioNo es esta ciudad que me regaló esa primera noche en vela. Ni la siguiente que conformó el escenario de mis mayores dolores, mis grandes alegrías y grandes decepciones. Ni la otra que me acogió forzada y nunca ha terminado de perdonarme. Mi universo va conmigo. Mi paz no conseguida y mis mares tempestuosos arremeten siempre en el tiempo presente aunque ya hayan ocurrido y aunque todavía me acechen. Nunca en un recuerdo, nunca en inminencia. Siempre un ahora.

No, no hay ciudad que se salve. Yo tampoco.

Pavaditas de una noche

Mañana será otro día e iré de nuevo. Una oportunidad más para la historia. Mi historia.

Semana de tiempo primaveral, al fin. Días productivos. Varios proyectos largamente dejados para después concluyeron. Se acaban etapas, finalizan procesos. Las ‘cuchas’ de los perros. La tabla decorada de espejitos y venecitas. El escritorio, la habitación. Todo tuvo su tiempo. Las mariposas también y el documento de identidad. Falta. Pero ya no son planes pospuestos para mejor momento, son inminentes realizaciones.

Pascual se acurruca a mi lado. Marino a mis pies. Fiona no está, duerme afuera. Se quedó allí después de tomar agua. Agua con flores de Bach, para que baje su electricidad, casi literal, sufre ataques de epilepsia. A veces creo que yo también debería tomar. La serenidad no es natural, se consigue, se ayuda.

Marino está profundo. Pascual ya casi. Buenas noches.

Amor

Inesperadamente veo su foto, y esos ojos que parecen estar mirándome, solo a mi.

En milésimas de segundo sus ojos me cantaron, me hicieron objeto de su humor irónico, hicieron erizar mis brazos, me acariciaron. Fueron todo.

Hoy le digo, a este usted de papel, si hubiera estado allí, mi corazón le habría pertenecido.