Su sonrisa, mi historia

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Un clásico, aunque ahora pertenezca al mundo globalizado, el Éxito. Un barrio con nombre de prócer criollo y símbolo ahora de una revolución socialista de tercer mundo, pero el mío, el de siempre. Una tienda en la esquina de la iglesia, la de siempre, la que se construyó a punta de empanadas. Tres cervezas y escucho sus historias, las de siempre y algunas otras, también añejas pero nuevas. Las risas, todas renovadas. La complicidad tan olvidada. El sol escondido, un día fresco con amague de lluvia. Un gris tropical. La caminata a casa a través de jardines prolijamente cuidados y el  amable letrero en varios de ellos, “si su perro la hace por necesidad, usted la levanta por educación”. Su Pascual y el mío. Y de nuevo sus historias, las de siempre, todas nuevas. Su surcada cara y su sonrisa. Mi historia.

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Madrugada

insomnioNo es esta ciudad que me regaló esa primera noche en vela. Ni la siguiente que conformó el escenario de mis mayores dolores, mis grandes alegrías y grandes decepciones. Ni la otra que me acogió forzada y nunca ha terminado de perdonarme. Mi universo va conmigo. Mi paz no conseguida y mis mares tempestuosos arremeten siempre en el tiempo presente aunque ya hayan ocurrido y aunque todavía me acechen. Nunca en un recuerdo, nunca en inminencia. Siempre un ahora.

No, no hay ciudad que se salve. Yo tampoco.

La última carta a Mago

Como pocas noches, se sentó frente a su pequeño escritorio, antes de bajar al lago.  En los últimos días no había tenido paz. No era mucho lo que había hecho, pero su angustia había sido tal que ni el momento más inútil le había traído sosiego. Estaba cansada y cómo explicarle a Mago tanto y nada al mismo tiempo, si desde esas alegres costas solo percibía los brillos difusos que irradiaba su vida soñada en la aristocrática hacienda.

Querida Mago:

Me alegra tu alegría, me alegran tus palabras. Aunque lamento las circunstancias en las que tuviste que recibir a esa pequeñita que ahora es tu felicidad y la de tu hija tan amada. Dale mi abrazo eterno.  Sabes que este lugar lejano y caluroso es en cualquier circunstancia otro hogar para ti y para ella, y ahora también para ese pedacito de vida iluminada. Considera en serio una temporada por estas tierras calientes.

Es sorprendente como a veces quienes esperan tu fuerza te la recriminen cuando la exhibes. Ojalá pudiera enviarte algo de la mía, que viajaría por ese río larguísimo que podría llevarme a ti con solo arrojarme a él. Cuánto lo deseo.

Pero mi fuerza está agotada, incluso para nadar con la corriente. Y esta fortaleza con la que parezco enfrentar este doble tamiz por donde transcurre mi vida, es solo el inexorable camino del que no me puedo apartar. No me queda más que enfrentarla con la distancia suficiente para que no se note la inevitable caída de estos pequeñísimos trozos que paulatinamente diezman mi espíritu.

José Luis esta de viaje, como es usual; ya casi no para en casa. Aunque a veces lo prefiero lejos, porque me escribe esas cartas tan llenas de amor apasionado, pero también tan repletas de culpa. Se que su sufrimiento por no poder estar conmigo lo lleva lejos y lo acerca a todas y a ninguna. Esas todas me lastiman y esa ninguna lo regresa a mi, frío y distante. Mi amor imposible, y sin embargo estoy casada con él. Esa es mi tragedia.

Bernardo sigue por aquí, ronda y ataca despiadado, como siempre, como desde el principio. Y me odio por esas pasiones fugaces que, a pesar de todo, despiertan furiosa a la mujer que quiero ser. Esa también es mi tragedia.

Así que, mi querida Mago, que triunfo el tuyo, no debe haber sino orgullo en el amor único que le transmitiste a tu hija. Ese que le permitió ser plena y compartir con un mismo hombre la ternura y el arrojo suficiente. Aunque ahora, y mientras esta sociedad hipócrita busca otra ocupación, tengan que esconder el maravilloso resultado de ese enorme coraje.

Toda mi solidaridad, mi casa y mi cariño incondicional.

Lía.

Un miércoles en la casa paterna

Tomado del blog de Andrés FornellsDon Olimpo toca el timbre. Es medio día. Espera el almuerzo que cada miércoles le dan en casa de mis padres. Beatriz, la señora que trabaja en casa, me dice que le diga por favor que espere, que hoy hay mucha gente. Mi primo y yo ya convertimos en una multitud la familia. Don Olimpo espera y mientras tanto conversa con don Pablo, el jardinero que también eventualmente almorzará aquí, cuando corte todo el pasto y desmalece los jardines; y también cuando Beatriz termine de atender a los dueños de casa. Y es que yo estoy de visita – mi primo también – , pero para todos los efectos, y después de 20 años, sigo conservando algunas prioridades, aunque don Olimpo y don Pablo sean más cotidianos y presten mejor servicio que yo, que simplemente soy hija. Una demasiado independiente y un tanto pagana, como me juzga la mirada involuntaria de mi mamá.
Don Olimpo se gana la vida caminando el barrio como vigilante; se acerca cuando mi papá o mi hermano sacan el carro del garaje, para que ningún ladrón o “viciosito” aproveche la oportunidad. Ya alguna vez, entrando, encañonaron a mi papá, le pidieron las llaves y de paso se llevaron la compra del supermercado del mes. Mi mamá siempre recuerda ese detalle con algo de pesar. Don Olimpo solo está armado con un bastón de mando de madera, aunque hace parte del servicio de seguridad que pagan los vecinos. Un señor de alrededor de 60 años y cara de abuelo que debería estar consintiendo nietos y no espantando malandros. Y don Olimpo come en la calle. No entra, se sienta en el muro del jardín del frente, con el plato metálico y lo que buenamente le dan en esta cristiana casa los miércoles, y en otras el resto de los días. A veces la comida está fría, como el desayuno de esta mañana. Sí, también desayuna aquí los miércoles. Hoy, cuando le sirvieron el café y el pan, no estaba, tenía que terminar su ronda. El alimento de la mañana quedó durante largos minutos a la intemperie; todo por la seguridad vecinal. Al igual que a la hora del almuerzo, Beatriz salió más tarde para entrar el pocillo y el plato, ya vacíos.

Don Pablo entra un rato más tarde al patio de la casa. Saluda, se queja de la gripa que le está dando a todo el mundo por el invierno. Acá las lluvias permanentes son el invierno y estos días llueve todas las tardes. Hay inundaciones en todo el país, las peores en décadas dicen los periódicos. Pero como todos los años, es previsible en dónde causan los mayores destrozos. Como siempre, las razones de la tragedia son conocidas, las víctimas son las de siempre y los responsables también.

Años de negligencia estatal y políticas de coyuntura. Ya los periódicos anunciaron que la emergencia invernal se comió el presupuesto anual destinado a mejoras en la infraestructura vial. Lo de siempre. El año próximo solo cambiarán los nombres de las víctimas, si es que alguien en alguna noticia quisiera identificar alguna. Seguramente así será; la nota de color siempre impacta más si se obvian las estadísticas y se hace de la miseria trágica de una persona, la realidad épica de una vida marcada por la adversidad.

Para la mayoría de los que leerán la novedad, en todo caso, la variación será de número y quizá del nombre de algún pueblo en donde la lluvia se ensañe con más fuerza en su frágil naturaleza y en la abandonada obra del hombre.

Alguna vez cerca a la casa de Beatriz, o de la de don Olimpo – ¿o sería de la de don Pablo? -, hubo un gran derrumbe con varios muertos. Ni idea cuántos. Pero es esa realidad a la que están acostumbrados. Ellos, siempre en el camino de la tragedia. La vida del pobre, dirán resignados cuándo se les menciona el tema.
Y acá, la nuestra. Reflejo lavado y lejano de esas inevitables consecuencias de vivir en este país tropical, que solo se manifiesta en el fastidio de estas tardes de encierro al que nos somete el invierno.

Don Pablo termina. Entra y almuerza cuando termina de cortar el pasto del jardín interior. Beatriz le sirve al lado de la mesa de planchar; y come, como don Olimpo, en un plato metálico que no se usa para otra cosa ni para nadie más en esta casa. Son porciones generosas, el trabajo es duro. Don Pablo está ahora más gordo que cuando lo conocí hace ya tantos años. Viene de siempre, ya no recuerdo cuántos años ha dedicado a recorrer el barrio, tocar timbres y ofrecer cortar el pasto de las casas de este barrio aún tan verde. Ya tiene la cabeza blanca, pero la energía parece la misma; no lo veo más cansado. En realidad creo que nunca lo vi antes.
Cuando termina, mi papá le paga, intercambian frases sobre las rosas que cada tanto se roban del jardín y se va.

Beatriz recién se sienta a comer cuando ha cumplido con los pedidos de cada miembro de este hogar ajeno. Come rápido para terminar pronto y poder irse a tiempo con todos los deberes cumplidos. La casa es grande; por eso llega a las 7:30 y a las 18 se va. Definitivamente más de las horas de ley, pero parece tomarlo con la naturalidad de una más de las condiciones de su vida precaria. Y todos callan; nadie reclama por el privilegio robado, nadie se queja por el derecho cedido.

Y yo, acusada de ser “de izquierda”, solo observo, algún trabajo le ahorro pero callo y me acomodo a este origen conservador de aspiraciones aristócratas. La semilla revolucionaria no echa raíces en la casa paterna.

Hay que ser! magnate

Murió Julio Mario Santo Domingo. Cacao colombiano. Para los que no entiendan, básicamente uno de los hombres más ricos del mundo, miembro del jet set internacional como se gusta hablar de quienes frecuentan las altas esferas en Nueva York y Paris, y cráneo fundador de empresas que marcaron la historia de Colombia como Avianca y Bavaria. O, ¿Quién no voló por Avianca?… Bueno, al menos ¿quién, en Medellín, no iba al Olaya Herrera a ver salir los aviones de Avianca en la lomita de Campos de Paz?. ¿Quien no brindó con una Pilsen en Medellín, una Club Colombia en Bogotá, una Aguila en la Costa atlántica o una Poker en Cali? Y sí, la cerveza colombiana era 98% de Santo Domingo; desde 2005 de SABMiller.

No será Steve Jobs, pero nuestro multimillonario tuvo lo suyo. Por  las notas de cabotaje por su deceso, nos enteramos que fue pionero, antes que Franco Macri, de vislumbrar la avalancha china; un diagnóstico que le valió un temprano nombramiento como embajador de Colombia en la República Popular de China. 

Además su nieta lo emparentó con la realeza y el glamour europeo.

Un empresario que –  altruismo en su máxima potencia -,  “no le obsesionaba la riqueza, pero sí las ganas de ayudar a la gente”. Aún así, a pasito modesto llegó a acumular una declarada pequeña fortuna de 8 mil 500 millones de dólares. La revista Forbes lo tenía catalogado en el lugar 108 de los hombres más ricos del mundo.  Su mejor negocio, dicen… perdón, el mejor negocio para Colombia reconfirman, fue  “en 2005,  al vender Bavaria a SAB Miller, convirtiéndose en el segundo accionista de la cervecera sudafricana”.

Pero el mundo de los negocios es despiadado y tuvo que deshacerse de otras empresas. Avianca fue vendida al brasileño Germán Efromovich, dueño del Grupo Synergy; TV Cable fue adquirida por el mexicano Carlos Slim, Propilco por la estatal Ecopetrol. También vendió Sofasa, la ensambladora de Renault en Colombia, Aluminos Reynolds y la empresa de servicios aeronáuticos, Helicol. 

Retuvo, según se ha publicado, algunos reductos empresariales que, supongo, serán el consuelo de sus herederos. Biofilm, una empresa dedicada a la producción de películas metalizadas para todo tipo de productos comerciales;  Caracol Televisión, el diario El Espectador y la Revista Cromos, entre otras.

Pero su vocación humanista no fue comprendida por algunos… animales. Decepcionada leo que  una culebra “se suicidó” en una confrontación con el magnánimo magnate…

“Es la culebra más venenosa del mundo… …una picadura lo deja muerto en dos minutos”, le explicaban a Santo Domingo, señalándole una serpiente enroscada en una jaula de travesaños metálicos. Mientras sus acompañantes se mantenían apartados, él se acercó al animal más de lo conveniente y le escupió en la cara.
La culebra se lanzó contra los barrotes tratando de clavarle sus colmillos, como humillada. Santo Domingo le respondió con otro escupitajo. Tenía 55 años, ya era el hombre más rico y poderoso de Colombia, y quería medirse frente al animal más poderoso en un pulso de temple. La víbora siguió arrojándose hacia él en latigazos suicidas. La cabeza le sangraba por los golpes contra el metal. El empresario la escupió de nuevo; el animal tomó impulso, embistió y cayó muerto luego de un último choque de rabia impotente.
Ernesto Mendoza Lince, entonces presidente de la aerolínea Avianca y quien lo acompañaba en el Amazonas, relata que Santo Domingo giró sonriente con semblante victorioso, e invitó a todos los presentes a tomar caipirinhas en el bar del hotel.

Un hombre valiente; mira que hay que desafiar a una víbora! …enjaulada.

Matices colombianos

La distancia es buena y mala. Mirar lo que pasa en Colombia desde lejos hace que pueda ver un escenario amplio que el día a día quizás me escondería o, al menos, me haría perder de vista; procesos de mediano y largo plazo, la dimensión de lo que puede significar algún hecho puntual en una larga y convulsa historia. Pero por otro lado, me priva de detalles y matices que seguramente me harían moderar posturas tajantes, conceptos determinantes y conclusiones generalistas.
Así, escucho y no tengo muchos elementos a mano para refutar con juicio en charlas espontáneas, que la sociedad colombiana, por ejemplo, se ha derechizado; o que no se entiende cómo es que Uribe tiene tanto apoyo. O al contrario, lo bien que está Colombia ahora. Mis intentos son casi tan superficiales como las premisas que me arrojan desde un taxista hasta un calificado jurista, cuando se enteran que soy colombiana.

Entre estas dos posturas simplistas, no entra uno de los principales resultados de una encuesta sobre la visión que tienen los colombianos, los que viven allá y sufren y gozan el país.

Solo el 11 por ciento considera que el país está viviendo en el post conflicto.
Otro resultado muestra que la mayoría de los entrevistados son pesimistas sobre su solución, muy pocos creen que la vía militar es la solución al conflicto. Y sumado a este panorama, el 82 por ciento de las personas dicen que no hacen nada en concreto por la paz.

Mis compatriotas responsabilizan a los políticos, como segundo sector determinante de la violencia, después de la guerrilla y por encima de los paras; una  señal de que podriamos cambiar las cosas y que todos somos un poco responsables de ellas. O, ¿quién elige a los políticos? Ni a la guerrilla, ni a los paras, ni a los narcos, ni al Ejército, ni a la policía los elegimos. A los políticos, sí.

Incluso el 76 por ciento de los encuestados no hace nada por los derechos humanos, pero al menos lo discute con su familia o sus amigos.
Solo un pequeño porcentaje, el 40 por ciento, confesaron que realizaban acciones concretas por los derechos humanos, es decir que orienta, defiende, denuncia, proclama, participa en campañas o vela por la población vulnerable.

No se que tan pequeño pueda ser un 40 por ciento, en un país que se ha vendido en el exterior como aliado incondicional de la vía militar represiva para lograr la paz en un programa que se bautizó de la “seguridad democrática”.

En fin, los matices de una sociedad muy compleja se cuelan en esta percepción sobre “la paz y la guerra”, según los colombianos, un sondeo de organismos de derechos humanos y publicada en verdadabierta.com

“Tatequieto” a la prensa

caricatura del argentino Roberto Bobrow

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos acaba de presentar un proyecto para una nueva ley de Inteligencia y Contrainteligencia.

El artículo 35 plantea una “reforma a los delitos de divulgación y empleo de documentos reservados y acceso abusivo a un sistema informático”. En él se establecen modificaciones al Código Penal y en uno de sus párrafos establece que quien “en provecho propio o ajeno, o con perjuicio de otro divulgue o emplee el contenido de un documento que deba permanecer en reserva, incurrirá en pena de prisión de cinco a ocho años, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor”. Como contraparte señala que “el servidor público que indebidamente dé a conocer documento o noticia que deba mantener en secreto o reserva, incurrirá en pena de prisión de cinco a ocho años y multa de 20 a 120 salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por diez años”.

Con respecto al acceso de sistemas informáticos también castiga a “el que, sin autorización o por fuera de lo acordado, acceda en todo o en parte a un sistema informático protegido o no con una medida de seguridad, o se mantenga dentro del mismo en contra de la voluntad de quien tenga el legítimo derecho a excluirlo, incurrirá en pena de prisión de de cinco (5) a ocho (8) años y en multa de 100 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes”.

ehhhh?????

Con respecto a los medios de comunicación implica una clara mordaza a su libertad de prensa y una invitación a la discrecionalidad y al encubrimiento legal de la actuación de las autoridades del gobierno, que podrá ampararse en la norma para dictar medidas sin transparencia. ¿O quién decide qué es reservado?
Si esta ley hubiera estado vigente cuando se conocieron los sucesivos escándalos del ente de inteligencia nacional, el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, la población no hubiera conocido los desmanes, delitos y persecuciones de las que fueron objeto jueces, miembros de sindicatos, organismo de derechos humanos y periodistas.
Para explicar el proyecto, Santos dijo ante el Congreso que como “ahora es costumbre filtrar todo, y los medios de comunicación publican todo. A eso hay que ponerle también cierto ‘tatequieto’, porque mucha de esa información le da una información a los bandidos, a los terroristas, a los enemigos, valiosísima, para protegerse de cualquier acción”.
Es claro que si se aprueba, la ley aportará un importante paso hacia la impunidad.

Y aquí en la Argentina nos quejamos de autoritarismo… Alguna vez un amigo me dijo que Santos hacía parte de la derecha cool de América Latina, junto al chileno Piñera.

…hazte cargo ahora!

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