Un milagro para Diógenes

Un cura sin parroquia, un padre a pulmón

(Texto original del artículo publicado en el periódico mensual Universo Centro)

Diógenes es sacerdote y tiene un hijo. Un milagro los ensambló como la única familia que han conocido. Al menos, así lo cree este cura sin parroquia que no tiene otra explicación para sus vidas, la de él y la de Joseph, dos sobrevivientes de una sociedad intolerante que condena a inocentes.

“A veces sueño. Sueño muchas veces con tomates. Entonces pienso que llevaban tomates en un camión de Urrao y que me monté en uno que iba para el mercado de Abastos y resulté allá”. Y allá es la calle del Cartucho en Bogotá, esa zona de miseria que durante 40 años fue tierra arrasada a solo dos cuadras de la Casa de Nariño, donde niños y adolescentes difícilmente superaban la existencia a punta de aspirar pegante ‘bóxer’ y cocinol, fue el escenario de los primeros recuerdos que el padre Diógenes tiene de su niñez

“Yo no tengo recuerdos de mi niñez, de esos tres años y medio lo que te puedo decir es que era adicto al ‘bóxer’. No me acuerdo si marihuana o esas cosas, no me acuerdo de nada de eso. Sé que tomaba bóxer y cocinol. Aspirábamos eso y eso lo trababa a uno, así aguantábamos el hambre y el frío”.

El ‘paisita’, como le decían cuando llegó a Bogotá, debió tener escasos cuatro años cuando emprendió su viaje a ese inframundo en el imaginado camión de tomates desde el puerto de Bolombolo en el suroeste antioqueño. Allí lo había dejado una señora a la que le habían pagado para que lo cuidara desde que nació en el municipio vecino de Ciudad Bolívar. “Con el tiempo le dejaron de pagar. La señora era de edad, de demasiada edad. Y ella me llevó llena de achaques y de enfermedades y me dejó ahí, junto al puente. No sé cuántos años tendría yo. De eso me enteré después.”

Lo que sí recuerda el sacerdote son los dos balazos que se ganó cuando tenía 6 o 7 años y trataba de palear el frío bogotano debajo del puente de la 26. Ahí lo alcanzó otra realidad nacional, un movimiento de limpieza social autodenominado ‘muerte a indigentes’ que por la época, 1978, lo hizo blanco de su política de exterminio. “Esa época difícil cuando mataban a los indigentes porque estaban proliferando”, explica con un tono diáfano como si no estuviera hablando de su propia sentencia de muerte de la que le salvó el Dios que aún no había encontrado.

La misma locura de muerte que le arrebató la familia a Joseph en el Urabá antioqueño en el 2005 y lo empujó literalmente a los brazos del padre Diógenes. Porque fueron tres meses en los que el sacerdote tuvo a un Joseph enfermo y débil entre sus brazos y aferrado a su pecho y a la vida. ‘Cangurearlo’ dice, era la única posibilidad para que ese bebé, de menos de dos meses con hipotermia, sobreviviera;  no podían dejarlo en una incubadora que otros con más esperanza de vida necesitaban. Eso le explicaron en el Hospital San Vicente de Paul cuando fue convocado de emergencia una noche para que lo bautizara y el bebé no muriera como NN. Joseph era huérfano de una masacre y además sufría de Leucemia Linfoide Aguda Congénita.

En el 2005 hubo una matanza en Urabá donde los  paramilitares asesinaron a 39 miembros de una familia. Solo un bebé sobrevivió, explica. El padre prefiere no entrar en detalles sobre su hallazgo “porque es parte de la historia de mi hijo y es parte de las circunstancias que debo callar por su seguridad”. Lo que sí detalla es que el Ejército encontró al niño y lo trajo al San Vicente de Paul cuando todavía no había cumplido dos meses, le faltaban seis o siete días.

“Llegué alrededor de las nueve de la noche en una moto desde Guarne. Cuando fui a bautizarlo, estaban también unos señores de Bienestar Familiar y me dijeron: Padre, el niño ya se va a morir, no queremos que quede como NN, póngale un nombre y póngale unos apellidos. Le puse Joseph, que significa ‘Dios proveerá’; yo siempre he admirado a San José.” El padre Diógenes se permite entonces, en medio del crudo relato, una humorada religiosa, “San José es el santo más noble y justo, es el único que ha levantado a los hijos de los demás y no chista para nada”, y ríe con ganas.

Sigue explicando la razón del nombre y con entusiasmo casi infantil explica que además del motivo religioso también le gustaba por Joseph Blatter, el presidente de la FIFA. Y aún en la urgencia, sucumbió a esa costumbre tan colombiana de rendir homenaje a los ídolos: “Me fascinaba Michael Joseph Jackson, me encantaba Karol Józef Wojtyła, y de casualidad el papa era Joseph Ratzinger”.

Así que lo bautizó Joseph, le puso sus propios apellidos y sin intención lo convirtió legalmente en su hijo. Cuando regresó al día siguiente Joseph había sobrevivido, seguía en estado crítico y lo iban a sacar de la incubadora de cualquier manera. Sin guardar mucho las formas decidió entonces darle una oportunidad de vida y se lo llevó a la Fundación que dirigía en ese momento, dedicada a darle un hogar de paso a niños con leucemia. “Me lo dejaron llevar porque se iba a morir. Lo tuve tres meses en el pecho. Además hubo una persona muy especial que tuvo un bebé al que nunca le gustó la leche materna y toda la disfrutó Joseph.”

Sin querer, el sacerdote repetía su propia historia. Casi treinta años atrás, otro sacerdote, el jesuita Bernardo Díez le dio al ‘paisita’ de la calle del Cartucho la posibilidad de dejar ese mundo de hambre y miseria y se convirtió en la única figura paterna que Diógenes conoció. El ‘paisita’ que ya debía tener siete u ocho años y llevaba más de tres en la calle, fue recogido por la policía en una de las típicas ‘batidas’. Lo llevaron a una estación de policía, “no recuerdo bien si era la cuarta o la quinta, una que quedaba al pie de Monserrate, nos pusieron debajo de esos chorros de agua, nos bañaron con jabón Rey y nos motilaron. Yo estaba muerto de frío tomándome un chocolate caliente cuando él apareció.”

El ‘paisita’ no sabía su nombre, no tenía idea cómo había llegado a Bogotá y de dónde era, pero tenía claro que no quería seguir viviendo en la calle. “Nos dijo que si queríamos tener una casa, que si queríamos tener alguna comodidad. Y yo pienso que cuando no naces para estar en la calle, no estás en la calle. ¿Si me entiendes?, y yo no quería estar en la calle, me fui con él.”

El padre Díez no solo le dio techo y comida en un orfanato manejado por monjas, también le devolvió su identidad.

Aunque Diógenes no recuerda con alegría a las religiosas, “porque son las personas más horribles del mundo. Son las comunidades que más dinero tienen y las que más te humillan. Y allá era una humillación tras humillación, tras humillación, tras humillación…”, sí comenzó a decirle papá a Díez, el hombre que, como él haría años después con Joseph, le dio un nombre y una historia. Y por él, dice, soportó el maltrato: “yo no quería volver a la calle”.

A través de sus huellas digitales, el jesuita averiguó los registros de ese niño que una vez apareció en Bolombolo abandonado al lado del puente. Así supo que fue hijo ilegítimo de dos personas que provenían de familias muy ricas. “Mi mamá era una persona casada que se encontró con un hombre casado y de esa relación en el 71 ella quedó en embarazo; ese fue el problema más horrible en Envigado.” Cuando pudo reconstruir su historia y su condición de sacerdote le abrió las puertas para poder revisar archivos y hablar con gente clave, supo que a su mamá la habían mandado a un pueblo que se llama Ciudad Bolívar. “Allí nací y le pagaban a una señora para que me tuviera, porque mi mamá ‘nunca estuvo en embarazo’, se le podía dañar el matrimonio; aunque después se le dañó igual”, relata con una sonrisa un tanto amarga.

Su nombre y sus apellidos, dice, son los que estaban en el registro que encontraron en Ciudad Bolívar y que insólitamente eran los de sus padres verdaderos. El padre Diógenes no se lo explica, pero tampoco demuestra gran curiosidad por develar ese misterio, como si su historia quedara saldada con el consuelo que le dejó, años después, saber que su madre lamentó siempre su pérdida porque había sido obligada a abandonarlo.

Con el apoyo y el aval del Padre Díez, el jovencito Diógenes estudió. Vivió también una difícil adolescencia en el barrio Las Cruces, pero como quería estudiar, aguantó y terminó el bachillerato. Quiso ser médico, se ganó una beca para estudiar ingeniería industrial, pero su situación precaria lo llevó de manera práctica a decidirse por el Seminario. Su único capital era el apoyo de ‘su papá’, el sacerdote Bernardo Díez, y aunque en ese momento no sentía vocación sacerdotal fue la única respuesta que encontró a la pregunta “¿Cuál es el lugar en donde te dan estudio, te ayudan y te dan comida?”.

Pero aunque la calle había quedado atrás, sus secuelas lo siguieron. Secuelas sociales como el estigma de su procedencia; secuelas físicas como la Leucemia Linfoide crónica que le descubrieron cuando ya ejercía como sacerdote; y secuelas en su carácter, pues su falta de sumisión hizo que lo expulsaran de cuatro seminarios y que su ordenación haya sido casi un milagro.

“Papá me avalaba para ingresar en los seminarios, pero cometía un error y era que siempre contaba mi historia, mi procedencia”, explica. Así que al aspirante a sacerdote que solo quería estudiar filosofía lo ponían siempre a hacer los peores trabajos. “Como eres de la calle, tienes que trabajar más duro. Hay que domar el espíritu”, le replicaban cuando se quejaba. Y entonces mandaba a sus superiores a domar a sus respectivas madres. El padre Diógenes se sonríe cuando lo recuerda, como quien rememora una acción épica.

En el último claustro que estuvo además llegó a golpear a su Director, en la actualidad un reconocido arzobispo de quien prefiere mantener en reserva el nombre, no tanto para protegerlo como para no seguir sufriendo la marginación a la que lo condenó tras haberle puesto los dos ojos morados.

“Recuerdo que papá me llevó a uno, me presentó al rector, le dijo lo mismo que decía siempre. El rector me acogió con mucho cariño, fue una persona espectacular durante dos o tres meses, me daba ropa. Y algún día se me metió al cuarto y quiso abusar de mí. En el forcejeo y en la pelea, pues obvio yo ya estaba grandecito, le puse los ojos negros, le saqué una tabla a la cama y le di una ‘maderiada’. Al otro día hubo consejo en el Seminario y a mí me expulsaron porque el rector era una persona idónea y yo era un muchacho que venía de la calle con muchos problemas y mentiroso.”

El padre Díez nunca le creyó pero tampoco lo juzgó y siguió respaldándolo aunque las puertas del sacerdocio parecían cerrársele cada vez más, al menos en Colombia. En medio de su periplo, el joven Diógenes había visto literalmente la luz de su vocación y había decidido que sí quería ser sacerdote. “Hubo un momento, cuando todavía estaba estudiando filosofía, eso lo llamamos el toque de Dios. Alguna vez, con los ojos abiertos, a las 8 de la noche de un martes, en un lugar en dónde estaba escampando cuando iba para un seminario, una mujer muy hermosa me habló, me dijo que siguiera adelante que ella quería verme como su sacerdote. Al principio no entendí quién era, fue difícil para mí entenderlo. Pero siempre fui devoto de María auxiliadora y sé que fue ella la que me habló. Me dijo que iba a tener muchos tropiezos. Fue extraño. Era una mujer que no se mojaba en medio de ese aguacero. Una luz muy hermosa, divina. Y me dijo ‘sigue adelante no te desesperes’.”

Así que, sintiéndose renovado, la siguió peleando. Vagó entonces por algunos países vecinos en busca de seminarios que lo aceptaran y así se topó con un sacerdote puertorriqueño, Héctor Alejandro Rey González, que aceptó ordenarlo. Finalmente lo logró en 1994. Por primera vez consiguió un empleo como cura y fue enviado a Venezuela.

Pero “algo tenía que tener después de tantos años de aguantar hambre y tantas cosas”, dice sin asomo de autocompasión. En el país vecino recogería la herencia que le había dejado el ‘paisita’ y comenzaría a transitar el camino que lo uniría a Joseph; le diagnosticaron Leucemia linfoide crónica.

Y como quien relata una vida ajena, el padre cuenta que con una dispensa pero sin dinero “porque la diócesis a la que pertenecía era muy humilde”, viajó a Medellín para “ver que podía hacer”.  Después de los años pasados y sin el “amigo obispo” en la ciudad, tal y como llama al rector que alguna vez quiso abusar de él, logró que un cura amigo le ayudara y pudiera acceder a seguridad social y a las quimioterapias que necesitaba a través de la ‘incardinación’, una figura del derecho canónico que permite que un sacerdote ordenado en una Iglesia pase a servir a otra.

Finalmente en 1999 el tratamiento dio sus frutos, la leucemia desapareció y pudo volver al ejercicio pleno. Lo destinaron entonces al municipio de Peque, en el noroccidente antioqueño, como párroco y misionero. Pero su destino ya había sido marcado en Venezuela. Volvió a Medellín y logró que en el cercano municipio de Guarne le adjudicara en comodato una casa para un hogar de paso para niños de bajos recursos con leucemia que tuvieran que viajar para su tratamiento y no tuvieran donde quedarse. Hizo su capilla ahí y se dedicó a la obra. “Les dábamos comida, dormida y ropa. Casi me volví abogado porque nos la pasábamos poniendo tutelas”.

“Hasta que llegó el 2005” evoca. “Llegó el regalo de mi vida. Mucha gente dice que fue la piedra en el zapato, pero fue el regalo de mi vida”, sonríe pleno al regresar a la historia de Joseph, su hijo, quien ahora tiene 8 años, está en tercero y disfruta tanto como su padre de disfrazarse de Superman, Batman y el enmascarado de plata. “Quizás porque como yo nunca tuve la oportunidad me paso disfrazándolo, yo también lo hago”, dice mientras exhibe sonriendo cientos de fotos compartidas que guarda en riguroso orden cronológico.

Después que adoptó a Joseph, mantuvo el hogar en Guarne cinco años más. Pero comenzaron a aparecer denuncias ante Bienestar Familiar e incluso acusaciones judiciales que lo señalaban como un falso sacerdote. El tiro de gracia fueron las amenazas que comenzaron a llegar para que desocupara la casa, a pesar de que la concesión en comodato había sido renovada. “Yo no temía por mí, pero cuando vos tenés un hijo las cosas cambian. Ya me daba miedo que me pasara algo y el niño…”

Así que entregó la casa en Guarne, y con ella la posibilidad de ejercer el sacerdocio dentro de la institución. La Arquidiócesis de Medellín no volvió a asignarlo a ninguna parroquia. Y explica que esto lo convirtió, de acuerdo al derecho canónico, en un “sacerdote válido pero no lícito”. O sea, que aunque no lo despojaron de su investidura, en los hechos no tiene su aval para desempeñarse como cura.

El padre Diógenes vive ahora de consultas informales, asesorías de familia, oraciones de sanación, misas y ceremonias religiosas que tienen que ser registradas por sacerdotes amigos porque a él no se le permite. No cobra por ello y sus ingresos dependen de la buena voluntad de quienes reciben sus servicios. Sabe que no puede cobrar porque para eso sí necesitaría el permiso de la Arquidiócesis, “pero como no me acogen, ¿a quién le pido permiso? Yo le pido permiso a Dios. Lucho por mi niño. Nunca me volvieron a llamar para celebrar misa en las parroquias, no me dejan. Pero yo soy sacerdote de aquí a donde vaya, tengo los papeles”, dice con énfasis y no puede disimular el dolor mientras señala varios diplomas enmarcados en una pared que registran tanto su ordenación como el título de sicólogo que obtuvo después.

El ‘paisita’ no quiere sin embargo darles el gusto de echarlo. “Quien me puede quitar a mi ser sacerdote, nadie. Creo en lo que hago, amo el sacerdocio y quisiera poder hablar con el papa Francisco para algún día poder tener un permiso y que no me molesten la vida, no ya para que me asignen una parroquia. Una parroquia me limitaría para seguir ayudando como lo hago”.

¿La leucemia de Joseph? La pregunta sobre su hijo le devuelve la sonrisa amplia de otros momentos. “El niño se curó, está muy bien. Hace tres meses se hizo los últimos exámenes y no aparece nada, solamente plaquetas bajas. Su cuerpo no asimila el hierro, por eso hay que ponerle la inyección de Complejo B. Es lo único. ¿Cómo te explico yo que es un milagro…?”

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México, la ex dictadura perfecta

Vivía en México cuando asumió Vicente Fox como el presidente “renovador” de la democracia en ese país. Lo digo así porque eran muchas las voces de todo pelambre ideológico que celebraron el fin de lo que Mario Vargas Llosa llamó en 1990 “la dictadura perfecta”, refiriéndose a la larga hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el poder, y que terminó en 2000 con el triunfo  del candidato a la presidencia del Partido de Acción Nacional (PAN), después de 71 años ‘priistas’.

En marzo de este año le recordaron al flamante nobel de literatura, en un congreso de renovación educativa, su famosa frase. Vargas Llosa admitió que se equivocó y que la dictadura no era tan perfecta, porque finalmente había sucumbido ante la verdadera democracia, señaló contrito.

Supongo que se refería a los dos gobiernos de derecha que se han sucedido desde el 2000 – el de Vicente Fox y el de su copartidario en el PAN, el actual presidente Felipe Calderón – y que, según el lúcido escritor devenido en opinólogo político en todo América Latina (¡si lo sabremos acá en la Argentina!), han logrado que en México haya “un enorme progreso hacia el Estado de derecho”, elecciones libres y, lo más impresionante, “la legalidad informativa”.

Por suerte dejó una ventana abierta, y dijo también que esa democracia alcanzada todavía es imperfecta.

Por suerte digo, porque ¿cómo justificaría, si alguien se lo preguntara, que México es desde el 2000 precisamente, el país más peligroso para ejercer el periodismo?

Y no es retórica. De acuerdo a cifras de varios organismos como Reporteros Sin Fronteras, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos(CNDH) y otros organismos nacionales e internacionales, desde que asumió el PAN,  “78 comunicadores han sido asesinados y 15 más, desaparecidos”. Solo en el último gobierno, el de Calderón,  “la incidencia de crímenes fatales en contra de periodistas ha aumentado en 241.8% respecto de la administración de Fox”. Desde el 2006 “63 reporteros han sido víctimas de la violencia: 52 asesinados y 11 desaparecidos”.

Calderón por supuesto niega cualquier responsabilidad; pero de acuerdo a la CNDH, Reporteros Sin Fronteras y otros organismos nacionales  “el 49.03% de los ataques son cometidos por representantes de los gobiernos en sus tres niveles; el 26.45% por el crimen organizado, y del 11.61% restante se desconoce la identidad de los perpetradores”.

Todas estas cifras impresionantes se pueden ver en un completo y detallado informe en la revista Contralínea, aquí.

Para el relator para la libertad de opinión y expresión de las Naciones Unidas,  Frank La Rue,“México ha devenido en el lugar más peligroso para ejercer el periodismo en las Américas”. La organización Reporteros sin Fronteras va más allá y señala que es “el más peligroso en el mundo para ejercer la profesión, por encima incluso de Irak”. Para el investigador titular del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Javier Esteinou Madrid, México es un “estado fallido en el campo de la comunicación”.

Y para el analista de realidades latinoamericanas Mario Vargas Llosa, ¿qué grado de imperfección democrática ameritará reconocer que de nuevo está equivocado?

La noble Argentina

Esta imagen impensada hace un par de años habla de que algo está cambiando en esta Argentina. Por suerte.

Cuando llegué a este país, ese librito blanco de letras rojas era una rareza, no circulaba, no se vendía. Estaba casi proscrito. Me lo mencionaban y era una especie de leyenda, como su autor.

Conocí algo de la historia de Pablo Llonto por gente que lo conocía cuando trabajó precisamente en ‘el gran diario argentino’. Una historia de lucha solidaria y sobre todo de coherencia y fidelidad consigo mismo. Llonto matuvo una larga pelea judicial contra el diario por su despido cuando era representante gremial. Todo esto y seguramente la publicación del libro lo llevó a ser considerado casi mala palabra, no solo en Clarín sino en muchos medios que por identificación corporativa vetaban su nombre (y de paso su libro) solo por no enemistarse con el diario de La Noble Ernestina.

Mi admiración tuvo un primer contacto directo cuando leí una crónica que escribió sobre los Pumas, la selección de rugby de este país. Me gustó esa tendencia a derribar ídolos y a cuestionar las construcciones mediáticas alrededor de verdades aparentemente incuestionables. Iba contra la corriente. Después supe de su lucha por los Derechos Humanos y su participación como abogado en causas de desaparecidos durante la dictadura.

En fin, este no pretendía ser un post de homenaje, de exaltación ni nada por el estilo. Solo me causó una gratísima impresión encontrar su libro en una de las librerías más comerciales de la ciudad, exhibido al lado de uno de los escritores que más vende… Una visibilidad que se merecía, aunque no se si al lado de Andahazi…

Un poder, otrora intocable, al fin cuestionado.

En defensa del Colo

El colo
tomada de http://www.adnmundo.com. Afiche que sacaron a las calles a propósito del partido entre Argentina y Colombia por la eliminatoria para ir al mundial

De acuerdo. El colo (rado) es de lo peor que ha llegado a la política argentina en los últimos años. Un reciclaje de prácticas neoliberales, esas en las que el mercado y la teoría del derrame, el esfuerzo meramente individual y el gerenciamiento empresarial son paradigmas sine qua non para el progreso de las sociedades. Así nos fue, pero la gente parace olvidarlo. Además parece que ejerce prácticas empresarias despiadadas y oscuras, según he leído, que unido a una especie de prepotencia que expresa a través de la desmedida y casi obscena exhibición de su dinero en pos de lograr un lugar de poder político, lo hacen un personaje bastante nefasto.

Pero no, en esta ocasión no voy a criticarlo, al contrario, voy a defender al colo(mbiano).

El asunto es: ¡Me saca de quicio que le digan colombiano a De Narváez, como una de sus carácterísticas cuando buscan descalificarlo!
Me parece discriminatorio,  tendencioso, y estigmatizante. Miren que hay tela para cortar para caerle encima como para que tener que echar mano del hecho de que sea extranjero, y colombiano para más señas. Se que les cae de perlas a sus detractores por aquello del narcotráfico y la causa judicial con la que se le relaciona ahora. Pero hasta donde yo se, su posible vinculación con el rey de la efedrina no tiene nada que ver con Colombia.
Es tan inocuo decirle colombiano de la manera despectiva como viene siendo utilizado en los diarios y blogs supuestamente “progres”, que de quien habla mal es de quien utiliza la adjetivación gratuitamente.
Porque se supone que debería ser una virtud  que la sociedad argentina tenga la apertura de votar a alguien que adoptó este país para vivir … cualquiera que sea el bicho.
Se supone que los “progres” que lo atacan por colombiano defienden los valores democráticos, inclusivos, solidarios para todos y no solo para quienes ellos elijan. Esos valores que supuestamente ven amenazados con la opción política que representa De Narváez.
Señalar junto a sus características negativas que sea extranjero es fomentar en el imaginario social la exclusión por rasgos objetivos. Bolitas, perucas, negros de mierd… Esos calificativos que tanto se condenan desde esos mismos medios y que relacionamos con los intereses mezquinos de sectores que seguramente votarán una opción de derecha como la de De Narváez.

Así que media pila! No nos parezcamos. Críticas con altura y con argumentos! No todo se vale para atacar al opositor, y menos lo que menoscaba el propio ideario.
Ser progre, de izquierda, social o como quieran calificar la opción contraria a lo que representa el colo (rado), incluye defender el derecho de todos los que vivimos (y sufrimos) en este país (incluyendo el de él), para participar como ciudadano de este  sistema democrático (con defectos y profundos vacíos, pero democrático al fin), que da la opción de que un extranjero nacionalizado participe en lo que sin importar su origen, lo afecta.
La Argentina actual nos da esa oportunidad a muchos. Hay que defender esa Argentina. En esa elegí vivir.

Hay un dicho que dice que no se elige al hermano, pero sí a los amigos. Yo digo, no se elige en donde se nace pero sí donde se vive. O, ¿no es, desde cierta perspectiva, más comprometido el lazo por opción que el inevitable?

Celebración!!!!!

fuegos-artificialesY no hablo de navidad, ni del cumpleaños de mi mamá, ni de las vacaciones que ya llegan. Y aunque lo merecen,  ni del zapatazo a Bush o del anuncio del retiro de tropas británicas de Irak en 6 meses.

Hoy estoy feliz y merece celebración ruidosa, efusiva y larga, que el parlamento Europeo haya rechazado por absoluta mayoría esa propuesta indecente y regresiva de aumentar la jornada laboral semanal de 48  a 65 horas, y que había sido aprobada por los ministros de trabajo de los 27 países que conforman el bloque, en junio pasado.

Fiesta!!! fiesta!!!

Vea la noticia aquí, aquí y aquí.puno-en-alto

Los olvidados de siempre (III parte… o IV, o I)

Impresionante foto de Luiz Vasconcelos de A Critica y Reuters

Las redacciones de los medios están enloquecidas con la gran debacle financiera mundial, culpa de algo que hicieron algunos yuppies ambiciosos e inescrupulosos en países desarrollados pero que efectivamente demuestra esa famosa teoría del ‘derrame’ pero al revés, porque inexorablemente nos afectará también a los simples mortales del otro lado del mundo.

En Argentina, también el regreso de los fondos previsionales a manos del Estado, tiene al periodismo ‘patas arriba’ llenando papel con análisis, especulaciones, posturas en pro y en contra, etc. etc. etc. Y no son pocos los que ven una hecatombe en la ‘desaparición del mercado de capitales’, porque los fondos, que deberían ser para garantizar que usted y yo podamos vivir bien cuando estemos en nuestros últimos años, son alimento para que unos pocos financistas jueguen con esa plata, engorden con las ganancias que obtienen y repartan el hambre cuando pierden con sus jugadas, como ahora. ¿O alguien piensa que las administradoras privadas de pensiones andan pensando en salvar viejitos en esta época de vacas flacas?

El asunto es que en medio de estas terribles noticias de grandes crisis y paradigmas rotos, para millones la vida sigue siendo una tragedia y no porque sus acciones bajaron, o especularon y perdieron. Su tragedia no sabe de ideologías, teorías, mercados, la baja del dólar, los famosos ‘dineros tóxicos’ o la inversión en bonos públicos. Su tragedia es el abandono y la represión, el olvido y la marginación para un sistema (que incluye a los grandes medios) que no los cuenta porque no consumen. Y ahí sí que no parece haber diferencias entre las orientaciones de Uribe, Lula o Cristina. En cualquiera de los países que gobiernan, si se quejan les pasa esto:

La fotos son en su orden: En Jujuy, Argentina (represión en La Quiaca), en Colombia (informe sobre la resistencia indígena), y en el Amazonas brasileño (fotos de Luiz Vasconcelos).


Adalides de la libertad de prensa

Pese a mi voluntad y a la instrospección de los últimos días, se me cuela el día a día que nos invade a través de los diarios. Por algunos asuntos personales últimamente exclamo para mí misma “sigo siendo tan ingenua!”. Pero también porque pese a saber o suponer los intereses que mueven este mundo, me sigue indignando percibir que las buenas banderas son utilizadas para intereses velados pero muy concretos y obviamente, particulares.

No quiero convertirme en cínica, pero tampoco quiero pecar de ingenua, y mucho menos darme cuenta que hay gente que cree que los demás somos tontos.

Y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), cuya consigna es la libertad de prensa y la lucha por las garantías democráticas y dentro de ellas la necesaria libertad del ejercicio periodístico, me hace exclamar con indignación por mi ingenuidad.

Dice que sus objetivos son:

Defender la libertad de prensa donde quiera que se impugne en las Américas.
Proteger los intereses de la prensa en las Américas.
Defender la dignidad, los derechos y las responsabilidades del periodismo.
Alentar normas elevadas de profesionalismo y conducta empresarial.

Y en la declaración de Chapultepec, afirma:

La práctica democrática debe reflejarse en instituciones modernas, representativas y respetuosas de los ciudadanos; pero debe presidir también la vida cotidiana.

Y más adelante habla de la democracia y de la libertad así:

La libertad no debe ser coartada en función de ningún otro fin. La libertad es una, pero a la vez múltiple en sus manifestaciones; pertenece a los seres humanos, no al poder.

Y además, sus principios comienzas diciendo:

Una prensa libre es condición fundamental para que las sociedades resuelvan sus conflictos, promuevan el bienestar y protejan su libertad.

Y no quiero seguir alimentando mi enojo con este lindo discurso.

El asunto es que acaba de terminar la Asamblea anual de la SIP, en Madrid inaugurada por Juan Carlos de Borbón (no se por qué, porque los objetivos hablan clarito de las Américas. Será por aquello de la madre patria o yo en realidad no entiendo nada de nada). En ella se presentó el informe sobre libertad de prensa país por país, solo de América, España solo es la madre anfitriona.

Mal para la hija Argentina. Según lo reflejan Clarín y La Nación, “En sus conclusiones, la Asamblea puntualizó que en la Argentina “continuaron las agresiones por parte del Poder Ejecutivo contra medios y periodistas, especialmente durante los meses de conflicto entre el Gobierno y el agro”.  También denuncia “promoción de proyectos administrativos y legislativos que podrían tender a controlar o debilitar a los medios, tanto en su faz periodística como en su independencia económica”.

Que me acuerde, en el problema con las cuatro entidades rurales que realizaron el lock out patronal, hubo una muy fuerte campaña mediática en favor de quienes pararon, que fueron los dueños de los medios productivos y no los trabajadores del campo. Ellos, con la unanimidad de esas mismas entidades, siguen trabajando de sol a sol con un  “derecho” laboral que data de la dictadura. Y que recuerde, Expoagro, la mayor feria agropecuaria del país, es organizada precisamente por Clarín y La Nación; que en su última edición, este añito no más – marzo de 2008 -, y según cifras de los organizadores, se batió un nuevo récord solo de ventas, de cerca de 170 millones de dólares en 4 días.

Y que me acuerde, el proyecto legislativo que promocionó el gobierno fue una nueva ley de Radiodifusión que reemplazaría a la vieja, firmada por el dictador Rafael Videla (¿libertad de expresión en un sistema autoritario?)  y que con una enmienda del gobierno de Carlos Menem permitió la concentración empresarial de medios (modificación que tiene nombre propio).  Lamentablemente la iniciativa parece encajonada ahora que la marea bajó en el enfrentamiento de intereses de uno y otro lado. Quiero decir, entre el gobierno y los intereses muy particulares de las empresas que aglutinan medios. Y no, como lo quieren hacer ver, con los medios mismos en su función de informar.

Pero como si esto no fuera poco para desconfiar del famoso informe de la SIP, resulta que mientras aquí las cosas empeoran, en Colombia mejoran! Sí, bueno, si consideramos que ya no son 74 víctimas de violaciones a la libertad de prensa, sino ‘solo’ 63 en el primer semestre de este año, aunque la mayoría sean por amenazas de muerte. Sí, parece que mejoran.

Y seguramente va a seguir mejorando porque ahora los colombianos gozamos de la más alta representación en la SIP. El nuevo presidente de la Sociedad que defiende la libertad de prensa es ahora Enrique Santos Calderón. Sí, de los Santos de El Tiempo de Colombia, que tambiés es  como decir grupo Planeta de España. Hermano además del Ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, y primo del vicepresidente Francisco Santos.

No se porque se me vino de pronto a la mente la opereta de la foto filtrada a la prensa (léase El Tiempo) con la que se quiso “probar” que el gobierno de Ecuador era cómplice de la guerrilla de las FARC. Esa en la que el supuesto ministro de Seguridad ecuatoriano estaba reunido con Raúl Reyes, el acribillado en territorio de ese país, por el ejército colombiano (me parece recordar que estuvimos al borde de un conflicto armado con ese país por esa operación militar), y que resultó ser el secretario general del Partido Comunista de la Argentina, Patricio Echegaray. Una manipulación y violación a todas las reglas mínimas de respeto a la veracidad y a la honestidad periodística. Tanto así que el mismo diario tuvo que retractarse y pedir disculpas por la que resultó una burda operación a la que se prestó el medio, en exclusiva vale decir.

Pero no, yo soy demasiado mal pensada si desconfío de la “independencia” de nuestra Sociedad Interamericana de Prensa, porque ellos mismo lo expresan:

La libertad es una, pero a la vez múltiple en sus manifestaciones; pertenece a los seres humanos, no al poder.