Un milagro para Diógenes

Un cura sin parroquia, un padre a pulmón

(Texto original del artículo publicado en el periódico mensual Universo Centro)

Diógenes es sacerdote y tiene un hijo. Un milagro los ensambló como la única familia que han conocido. Al menos, así lo cree este cura sin parroquia que no tiene otra explicación para sus vidas, la de él y la de Joseph, dos sobrevivientes de una sociedad intolerante que condena a inocentes.

“A veces sueño. Sueño muchas veces con tomates. Entonces pienso que llevaban tomates en un camión de Urrao y que me monté en uno que iba para el mercado de Abastos y resulté allá”. Y allá es la calle del Cartucho en Bogotá, esa zona de miseria que durante 40 años fue tierra arrasada a solo dos cuadras de la Casa de Nariño, donde niños y adolescentes difícilmente superaban la existencia a punta de aspirar pegante ‘bóxer’ y cocinol, fue el escenario de los primeros recuerdos que el padre Diógenes tiene de su niñez

“Yo no tengo recuerdos de mi niñez, de esos tres años y medio lo que te puedo decir es que era adicto al ‘bóxer’. No me acuerdo si marihuana o esas cosas, no me acuerdo de nada de eso. Sé que tomaba bóxer y cocinol. Aspirábamos eso y eso lo trababa a uno, así aguantábamos el hambre y el frío”.

El ‘paisita’, como le decían cuando llegó a Bogotá, debió tener escasos cuatro años cuando emprendió su viaje a ese inframundo en el imaginado camión de tomates desde el puerto de Bolombolo en el suroeste antioqueño. Allí lo había dejado una señora a la que le habían pagado para que lo cuidara desde que nació en el municipio vecino de Ciudad Bolívar. “Con el tiempo le dejaron de pagar. La señora era de edad, de demasiada edad. Y ella me llevó llena de achaques y de enfermedades y me dejó ahí, junto al puente. No sé cuántos años tendría yo. De eso me enteré después.”

Lo que sí recuerda el sacerdote son los dos balazos que se ganó cuando tenía 6 o 7 años y trataba de palear el frío bogotano debajo del puente de la 26. Ahí lo alcanzó otra realidad nacional, un movimiento de limpieza social autodenominado ‘muerte a indigentes’ que por la época, 1978, lo hizo blanco de su política de exterminio. “Esa época difícil cuando mataban a los indigentes porque estaban proliferando”, explica con un tono diáfano como si no estuviera hablando de su propia sentencia de muerte de la que le salvó el Dios que aún no había encontrado.

La misma locura de muerte que le arrebató la familia a Joseph en el Urabá antioqueño en el 2005 y lo empujó literalmente a los brazos del padre Diógenes. Porque fueron tres meses en los que el sacerdote tuvo a un Joseph enfermo y débil entre sus brazos y aferrado a su pecho y a la vida. ‘Cangurearlo’ dice, era la única posibilidad para que ese bebé, de menos de dos meses con hipotermia, sobreviviera;  no podían dejarlo en una incubadora que otros con más esperanza de vida necesitaban. Eso le explicaron en el Hospital San Vicente de Paul cuando fue convocado de emergencia una noche para que lo bautizara y el bebé no muriera como NN. Joseph era huérfano de una masacre y además sufría de Leucemia Linfoide Aguda Congénita.

En el 2005 hubo una matanza en Urabá donde los  paramilitares asesinaron a 39 miembros de una familia. Solo un bebé sobrevivió, explica. El padre prefiere no entrar en detalles sobre su hallazgo “porque es parte de la historia de mi hijo y es parte de las circunstancias que debo callar por su seguridad”. Lo que sí detalla es que el Ejército encontró al niño y lo trajo al San Vicente de Paul cuando todavía no había cumplido dos meses, le faltaban seis o siete días.

“Llegué alrededor de las nueve de la noche en una moto desde Guarne. Cuando fui a bautizarlo, estaban también unos señores de Bienestar Familiar y me dijeron: Padre, el niño ya se va a morir, no queremos que quede como NN, póngale un nombre y póngale unos apellidos. Le puse Joseph, que significa ‘Dios proveerá’; yo siempre he admirado a San José.” El padre Diógenes se permite entonces, en medio del crudo relato, una humorada religiosa, “San José es el santo más noble y justo, es el único que ha levantado a los hijos de los demás y no chista para nada”, y ríe con ganas.

Sigue explicando la razón del nombre y con entusiasmo casi infantil explica que además del motivo religioso también le gustaba por Joseph Blatter, el presidente de la FIFA. Y aún en la urgencia, sucumbió a esa costumbre tan colombiana de rendir homenaje a los ídolos: “Me fascinaba Michael Joseph Jackson, me encantaba Karol Józef Wojtyła, y de casualidad el papa era Joseph Ratzinger”.

Así que lo bautizó Joseph, le puso sus propios apellidos y sin intención lo convirtió legalmente en su hijo. Cuando regresó al día siguiente Joseph había sobrevivido, seguía en estado crítico y lo iban a sacar de la incubadora de cualquier manera. Sin guardar mucho las formas decidió entonces darle una oportunidad de vida y se lo llevó a la Fundación que dirigía en ese momento, dedicada a darle un hogar de paso a niños con leucemia. “Me lo dejaron llevar porque se iba a morir. Lo tuve tres meses en el pecho. Además hubo una persona muy especial que tuvo un bebé al que nunca le gustó la leche materna y toda la disfrutó Joseph.”

Sin querer, el sacerdote repetía su propia historia. Casi treinta años atrás, otro sacerdote, el jesuita Bernardo Díez le dio al ‘paisita’ de la calle del Cartucho la posibilidad de dejar ese mundo de hambre y miseria y se convirtió en la única figura paterna que Diógenes conoció. El ‘paisita’ que ya debía tener siete u ocho años y llevaba más de tres en la calle, fue recogido por la policía en una de las típicas ‘batidas’. Lo llevaron a una estación de policía, “no recuerdo bien si era la cuarta o la quinta, una que quedaba al pie de Monserrate, nos pusieron debajo de esos chorros de agua, nos bañaron con jabón Rey y nos motilaron. Yo estaba muerto de frío tomándome un chocolate caliente cuando él apareció.”

El ‘paisita’ no sabía su nombre, no tenía idea cómo había llegado a Bogotá y de dónde era, pero tenía claro que no quería seguir viviendo en la calle. “Nos dijo que si queríamos tener una casa, que si queríamos tener alguna comodidad. Y yo pienso que cuando no naces para estar en la calle, no estás en la calle. ¿Si me entiendes?, y yo no quería estar en la calle, me fui con él.”

El padre Díez no solo le dio techo y comida en un orfanato manejado por monjas, también le devolvió su identidad.

Aunque Diógenes no recuerda con alegría a las religiosas, “porque son las personas más horribles del mundo. Son las comunidades que más dinero tienen y las que más te humillan. Y allá era una humillación tras humillación, tras humillación, tras humillación…”, sí comenzó a decirle papá a Díez, el hombre que, como él haría años después con Joseph, le dio un nombre y una historia. Y por él, dice, soportó el maltrato: “yo no quería volver a la calle”.

A través de sus huellas digitales, el jesuita averiguó los registros de ese niño que una vez apareció en Bolombolo abandonado al lado del puente. Así supo que fue hijo ilegítimo de dos personas que provenían de familias muy ricas. “Mi mamá era una persona casada que se encontró con un hombre casado y de esa relación en el 71 ella quedó en embarazo; ese fue el problema más horrible en Envigado.” Cuando pudo reconstruir su historia y su condición de sacerdote le abrió las puertas para poder revisar archivos y hablar con gente clave, supo que a su mamá la habían mandado a un pueblo que se llama Ciudad Bolívar. “Allí nací y le pagaban a una señora para que me tuviera, porque mi mamá ‘nunca estuvo en embarazo’, se le podía dañar el matrimonio; aunque después se le dañó igual”, relata con una sonrisa un tanto amarga.

Su nombre y sus apellidos, dice, son los que estaban en el registro que encontraron en Ciudad Bolívar y que insólitamente eran los de sus padres verdaderos. El padre Diógenes no se lo explica, pero tampoco demuestra gran curiosidad por develar ese misterio, como si su historia quedara saldada con el consuelo que le dejó, años después, saber que su madre lamentó siempre su pérdida porque había sido obligada a abandonarlo.

Con el apoyo y el aval del Padre Díez, el jovencito Diógenes estudió. Vivió también una difícil adolescencia en el barrio Las Cruces, pero como quería estudiar, aguantó y terminó el bachillerato. Quiso ser médico, se ganó una beca para estudiar ingeniería industrial, pero su situación precaria lo llevó de manera práctica a decidirse por el Seminario. Su único capital era el apoyo de ‘su papá’, el sacerdote Bernardo Díez, y aunque en ese momento no sentía vocación sacerdotal fue la única respuesta que encontró a la pregunta “¿Cuál es el lugar en donde te dan estudio, te ayudan y te dan comida?”.

Pero aunque la calle había quedado atrás, sus secuelas lo siguieron. Secuelas sociales como el estigma de su procedencia; secuelas físicas como la Leucemia Linfoide crónica que le descubrieron cuando ya ejercía como sacerdote; y secuelas en su carácter, pues su falta de sumisión hizo que lo expulsaran de cuatro seminarios y que su ordenación haya sido casi un milagro.

“Papá me avalaba para ingresar en los seminarios, pero cometía un error y era que siempre contaba mi historia, mi procedencia”, explica. Así que al aspirante a sacerdote que solo quería estudiar filosofía lo ponían siempre a hacer los peores trabajos. “Como eres de la calle, tienes que trabajar más duro. Hay que domar el espíritu”, le replicaban cuando se quejaba. Y entonces mandaba a sus superiores a domar a sus respectivas madres. El padre Diógenes se sonríe cuando lo recuerda, como quien rememora una acción épica.

En el último claustro que estuvo además llegó a golpear a su Director, en la actualidad un reconocido arzobispo de quien prefiere mantener en reserva el nombre, no tanto para protegerlo como para no seguir sufriendo la marginación a la que lo condenó tras haberle puesto los dos ojos morados.

“Recuerdo que papá me llevó a uno, me presentó al rector, le dijo lo mismo que decía siempre. El rector me acogió con mucho cariño, fue una persona espectacular durante dos o tres meses, me daba ropa. Y algún día se me metió al cuarto y quiso abusar de mí. En el forcejeo y en la pelea, pues obvio yo ya estaba grandecito, le puse los ojos negros, le saqué una tabla a la cama y le di una ‘maderiada’. Al otro día hubo consejo en el Seminario y a mí me expulsaron porque el rector era una persona idónea y yo era un muchacho que venía de la calle con muchos problemas y mentiroso.”

El padre Díez nunca le creyó pero tampoco lo juzgó y siguió respaldándolo aunque las puertas del sacerdocio parecían cerrársele cada vez más, al menos en Colombia. En medio de su periplo, el joven Diógenes había visto literalmente la luz de su vocación y había decidido que sí quería ser sacerdote. “Hubo un momento, cuando todavía estaba estudiando filosofía, eso lo llamamos el toque de Dios. Alguna vez, con los ojos abiertos, a las 8 de la noche de un martes, en un lugar en dónde estaba escampando cuando iba para un seminario, una mujer muy hermosa me habló, me dijo que siguiera adelante que ella quería verme como su sacerdote. Al principio no entendí quién era, fue difícil para mí entenderlo. Pero siempre fui devoto de María auxiliadora y sé que fue ella la que me habló. Me dijo que iba a tener muchos tropiezos. Fue extraño. Era una mujer que no se mojaba en medio de ese aguacero. Una luz muy hermosa, divina. Y me dijo ‘sigue adelante no te desesperes’.”

Así que, sintiéndose renovado, la siguió peleando. Vagó entonces por algunos países vecinos en busca de seminarios que lo aceptaran y así se topó con un sacerdote puertorriqueño, Héctor Alejandro Rey González, que aceptó ordenarlo. Finalmente lo logró en 1994. Por primera vez consiguió un empleo como cura y fue enviado a Venezuela.

Pero “algo tenía que tener después de tantos años de aguantar hambre y tantas cosas”, dice sin asomo de autocompasión. En el país vecino recogería la herencia que le había dejado el ‘paisita’ y comenzaría a transitar el camino que lo uniría a Joseph; le diagnosticaron Leucemia linfoide crónica.

Y como quien relata una vida ajena, el padre cuenta que con una dispensa pero sin dinero “porque la diócesis a la que pertenecía era muy humilde”, viajó a Medellín para “ver que podía hacer”.  Después de los años pasados y sin el “amigo obispo” en la ciudad, tal y como llama al rector que alguna vez quiso abusar de él, logró que un cura amigo le ayudara y pudiera acceder a seguridad social y a las quimioterapias que necesitaba a través de la ‘incardinación’, una figura del derecho canónico que permite que un sacerdote ordenado en una Iglesia pase a servir a otra.

Finalmente en 1999 el tratamiento dio sus frutos, la leucemia desapareció y pudo volver al ejercicio pleno. Lo destinaron entonces al municipio de Peque, en el noroccidente antioqueño, como párroco y misionero. Pero su destino ya había sido marcado en Venezuela. Volvió a Medellín y logró que en el cercano municipio de Guarne le adjudicara en comodato una casa para un hogar de paso para niños de bajos recursos con leucemia que tuvieran que viajar para su tratamiento y no tuvieran donde quedarse. Hizo su capilla ahí y se dedicó a la obra. “Les dábamos comida, dormida y ropa. Casi me volví abogado porque nos la pasábamos poniendo tutelas”.

“Hasta que llegó el 2005” evoca. “Llegó el regalo de mi vida. Mucha gente dice que fue la piedra en el zapato, pero fue el regalo de mi vida”, sonríe pleno al regresar a la historia de Joseph, su hijo, quien ahora tiene 8 años, está en tercero y disfruta tanto como su padre de disfrazarse de Superman, Batman y el enmascarado de plata. “Quizás porque como yo nunca tuve la oportunidad me paso disfrazándolo, yo también lo hago”, dice mientras exhibe sonriendo cientos de fotos compartidas que guarda en riguroso orden cronológico.

Después que adoptó a Joseph, mantuvo el hogar en Guarne cinco años más. Pero comenzaron a aparecer denuncias ante Bienestar Familiar e incluso acusaciones judiciales que lo señalaban como un falso sacerdote. El tiro de gracia fueron las amenazas que comenzaron a llegar para que desocupara la casa, a pesar de que la concesión en comodato había sido renovada. “Yo no temía por mí, pero cuando vos tenés un hijo las cosas cambian. Ya me daba miedo que me pasara algo y el niño…”

Así que entregó la casa en Guarne, y con ella la posibilidad de ejercer el sacerdocio dentro de la institución. La Arquidiócesis de Medellín no volvió a asignarlo a ninguna parroquia. Y explica que esto lo convirtió, de acuerdo al derecho canónico, en un “sacerdote válido pero no lícito”. O sea, que aunque no lo despojaron de su investidura, en los hechos no tiene su aval para desempeñarse como cura.

El padre Diógenes vive ahora de consultas informales, asesorías de familia, oraciones de sanación, misas y ceremonias religiosas que tienen que ser registradas por sacerdotes amigos porque a él no se le permite. No cobra por ello y sus ingresos dependen de la buena voluntad de quienes reciben sus servicios. Sabe que no puede cobrar porque para eso sí necesitaría el permiso de la Arquidiócesis, “pero como no me acogen, ¿a quién le pido permiso? Yo le pido permiso a Dios. Lucho por mi niño. Nunca me volvieron a llamar para celebrar misa en las parroquias, no me dejan. Pero yo soy sacerdote de aquí a donde vaya, tengo los papeles”, dice con énfasis y no puede disimular el dolor mientras señala varios diplomas enmarcados en una pared que registran tanto su ordenación como el título de sicólogo que obtuvo después.

El ‘paisita’ no quiere sin embargo darles el gusto de echarlo. “Quien me puede quitar a mi ser sacerdote, nadie. Creo en lo que hago, amo el sacerdocio y quisiera poder hablar con el papa Francisco para algún día poder tener un permiso y que no me molesten la vida, no ya para que me asignen una parroquia. Una parroquia me limitaría para seguir ayudando como lo hago”.

¿La leucemia de Joseph? La pregunta sobre su hijo le devuelve la sonrisa amplia de otros momentos. “El niño se curó, está muy bien. Hace tres meses se hizo los últimos exámenes y no aparece nada, solamente plaquetas bajas. Su cuerpo no asimila el hierro, por eso hay que ponerle la inyección de Complejo B. Es lo único. ¿Cómo te explico yo que es un milagro…?”

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Hay que ser! magnate

Murió Julio Mario Santo Domingo. Cacao colombiano. Para los que no entiendan, básicamente uno de los hombres más ricos del mundo, miembro del jet set internacional como se gusta hablar de quienes frecuentan las altas esferas en Nueva York y Paris, y cráneo fundador de empresas que marcaron la historia de Colombia como Avianca y Bavaria. O, ¿Quién no voló por Avianca?… Bueno, al menos ¿quién, en Medellín, no iba al Olaya Herrera a ver salir los aviones de Avianca en la lomita de Campos de Paz?. ¿Quien no brindó con una Pilsen en Medellín, una Club Colombia en Bogotá, una Aguila en la Costa atlántica o una Poker en Cali? Y sí, la cerveza colombiana era 98% de Santo Domingo; desde 2005 de SABMiller.

No será Steve Jobs, pero nuestro multimillonario tuvo lo suyo. Por  las notas de cabotaje por su deceso, nos enteramos que fue pionero, antes que Franco Macri, de vislumbrar la avalancha china; un diagnóstico que le valió un temprano nombramiento como embajador de Colombia en la República Popular de China. 

Además su nieta lo emparentó con la realeza y el glamour europeo.

Un empresario que –  altruismo en su máxima potencia -,  “no le obsesionaba la riqueza, pero sí las ganas de ayudar a la gente”. Aún así, a pasito modesto llegó a acumular una declarada pequeña fortuna de 8 mil 500 millones de dólares. La revista Forbes lo tenía catalogado en el lugar 108 de los hombres más ricos del mundo.  Su mejor negocio, dicen… perdón, el mejor negocio para Colombia reconfirman, fue  “en 2005,  al vender Bavaria a SAB Miller, convirtiéndose en el segundo accionista de la cervecera sudafricana”.

Pero el mundo de los negocios es despiadado y tuvo que deshacerse de otras empresas. Avianca fue vendida al brasileño Germán Efromovich, dueño del Grupo Synergy; TV Cable fue adquirida por el mexicano Carlos Slim, Propilco por la estatal Ecopetrol. También vendió Sofasa, la ensambladora de Renault en Colombia, Aluminos Reynolds y la empresa de servicios aeronáuticos, Helicol. 

Retuvo, según se ha publicado, algunos reductos empresariales que, supongo, serán el consuelo de sus herederos. Biofilm, una empresa dedicada a la producción de películas metalizadas para todo tipo de productos comerciales;  Caracol Televisión, el diario El Espectador y la Revista Cromos, entre otras.

Pero su vocación humanista no fue comprendida por algunos… animales. Decepcionada leo que  una culebra “se suicidó” en una confrontación con el magnánimo magnate…

“Es la culebra más venenosa del mundo… …una picadura lo deja muerto en dos minutos”, le explicaban a Santo Domingo, señalándole una serpiente enroscada en una jaula de travesaños metálicos. Mientras sus acompañantes se mantenían apartados, él se acercó al animal más de lo conveniente y le escupió en la cara.
La culebra se lanzó contra los barrotes tratando de clavarle sus colmillos, como humillada. Santo Domingo le respondió con otro escupitajo. Tenía 55 años, ya era el hombre más rico y poderoso de Colombia, y quería medirse frente al animal más poderoso en un pulso de temple. La víbora siguió arrojándose hacia él en latigazos suicidas. La cabeza le sangraba por los golpes contra el metal. El empresario la escupió de nuevo; el animal tomó impulso, embistió y cayó muerto luego de un último choque de rabia impotente.
Ernesto Mendoza Lince, entonces presidente de la aerolínea Avianca y quien lo acompañaba en el Amazonas, relata que Santo Domingo giró sonriente con semblante victorioso, e invitó a todos los presentes a tomar caipirinhas en el bar del hotel.

Un hombre valiente; mira que hay que desafiar a una víbora! …enjaulada.

Urondo, Conti y un arranque sentimental

Ha sido una semana extremadamente difícil.  Y hoy quiero lucha envuelta en poesía. Quiero paz desde la acción, quiero fuerza a partir de la belleza, quiero calor en el alma. Quiero amor.

Llegaron justas las palabras de Haroldo Conti

y las de Paco Urondo

 “La Pura Verdad”

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos

me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.

En defensa del Colo

El colo
tomada de http://www.adnmundo.com. Afiche que sacaron a las calles a propósito del partido entre Argentina y Colombia por la eliminatoria para ir al mundial

De acuerdo. El colo (rado) es de lo peor que ha llegado a la política argentina en los últimos años. Un reciclaje de prácticas neoliberales, esas en las que el mercado y la teoría del derrame, el esfuerzo meramente individual y el gerenciamiento empresarial son paradigmas sine qua non para el progreso de las sociedades. Así nos fue, pero la gente parace olvidarlo. Además parece que ejerce prácticas empresarias despiadadas y oscuras, según he leído, que unido a una especie de prepotencia que expresa a través de la desmedida y casi obscena exhibición de su dinero en pos de lograr un lugar de poder político, lo hacen un personaje bastante nefasto.

Pero no, en esta ocasión no voy a criticarlo, al contrario, voy a defender al colo(mbiano).

El asunto es: ¡Me saca de quicio que le digan colombiano a De Narváez, como una de sus carácterísticas cuando buscan descalificarlo!
Me parece discriminatorio,  tendencioso, y estigmatizante. Miren que hay tela para cortar para caerle encima como para que tener que echar mano del hecho de que sea extranjero, y colombiano para más señas. Se que les cae de perlas a sus detractores por aquello del narcotráfico y la causa judicial con la que se le relaciona ahora. Pero hasta donde yo se, su posible vinculación con el rey de la efedrina no tiene nada que ver con Colombia.
Es tan inocuo decirle colombiano de la manera despectiva como viene siendo utilizado en los diarios y blogs supuestamente “progres”, que de quien habla mal es de quien utiliza la adjetivación gratuitamente.
Porque se supone que debería ser una virtud  que la sociedad argentina tenga la apertura de votar a alguien que adoptó este país para vivir … cualquiera que sea el bicho.
Se supone que los “progres” que lo atacan por colombiano defienden los valores democráticos, inclusivos, solidarios para todos y no solo para quienes ellos elijan. Esos valores que supuestamente ven amenazados con la opción política que representa De Narváez.
Señalar junto a sus características negativas que sea extranjero es fomentar en el imaginario social la exclusión por rasgos objetivos. Bolitas, perucas, negros de mierd… Esos calificativos que tanto se condenan desde esos mismos medios y que relacionamos con los intereses mezquinos de sectores que seguramente votarán una opción de derecha como la de De Narváez.

Así que media pila! No nos parezcamos. Críticas con altura y con argumentos! No todo se vale para atacar al opositor, y menos lo que menoscaba el propio ideario.
Ser progre, de izquierda, social o como quieran calificar la opción contraria a lo que representa el colo (rado), incluye defender el derecho de todos los que vivimos (y sufrimos) en este país (incluyendo el de él), para participar como ciudadano de este  sistema democrático (con defectos y profundos vacíos, pero democrático al fin), que da la opción de que un extranjero nacionalizado participe en lo que sin importar su origen, lo afecta.
La Argentina actual nos da esa oportunidad a muchos. Hay que defender esa Argentina. En esa elegí vivir.

Hay un dicho que dice que no se elige al hermano, pero sí a los amigos. Yo digo, no se elige en donde se nace pero sí donde se vive. O, ¿no es, desde cierta perspectiva, más comprometido el lazo por opción que el inevitable?

Un gringo bárbaro

barbarian¿Cuánto lleva Barack Obama en la presidencia de los Estados Unidos? … poco menos de tres meses.

Y su imagen de superhéroe sigue en ascenso… al menos eso quieren que siga pareciendo para los estadounidenses. Y a los creativos de alguna editorial de ese país se les ocurrió echar mano de uno de esos infalibles métodos que tan bien saben usar los gringos y están requeteprobados, para penetrar conciencias, inocular anestesia popular (sutil, que no parezca que adormila) y sobre todo para esta época, moral. Hay que aguantar mansitos la época de vacas flacas, especialmente cuándo millones de dólares del salvataje caen en pozos sin fondo de corporaciones y banqueros, mientas miles engrosan cada día las filas del desempleo.

Y es que su misión es precisamente,  “destronar déspotas que reciben sueldos desorbitados”.

Barack el Bárbaro se enfrenta con la villana Red Sarah (inspirada en Sarah Palin)  que tiene como cómplice a Boosh the Dim (Buss el mentecato, el tonto, el débil, o el corto de luces, elijan) y con quienes está también Cha-nee the Grim (Cheiny el torvo o el sombrío). Todos estos indeseables enemigos de nuestro héroe manejan el Reino Elefante (parece que el bicho es el emblema del Partido Republicano).

Pero claro, nuestro héroe no está solo. Para proteger a la gente del Reino de la Esperanza lo secunda la hechizera Hilaria, esposa del semidiós embustero (suena mejor que ponecuernos) Biil. La primera aventura que saldrá en junio se llamará Barack El Bárbaro: En busca del tesoro de la reactivación y desde ya se pueden hacer los pedidos de las primeras historietas  aquí.

También hay otra historieta en el que un Barack más real se enfrenta a alienígenas invasores que han producido guerra y la consecuente hambruna.  Su misión es luchar contra “una raza procedente de más allá de las estrellas que empuja a nuestro planeta a la guerra intergaláctica”.

En fin… que pareciera que les quieren hacer creer que los problemitas viene de otro mundo y no de allí de esa callecita estrecha, ahí no más al sur de la isla de Manhattan o de alguna siniestra oficina al lado del Potomac

Lo leí  aquí. Y ésta es la página de la editorial.

palin