La última carta a Mago

Como pocas noches, se sentó frente a su pequeño escritorio, antes de bajar al lago.  En los últimos días no había tenido paz. No era mucho lo que había hecho, pero su angustia había sido tal que ni el momento más inútil le había traído sosiego. Estaba cansada y cómo explicarle a Mago tanto y nada al mismo tiempo, si desde esas alegres costas solo percibía los brillos difusos que irradiaba su vida soñada en la aristocrática hacienda.

Querida Mago:

Me alegra tu alegría, me alegran tus palabras. Aunque lamento las circunstancias en las que tuviste que recibir a esa pequeñita que ahora es tu felicidad y la de tu hija tan amada. Dale mi abrazo eterno.  Sabes que este lugar lejano y caluroso es en cualquier circunstancia otro hogar para ti y para ella, y ahora también para ese pedacito de vida iluminada. Considera en serio una temporada por estas tierras calientes.

Es sorprendente como a veces quienes esperan tu fuerza te la recriminen cuando la exhibes. Ojalá pudiera enviarte algo de la mía, que viajaría por ese río larguísimo que podría llevarme a ti con solo arrojarme a él. Cuánto lo deseo.

Pero mi fuerza está agotada, incluso para nadar con la corriente. Y esta fortaleza con la que parezco enfrentar este doble tamiz por donde transcurre mi vida, es solo el inexorable camino del que no me puedo apartar. No me queda más que enfrentarla con la distancia suficiente para que no se note la inevitable caída de estos pequeñísimos trozos que paulatinamente diezman mi espíritu.

José Luis esta de viaje, como es usual; ya casi no para en casa. Aunque a veces lo prefiero lejos, porque me escribe esas cartas tan llenas de amor apasionado, pero también tan repletas de culpa. Se que su sufrimiento por no poder estar conmigo lo lleva lejos y lo acerca a todas y a ninguna. Esas todas me lastiman y esa ninguna lo regresa a mi, frío y distante. Mi amor imposible, y sin embargo estoy casada con él. Esa es mi tragedia.

Bernardo sigue por aquí, ronda y ataca despiadado, como siempre, como desde el principio. Y me odio por esas pasiones fugaces que, a pesar de todo, despiertan furiosa a la mujer que quiero ser. Esa también es mi tragedia.

Así que, mi querida Mago, que triunfo el tuyo, no debe haber sino orgullo en el amor único que le transmitiste a tu hija. Ese que le permitió ser plena y compartir con un mismo hombre la ternura y el arrojo suficiente. Aunque ahora, y mientras esta sociedad hipócrita busca otra ocupación, tengan que esconder el maravilloso resultado de ese enorme coraje.

Toda mi solidaridad, mi casa y mi cariño incondicional.

Lía.

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Dolores

De
Tomada del blog http://24milimetros.blogspot.com/ de Manu Brabo

Un perro abierto en canaleta sobre una mesa, mientras otros enjaulados esperan el terrible destino; un soldado a punto de “asar” a otro que mira la cámara casi pidiendo el auxilio que no llegará; un niño detrás de otro, que está detrás de otro, cada uno con un plato en la mano, esperando que alguien les sirva un poco de comida; tres mirando a la cámara mientras sus barrigas voluptuosas son la evidencia del abandono de la humanidad por su prole; una niña con la cara sucia y ropa raída distrayéndose un minuto de su tarea de cargar ladrillos, para mirar al fotógrafo que quiere acercarnos a la tragedia de la niñez perdida en la necesidad.

Imágenes que circulan por este espacio virtual y que todos miramos con horror, a veces con simpatía; pero casi siempre ajenos al dolor de esas imágenes que sin embargo son vida (o muerte) permanente. Ajenos, salvo esos pocos segundos en los que nos enfrentamos a un mundo que preferimos ignorar en la comodidad de nuestras casas, en la que no existe más necesidad que una buena conexión a internet para “ver” ese mundo al que por suerte no pertenecemos.

Ya lo dijo Susan Sontag,

“Y ser conmovidos no es necesariamente mejor. El sentimentalismo es del todo compatible, claramente, con la afición por la brutalidad y por cosas peores”. 

“La imaginaria  proximidad del sufrimiento infligido a los demás que suministran las imágenes insinúa que hay un vínculo a todas luces falso, entre quienes sufren remotamente – vistos de cerca en la pantalla del televisor – y el espectador privilegiado, lo cual es una más de las mistificaciones de nuestras verdaderas relaciones con el poder. Siempre  que sentimos simpatía, sentimos que no somos cómplices de las causas del sufrimiento. Nuestra simpatía proclama nuestra inocencia así como nuestra ineficiencia”.

Ahhh, Susan Sontag, como intervenir en este mundo entonces,  ¿Qué hacer entonces “ante el dolor de los demás”?

El turno de Don Quijote

Acabo de enterarme que 4308 personas leyeron, y grabaron en videos, fragmentos de Don Quijote de la Mancha, hasta completar una lectura global de la considerada obra cumbre de la literatura hispana. La Real Academia de la Lengua eligió 2149 y se pueden ver en youtube…

¿Será este el momento para desempolvar el ejemplar que reposa en mi biblioteca, siempre esperando el momento oportuno?




La noble Argentina

Esta imagen impensada hace un par de años habla de que algo está cambiando en esta Argentina. Por suerte.

Cuando llegué a este país, ese librito blanco de letras rojas era una rareza, no circulaba, no se vendía. Estaba casi proscrito. Me lo mencionaban y era una especie de leyenda, como su autor.

Conocí algo de la historia de Pablo Llonto por gente que lo conocía cuando trabajó precisamente en ‘el gran diario argentino’. Una historia de lucha solidaria y sobre todo de coherencia y fidelidad consigo mismo. Llonto matuvo una larga pelea judicial contra el diario por su despido cuando era representante gremial. Todo esto y seguramente la publicación del libro lo llevó a ser considerado casi mala palabra, no solo en Clarín sino en muchos medios que por identificación corporativa vetaban su nombre (y de paso su libro) solo por no enemistarse con el diario de La Noble Ernestina.

Mi admiración tuvo un primer contacto directo cuando leí una crónica que escribió sobre los Pumas, la selección de rugby de este país. Me gustó esa tendencia a derribar ídolos y a cuestionar las construcciones mediáticas alrededor de verdades aparentemente incuestionables. Iba contra la corriente. Después supe de su lucha por los Derechos Humanos y su participación como abogado en causas de desaparecidos durante la dictadura.

En fin, este no pretendía ser un post de homenaje, de exaltación ni nada por el estilo. Solo me causó una gratísima impresión encontrar su libro en una de las librerías más comerciales de la ciudad, exhibido al lado de uno de los escritores que más vende… Una visibilidad que se merecía, aunque no se si al lado de Andahazi…

Un poder, otrora intocable, al fin cuestionado.

Herederas del telégrafo

Esto del feisbuc, tuiter y esas redes sociales que ahora manda la parada en internet están haciendo que los mensajes sean telegráficos. Dignos sucesores de Marconi. Las frases cortas; los mensajes escuetos y sin vuelos explicativos. La Imagen tomada de El tamiz.commente formateada para el ahorro de palabras, acorde al ritmo acelerado de esta vida que nos atropella y, que sobre todo, tiene inmediata fecha de vencimiento. Al menos, así la vivimos.

Y es un camino casi insconsciente. Volver a escribir en el blog tuvo, para mí, la intención explícita de volver a acariciar el lenguaje, dejarme llevar por lo que Grijelmo llamó “la seducción de las palabras”. Buscar los sentidos más íntimos de sus significados, alejarme de los lugares comunes y la prisa del periodismo de diario. Encontrar los márgenes que no me da la noticia de hoy y que mañana, ya impresa, solo sirve para envolver pescado, o huevos. A elección.

Y de pronto, me soprendo escribiendo esto, aquí! en mi lugar de libertad y permisión, mi lugar para el capricho:

Sábado. Traspiés de agenda. Finalmente nada salió como debía salir. Frío y una copa de vino.  Mañana trabajo y solo hoy quedaba…

Duras, cortantes, claras, pero sin las sensaciones que las inspiraron. Un lenguaje que cumple su función, sin disfrute. Una tendecia exhibicionista, como toda autorreferencia, con el agravante de despojar el relato de su función enriquecedora. Al menos, de intentar que así sea.  Quería describir  esa sensación plácida y libre, que muy pocas veces se nos permite en este ajetreado nuevo mundo que nos impone además la información precisa y rápida de la vida social virtual. Quería hablar sobre la no conciencia del deber; la dulce irresponsabilidad del ocio, cuando aún hay mucho por hacer.

En realidad solo quería darle estatus de belleza a dormir tres horas y dejar que el mundo cayera alrededor sin que se me moviera un pelo.

Pero la reflexión se fue al carajo. ¿Será que  la retórica desaparecerá en brazos de estos nuevos canales de comunicación? En el primer sentido que la RAE la entiende:  

Arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover.

Y no solo para informar.

¿Cuántas palabras necesitaremos para eso? Pocas. Definitivamente muchas menos que las que trae un diccionario. Si las redes sociales atraen a millones ya, y van en aumento, y la paciencia que necesita la buena escritura y la mejor lectura, menos cada vez, entonces…

En fin, reflexiones de una noche de sábado, con una copa de vino…

Poesía procaz, una joyita en El Malpensante

20090917035625_002En esa revista a la que debería asomarme con más asiduidad para recordar lo que es leer con delicia y cada tanto liberar mi mente de las fórmulas del periodismo del día a día, encontré esto:

Breve historia del pene,
y aledaños, a través de los siglos y los años
Una recopilación de “lírica obscena” semi anónima. Un placer para los días lluviosos y ociosos como el de hoy. Les dejo de muestra algunos versos, herencia de una añorada bohemia que se vivía en los cafés y bares de cuando no existía esto de los blog y la cibercultura.
De Los Orígenes:
Vencido Adán por femeninas tretas
a Eva preguntó: ¿Por dónde orinas?
Repuso ella, cogiéndose las tetas:
Yo me aguanto las ganas, ¿tú qué opinas?

Se presume que fue, de esta manera,
como el mundo llegó a la berraquera.
Y la herencia que de Eva se recibe
en los próximos versos se describe.

La Biblia en sus libros iniciales
poco habla de las partes genitales.
Pero se dice, con saber rotundo,
que el tórtolo es el eje de este mundo.

Dicen que el malparido de Caín
mató a un equino y le arrancó el tomín.
Y, blandiendo tal arma con la mano,
a tortolazos liquidó a su hermano.
De Personajes:
Y así, la Inquisición, con mano dura,
resolvió establecer la capadura
que consiste en dejar las vergas solas
sin la presencia augusta de las bolas.

César Borgia en sus locos desenfrenos
agarraba a Lucrecia por los senos,
y si ésta protestaba, con brutal cinismo,
sacaba el pene y la clavaba ahí mismo.

Carlos Marx en sus libros sostenía
que la paja es cuestión de economía,
y otros dicen que el cálido caudillo
simbolizó la verga en un martillo.

Sensaciones sobre Villa

amoralAcabo de terminar de leer Villa de Luis Guzmán. Un monumento.

Lo leí como tomo agua, derecho y sin la sensación que estoy tomando algo vital, hasta que interrumpo su consumo. Villa fue así. La leí rápido, una historia con apariencia ligera, de efecto retardado. La pesadez me llegó una vez que tuve tiempo de parar y digerir, cuando se me asentó el sabor de todo lo que entró en mi cabeza y en mi conciencia.

Es la historia de un personaje gris, uno de tantos que seguramente existieron y siguen existiendo en esta y en muchas sociedades.  Un “mosca”, de esos que revolotean alrededor de quien ostenta en algún momento el poder, o un poder. Villa es un médico burócrata del ministerio de Bienestar Social que transita los 70 tratando de acomodar su miserable ambición personal a la época gobernada por el  siniestro José López Rega, y luego a la más sangrientas de las dictaduras que vivió la Argentina, llamada eufemísticamente Proceso de Reorganización Nacional.

Uno de esos personajes de los que la historia se olvida cuando cobra las cuentas;  pero cuya presencia garantiza que los López Rega, Videlas, Masseras y otras infames figuras se preserven para la posteridad en la memoria argentina. Un ser inescrupuloso o amoral como lo presentan en la contratapa del libro, y sobre todo miedoso y por lo tanto peligroso, como bien se lo dice el coronel Matienzo al propio Villa en algún pasaje del libro:

Un hombre con miedo es como una granada siempre a punto de estallar. ¿Sabe cuál es el problema? Cualquiera la puede activar”.

El autor, al escribir sobre el personaje dice:

No fue creado ni es el pretexto para contar la historia política del país, pero también es verdad que el contexto no podría ser otro”.

Villa desea no ver la tragedia que se pasea delante de su cara, pero no solo le corre al lado, participa de ella como si no le quedara otra alternativa.

Por eso cuando me cayó la ficha sobre  la real dimensión del personaje de Villa, cuando caí en cuenta que sobre estos seres grises y chiquitos se sentaron las bases de regímenes criminales, me llegó la pesadez al estómago.

Quizás con el libro no me empapé de la historia política de ese momento del país, pero qué acertadamente me pintó parte de la sociedad que hizo posible esa parte trágica de la historia.