En el origen, el 9 de abril

Por algunos problemas logísticos, hoy 10 escribo sobre ayer que fue 9 de abril.

Como dicen las efemérides, un día como ayer pero hace 60 años, mataron en Bogotá a Jorge Eliécer Gaitán.

¿Por qué vale la pena recordar aunque sea con restraso sobre esto?

Porque con su asesinato se desencadenó en Colombia una época turbulenta que los colombianos estudiamos en historia como La Violencia, así en mayúscula, como si ya fuera realmente historia. Un camino de sangre que, sin embargo, seguimos recorriendo en la actualidad y que además tiene una trascendencia actual en el ámbito latinoamericano.

Gaitán era un líder popular, el último y real caudillo según algunos. Su muerte no solo desató saqueos, la destrucción física de parte de la capital y dejó miles de víctimas que jamás se pudieron contabilizar, sino que además “El Bogotazo” como se le conoce, recrudeció una violencia soterrada que ya venía y que con la crisis puntual se extendió a las zonas rurales. La guerra de partidos en todo el país – liberales contra conservadores -, desplazó al campesinado hacia las grandes ciudades y la indigencia comenzó a palparse en los barrios subnormales que comenzaron a formar los llamados cinturones de miseria. En ese entonces y como sigue sucediendo hoy en día, los políticos pusieron las palabras y los campesinos, los muertos, como lo recordó Eduardo Galeano en éste excelente texto.

En 1924, recién egresado como abogado, su tesis “Las ideas socialistas en Colombia” ya hablaba de esa vocación que marcaría su lucha política. Y así lo vió gran parte de la clase dirigente que dominaba y sigue dominando Colombia y de esa potencia imperialista, Estados Unidos, que ya movía sus hilos en la región, como lo comunicó el Embajador de ese país a su gobierno en mayo de 1946:

“Es un maestro de las técnicas de la agitación fascista. Se jacta del dominio que tiene sobre las calles de la capital. Gaitán es ‘el coronel Perón’ de Colombia y ha penetrado la policía y tratará de hacer lo mismo en el ejército. Hay indicios de que Gaitán tiene veleidades de conspirador. Se conoció un informe no confirmado de que los gaitanistas habían organizado el asesinato de (Gabriel) Turbay si éste hubiera sido elegido.”

Gaitán se hizo protagonista de primera línea en la vida política en 1928 como defensor de las causas populares y en contra de los intereses capitalistas. Ese año lideró en el Congreso un debate en contra del Ejército y de la empresa norteamericana United Fruit Company, protagonista de uno de los episodios más sangrientos de la historia de Colombia, la masacre de las bananeras:

El 6 de diciembre de ese año y después de casi un mes de paro en reclamo de condiciones laborales dignas, el gobierno convocó a los trabajadores de la multinacional a una plaza del pueblo de Ciénaga y luego los fusiló, amparado en un decreto de Estado de Sitio en la que declaraba ilegal “toda reunión mayor de tres individuos” y amenazaba con disparar “sobre la multitud si fuera el caso”. Nunca se supo ciértamente cuántos fueron asesinados aunque el mismo embajador estadounidense informó después al Departamento de Estado que fueron más de mil. Lo que sí parece comprobado es que muchos de ellos fueron transportados en tren y luego arrojados al mar.

Desde 1948 ya se perfilaba que para 1950 sería seguro presidente. El tribuno del pueblo como se le decía, pese a pertenecer al Partido Liberal era una piedra en el zapato de toda la clase dirigente tradicional. Tenía contradictores obvios en el partido conservador, aquel que gobernaba ese fatal 1928, pero también en los toldos de su propio partido.

Un profesor de filosofía que tuve alguna vez, decía que la única diferencia que había entre los conservadores y los liberales era la hora en la que iban a misa los domingos. Una generalización que, sin embargo, ya se sospechaba como cierta desde entonces y que se confirmaría años después cuando ambos partidos se aliarían para promover la dicta – blanda de Rojas Pinilla en 1953 y que en teoría acabaría con la época de La Violencia. Cuatro años más tarde nacerían las FARC.

Y cómo no levantar tanta polvareda y desconfianza en los “de siempre”, si Gaitán proponía:

“…Un gobierno para beneficio de todos los colombianos y de no unos pocos. Planeaba la necesidad de distribuir la tierra, hacer obligatorio el voto, estimular la educación pública, darle cultura e higiene al pueblo, promover el ahorro a la gente de a pie, financiar a los pequeños empresarios y reconocer la igualdad de los derechos de la mujer.”

Además,

“Fue un duro crítico de la reelección y del servicio diplomático, del cual decía que era solo una manera de mantener a políticos en receso electoral y para pagar favores.”

En realidad nada muy revolucionario, lo justo, ni más ni menos. Sin embargo, 60 años después estos asuntos siguen estando pendientes. La Violencia sigue viviéndose en mayúscula y la realidad rebasó incluso su trágica premonición:

“Si me matan el país se vuelca y las aguas demorarán 50 años en regresar a su cauce normal”.

Ese 9 de abril lo mataron de tres balazos por la espalda, el país perdió la oportunidad de construir con justicia. Y seguimos, 60 años después, en manos de ese país político que, como el mismo dijo, no es el país nacional.