La Colombia aporteñada

26-10-07_2317.jpgDespués de muchos dimes y diretes finalmente llegó la noche colombiana. La cuota inmigrante de este pastiche, como ya he descrito antes, que es el Club del Can, impuso una noche de arepa, ajiaco, frijoles y aguardiente.

La convocatoria tuvo amplia adhesión y llegada la noche, nos esperaba una mesa para 20 personas en un lugar que, desde que se abre la puerta, asalta la nostalgia adormilada a quienes ya llevamos unos cuantos años lejos.

Después de un día pesado y rutinario, a las 9 y 25 llegué a las puertas del colorido local sobre la avenida Córdoba. Me sentía un poco como la anfitriona aunque tampoco conocía mucho el lugar. Cada rincón de las paredes estaba copado por sombreros, camisetas, hamacas, mochilas y cuanto objeto se había encontrado con el amarillo, azul y rojo de la bandera. Afiches con símbolos nacionales y paisajes regionales completaban esa abigarrada muestra que intentaba comprimir, en 40 metros cuadrados, a un país entero.

Lo mejor en todo caso estaba sobre el mostrador y en los estantes. Gaseosas postobón, pony malta ¿Qué colombiano no recuerda la “bebida de campeones”?, arequipe, dulce de guayaba, cerveza Águila y Club Colombia. En fin… sabores, olores y marcas que concentraban ese “amor patrio” que se nos embolata en la distancia o en la rutina diaria. Este era pues, un típico reducto colombiano en ciudad ajena.

Poco a poco fueron llegando, todos con la pregunta ¿Qué se come aquí??? en la cara. Sentían curiosidad y pese al buen ánimo también un poco de temor, que yo había fomentado mencionando el asunto de las hormigas culonas.

Alfredo, uno de los verdaderos anfitriones del lugar, me sacó un peso de encima; como buen colombiano dicharachero, desde el principio fue pródigo en bienvenidas y explicaciones. Con esa solemnidad jocosa del colombiano que entre tanto desparpajo porteño casi es acartonado, se apropió de la situación y entre chistes y chanzas que implicaban la clínica Güemes a media cuadra y un velatorio al frente (¿¿!!!??) resolvió el menú en un santiamén.

Abundaron arepas, carimañolas, arepa’ehuevo, buñuelos, agua de panela, ají, hogao’, yuca frita, platanitos, sobrebarriga criolla , bandeja paisa y ajiaco. Los argentinos del paseo poco a poco comenzaron a sentirse cómodos con el aguardiente y así lo más “granado” del humor colombo /porteño afloró…

– ahh, tomale, tomale un foto comiéndose la guasca!!.

– Che… no trajiste la cachucha!!

A esto le llaman el embellecedor, despues del tercero el de al lado es Brad Pitt!!!

Sin palabras…

– Che, y se podrá bailar?!

– Que pongan la gota fría!!

Y así, ante la cara de otros comensales – “…otra vez estos porteños que se alocan con un aguardientico y la misma gota fría de siempre!” – se armó un jolgorio… Un tanto corto pues es sabido que el porteño es más dado a darle a la lengua que a brillar baldosa. Así que tres o cuatro canciones después, el asunto siguió con más chistes y comenzaron la imitaciones.

Tino, Gargamuza y Galtieri dieron la entrada. De pronto un inesperado anuncio de uno de los anfitriones:

– Perdón, Perdón… En el restaurante tenemos un amigo de la casa que trabaja en radio, se dedica a hacer imitaciones y le gustaría hacer una presentación para ustedes.

Tanta pompa y aguardiente en la cabeza nos dejó medio lelos. Y así vimos pararse al frente al santafecino Tarico con esa cara de niño juicioso y estudioso que ya no le mete los monos a nadie después de escucharlo.

Gastón Pauls, Carlitos Tevez y el padrino Grondona, Rodríguez Saa, kirchner, el padrecito Farinello, Mariano Grondona y un montón de personajes hiper argentinos nos tuvieron concentrados más de media hora.

El aguardiente se acabó y seguimos con Quilmes…

El café resultó medio brasileño…

Los sombreros ‘vueltiaos’ quedaron olvidados a un lado…

Y la colombianidad… bien gracias y a la quinta porra!!!

Estamos en Buenos Aires y la argentinidad se impone, que se le va a hacer…

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Pero soy porfiada y más terca que una mula como dice mi’amá… Tanto va el cántaro a la fuente que…

Y no, no habían hormigas culonas.