Potente marejada

Marejada feliz, vuelve y pasa por mi
aún yo digo que sí, que todavía pienso en ti.
 
Quisiera la marejada la playa de mi cariño
sin ella no estoy en nada
sollozando como un niño.
 
Sin ella no estoy en nada
soy como un árbol que espera
que una lluvia pasajera
le devuelva su belleza.
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Con tiempo para pensar pelotudeces

en-fotonaturaorg.jpg Víctima de mi propia herramienta, me he visto obligada a regresar.

No solo algunos de mis pocos – y comprobados – lectores fieles andan amenazándome con no volver a entrar si no saco el ratón ese que anda por aquí abajo, sino que el amigo Peralta, a quien azucé en sus vacaciones para que sacara de su blog y de mi vista a Flavia Palmiero en liquidación, me sumó a una de esas cadenas que todo el mundo odia y que auguran grandes catástrofes si se rompen. Quien lo creería, ¡que sutil venganza!

Y efectiva, porque ante la duda… y con tiempo para pensar en pelotudeces, decidí tomar la posta.

Una aclaración para la tribuna: Para quienes se sorprendan por la utilización de la palabra pelotudo en este blog, les recuerdo que Roberto Fontanarrosa hizo una defensa ya legendaria de LA palabra -no hay otra – que describe con increible exactitud lo que ronda por mi cabeza en estos días ociosos. Suficiente acreditación.

Retomo…¿Quién me asegura que no ganarme el pozo de los diez millones del Quini 6 el próximo miércoles no sea culpa de haber subestimado el poder de la bendita cadenita?. Por las dudas, y para no dejar eslabones sueltos, llevo dos días pensando las 8 cosas que quisiera hacer antes de morirme – tienen que ser 8, Sí. No me pregunten por qué, debe ser la fecha en la que al pelotudo que se le ocurrió ésto, le dieron la buena noticia que podía viajar gratis en Bondi -.

En fin… Estaba en mi tarea de tratar de multiplicar por 4 las 2 únicas cosas que quiero hacer antes de morir, cuando me topé, en la revista Viva del diario Clarín, con el artículo La fórmula de la felicidad, en la que le preguntan a 50 personalidades las 5 cosas que no se pueden dejar de hacer en esta vida.

Ehhh, pistas, me dije. A lo mejor con algunas me acomodo y me ahorro seguir pensando pelotudeces.

Las respuestas del variopinto grupo vinieron después de una larga introducción histórica sobre el concepto de felicidad, que más bien pareció un pretexto para darle la apariencia de profundidad a una blogeril encuesta de revista. Pero, a caballo regalado…

Sin embargo, parece que mi felicidad no es la de las personalidades. Quizás por eso, yo siga desahogando mi ‘genio creador’ en un blog y a ellos se les acredite para opinar en un artículo que quiere darnos La fórmula de la felicidad.

De cualquier manera, lo que sí me quedó claro a medida que leía, eran las cosas que definitivamente no quisiera hacer en esta vida, o en la otra y quizás en una tercera – habría que ver en qué reencarno, en todo caso -.

Así que, aquí van 8 pelotudeces que NO quiero hacer antes de morir:

1. Recordar cada día que nos vamos a morir. La idea de felicidad de Jaime Roos es de loooocos. Es como despertar cada mañana esperando ser tragada por “El grito” de Edvard Munch, después de haberlo hecho pintar en cada pared de la casa.

2. Tratar de recordar todos los momentos vividos en tu vida en un minuto. Definitivamente para Emmanuel Horvilleur o su vida se condensa en muy poco o quiere pasar rapidito por el recuento de ella. Ninguna alternativa es muy halagadora para quienes le rodean.

3. Ver morir una babosa cubriéndola de sal. Quizás sea porque Mario Segade no conoce a mi ex, pero recrearse y ser feliz por el proceso de la muerte de una babosa me parece una crueldad innecesaria y una verdadera pelotudez – llevaba varias líneas sin decirla y hoy es mi ‘palabra – musa’ inspiradora -.

4. Indignarse por la desigualdad. ¿No estaría bueno que alguien le dijera al señor Pedro Cahn que solo con indignarse no alcanza?. Como dice el dicho “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno” y de esas indignaciones retóricas están llenas cientos de discursos derechosos. Debería aplicar mejor la versión feliz de Martín Kohan, pasar del dicho al hecho.

5. Enamorarse, de quien sea, como sea. ¿Será en serio? Mi única explicación, ante el súmmun de la felicidad para Laura Ubfal, es la angustia normal del paso inexorable del tiempo o que tampoco conoció a mi ex. Me inclino por lo primero, teniendo en cuenta que otra de las cosas que no dejaría de hacer es disfrutar, a veces, lo que se pueda, como se pueda, con quien se pueda. … ¿¡…!?

6. La necesidad, ya biológica, de convertirse en habitante de la ciudad hidroespacial. Yo solo sé que el 70% de mi cuerpo es agua, pero de ahí a tener necesidad biológica de ser habitante hidroespacial…¿¡!? Si los de las N.A.S.A. le dan bola a Gyula Kosice y de paso los señores Bush, Putin, Wen Jiabao entre otros, detienen la producción bélica durante 24 horas, que me avise y podría considerarlo, mientras tanto me parece una pelotudez. ¡Ja!

7. Esconder algún tesoro y dejar las coordenadas para que el que realmente te conoce lo encuentre. No se para Luciano Cáceres, pero para mí a la gente querida no hay que ponerle obstáculos ni pruebas. La desconfianza no es buen comienzo, puedo serlo para un final. Por otra parte, puede resultar que quien realmente te conoce sea quizás un ser indeseado.Si a alguien estudiamos con atención es al enemigo/rival. ¡¡Si lo sabremos las chicas!!

8. Conocer el mundo desde el espacio. La verdad es que hay tantas e incontables experiencias emocionantes que me dan absoluta felicidad en esta tierra, que esas aventuras espaciales y otras que se me antojan propias para quienes quieren huir de lo real y tangible, se las dejo a chicos soñadores como Nazareno Casero. Además, pese a mi vida itinerante, sigo tomando frascos enteros de valeriana para subirme a un avión, así que ni imaginar qué necesitaría para subirme a un cohete.

Bueno, hasta aquí llego y como mis deseos son no – deseos, no estoy segura que va a pasar si rompo la cadena. Me arriesgo, ¡y al carajo! – otra palabra reivindicada por Fontanarrosa-.
Solo espero fervorosamente que no se le devuelva al buen Peralta, no quisiera ser responsable de sus futuras 808 frustraciones sexuales.