Qué periodismo hacemos – a propósito de Sarlo –

Esta semana leí y escuché mil y una refutaciones y críticas a los argumentos de la intelectual Beatriz Sarlo en su participación en el programa de opinión 678 del canal público argentino. Todas bastante convincentes y con fundamentos basados en datos concretos. La nota del periodista Horacio Verbitsky de hoy es una buena muestra. El análisis de otros invitados al mismo programa como el historiador Norberto Galasso (minuto 37:05) el sociólogo Alberto Quevedo (ver minuto 39:25), la misma periodistaNora Veiras (minuto 42:06) o el fiscal federal Félix Crous (minuto44:22) también dan muestra de una lectura juiciosa de su intervención.

Un poco cansada en todo caso de tanta reiteración en aras de desmenuzar sus palabras y demostrar que no fue tan contundente como la quieren mostrar, me pregunté ¿por qué si estuvo tan floja de papeles en sus argumentos y obviedades, afirmaciones ligeras sin sustento fáctico, produjo tanta hilaridad y triunfalismo entre sus seguidores y opositores al gobierno nacional?

No creo que sea la única respuesta pero algo me quedó claro, y es que uno de los grandes defectos de los programas periodísticos en la actualidad es la falta de preparación para ejercerlo y de auto crítica. Y es que para mí, Sarlo fue exhibida como ganadora simplemente porque se paró en la seguridad de su discurso; sabía que desde su palabra académica podía revestir de rigurosa su crítica visceral al kirchnerismo. Tenía el entrenamiento, y los miembros del panel le fueron funcionales.

Sabía, por ejemplo, que podía hablar de estudios que dicen que el 70 por ciento de los argentinos no hablan de política jamás, porque nadie en el panel estaba en condiciones de rebatirle en los mismos términos el dato y que la respuesta, como fue, se la iban a dar desde la militancia. Con los días aparecieron mil preguntas, cuestionamientos y refutaciones calificadas,  pero en ese momento no. Nadie tenía el sustento de una formación en opinión pública. Peor aún, ninguno le preguntó lo obvio, ¿cuáles son los estudios que arrojan esos datos?. La repregunta, una cuestión de periodismo básico, tan ausente aquí como en los programas del grupo Clarín cuando se entrevista a un personaje opositor al gobierno.

Hablar del proyecto nacional y popular, sus logros  y repetir el discurso militante es responder en un canal distinto que no reconocen y que adjudican a un periodismo adicto, el que, según el auto-denominado”periodismo independiente”, hace 678. O sea, era más de lo mismo frente a un desafío que no estuvo a su altura, el que les imponía una “intelectual crítica”.

Lo cierto es que la seguridad con la que Sarlo retóricamente ‘ganó’ el debate, tuvo su correlato en la falta de preparación de parte de sus anfitriones. Solo uno de los invitados y un panelista hablaron con el antecedente de haber leído su libro La audacia y el cálculo, su visión de Néstor Kirchner y el kirchnerismo. Uno de los panelistas, llegó incluso a reconocer no haberlo leído y solo conocer su pensamiento a partir de columnas de opinión. Una falta de preparación un poco soberbia. No se, ¿no era necesario empaparse de la obra de una invitada, que además iba a hablar críticamente de lo que defienden programa tras programa? ¿Bastaba con ser unos convencidos “del modelo” y tener un discurso armado? Otra falencia de periodismo básico.

Lo cierto es que el debate sobre el debate, también ha sido sesgado. Los defensores del gobierno nacional han cargado las tintas contra las imprecisiones y el relato amañado de Sarlo, pero poco o nada han dicho sobre las carencias de un panel un poco autocomplaciente y de discurso monocorde.  Y los feroces opositores al gobierno nacional, se regodean en enaltecer a una intelectual del palo, sin detenerse a examinar las profundidades y las certezas en el discurso de una persona que se vanagloria de su rigurosidad intelectual.

En ambas veredas solo hubo ejercicio del periodismo sin cuestionar su propio rol y en defensa de intereses, en un caso ideológicos, en otros, más oscuros, corporativos.

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“Tatequieto” a la prensa

caricatura del argentino Roberto Bobrow

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos acaba de presentar un proyecto para una nueva ley de Inteligencia y Contrainteligencia.

El artículo 35 plantea una “reforma a los delitos de divulgación y empleo de documentos reservados y acceso abusivo a un sistema informático”. En él se establecen modificaciones al Código Penal y en uno de sus párrafos establece que quien “en provecho propio o ajeno, o con perjuicio de otro divulgue o emplee el contenido de un documento que deba permanecer en reserva, incurrirá en pena de prisión de cinco a ocho años, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor”. Como contraparte señala que “el servidor público que indebidamente dé a conocer documento o noticia que deba mantener en secreto o reserva, incurrirá en pena de prisión de cinco a ocho años y multa de 20 a 120 salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por diez años”.

Con respecto al acceso de sistemas informáticos también castiga a “el que, sin autorización o por fuera de lo acordado, acceda en todo o en parte a un sistema informático protegido o no con una medida de seguridad, o se mantenga dentro del mismo en contra de la voluntad de quien tenga el legítimo derecho a excluirlo, incurrirá en pena de prisión de de cinco (5) a ocho (8) años y en multa de 100 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes”.

ehhhh?????

Con respecto a los medios de comunicación implica una clara mordaza a su libertad de prensa y una invitación a la discrecionalidad y al encubrimiento legal de la actuación de las autoridades del gobierno, que podrá ampararse en la norma para dictar medidas sin transparencia. ¿O quién decide qué es reservado?
Si esta ley hubiera estado vigente cuando se conocieron los sucesivos escándalos del ente de inteligencia nacional, el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, la población no hubiera conocido los desmanes, delitos y persecuciones de las que fueron objeto jueces, miembros de sindicatos, organismo de derechos humanos y periodistas.
Para explicar el proyecto, Santos dijo ante el Congreso que como “ahora es costumbre filtrar todo, y los medios de comunicación publican todo. A eso hay que ponerle también cierto ‘tatequieto’, porque mucha de esa información le da una información a los bandidos, a los terroristas, a los enemigos, valiosísima, para protegerse de cualquier acción”.
Es claro que si se aprueba, la ley aportará un importante paso hacia la impunidad.

Y aquí en la Argentina nos quejamos de autoritarismo… Alguna vez un amigo me dijo que Santos hacía parte de la derecha cool de América Latina, junto al chileno Piñera.

…hazte cargo ahora!

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Una noche peronista

Saltando la marcha

Hace algunas noches me invitaron a la inauguración de una agencia de comunicación de militantes peronistas. La Paco Urondo se inscribe en esa línea política que reivindica al Estado y cree firmemente en lo que se llama un proyecto nacional y popular, que cercanamente en el tiempo identifican, desde el 2003, con la llegada a la presidencia de Néstor Kirchner, seguida por la de Cristina Fernández. Según coinciden muchos la administración más peronista desde los tiempos del mismo Perón.

Cuando llegué a la Argentina y vi el variopinto paisaje político, quise encajar lo que leía, percibía y me decían, en mis cánones ideológicos: izquierda, derecha, centro y sus matices. Y una de mis mayores dificultades la he tenido con los que se inscriben en ese partido que nació de la figura de Juan Domingo Perón.

Tanto si gobierna, como cuando se presenta como oposición e incluso cuando fue proscrito, el peronismo es la fuerza que ha definido, para bien o para mal, la historia de este país desde que comenzara la segunda mitad del siglo XX.

Pero es, como se dice, una bolsa de gatos. Es difícil hacer encajar al ultraneoliberal Carlos Menem, que básicamente privatizó todo, en el mismo espacio político en el que se inscribe un movimiento popular como Proyecto Sur del cineasta Fernando Pino Solanas que reinividica la estatización del manejo y explotación de los recursos naturales y los servicios públicos, por ejemplo. Ambos se dicen peronistas. O pensar en la tercera presidencia de Perón, con el oscuro José López Rega, creador de la infame Alianza Anticomunista Argentina (AAA), como figura esencial de ese mandato y a la vez pensar en el grupo Montoneros, quienes reivindicaban la figura de Perón, un socialismo nacional y una raiz popular.

Los años que llevo aquí aún no me han podido explicar “en plata blanca” cuál es la trama que une todos estos personajes y movimientos. En otras latitudes estarían en las antípodas políticas, aquí se arropan bajo el mismo manto, el peronista. ¿Qué es entonces el peronismo? No hay ni asomo de posibilidades para mí poderlo explicar aún. Sigo en proceso de tratar de entender ese meta paisaje.

Lo que sí me dejó claro, cuando asistí en una noche muy fria a esa inauguración, es la mística que aún sigue llenando de ideología y convicción a una militancia política de base. Cuando se crece en una sociedad donde el consumo creciente y la acumulación se han convertido en ideal de éxito; el valor del esfuerzo individual ha superado al trabajo colectivo y solidario; y sobre todo cuando se ejerce el periodismo en donde demasiado tiempo se está en contacto con las intrigas, trapisondas, zancadillas y poco trasparentes prácticas politiqueras, entrar en contacto con gente que sigue depositando su esperanza en la política como vía para lograr cambios o mejoras sociales masivas, es, por decirlo leve, refrescante.

Y vale el contraste. Esa noche peronista, más allá de mis coincidencias y diferencias con sus militantes, me llenó de una cálida sensación de estar en sociedad, de estar contenida. Y casi, casi canto y salto la marcha peronista...

En defensa del Colo

El colo
tomada de http://www.adnmundo.com. Afiche que sacaron a las calles a propósito del partido entre Argentina y Colombia por la eliminatoria para ir al mundial

De acuerdo. El colo (rado) es de lo peor que ha llegado a la política argentina en los últimos años. Un reciclaje de prácticas neoliberales, esas en las que el mercado y la teoría del derrame, el esfuerzo meramente individual y el gerenciamiento empresarial son paradigmas sine qua non para el progreso de las sociedades. Así nos fue, pero la gente parace olvidarlo. Además parece que ejerce prácticas empresarias despiadadas y oscuras, según he leído, que unido a una especie de prepotencia que expresa a través de la desmedida y casi obscena exhibición de su dinero en pos de lograr un lugar de poder político, lo hacen un personaje bastante nefasto.

Pero no, en esta ocasión no voy a criticarlo, al contrario, voy a defender al colo(mbiano).

El asunto es: ¡Me saca de quicio que le digan colombiano a De Narváez, como una de sus carácterísticas cuando buscan descalificarlo!
Me parece discriminatorio,  tendencioso, y estigmatizante. Miren que hay tela para cortar para caerle encima como para que tener que echar mano del hecho de que sea extranjero, y colombiano para más señas. Se que les cae de perlas a sus detractores por aquello del narcotráfico y la causa judicial con la que se le relaciona ahora. Pero hasta donde yo se, su posible vinculación con el rey de la efedrina no tiene nada que ver con Colombia.
Es tan inocuo decirle colombiano de la manera despectiva como viene siendo utilizado en los diarios y blogs supuestamente “progres”, que de quien habla mal es de quien utiliza la adjetivación gratuitamente.
Porque se supone que debería ser una virtud  que la sociedad argentina tenga la apertura de votar a alguien que adoptó este país para vivir … cualquiera que sea el bicho.
Se supone que los “progres” que lo atacan por colombiano defienden los valores democráticos, inclusivos, solidarios para todos y no solo para quienes ellos elijan. Esos valores que supuestamente ven amenazados con la opción política que representa De Narváez.
Señalar junto a sus características negativas que sea extranjero es fomentar en el imaginario social la exclusión por rasgos objetivos. Bolitas, perucas, negros de mierd… Esos calificativos que tanto se condenan desde esos mismos medios y que relacionamos con los intereses mezquinos de sectores que seguramente votarán una opción de derecha como la de De Narváez.

Así que media pila! No nos parezcamos. Críticas con altura y con argumentos! No todo se vale para atacar al opositor, y menos lo que menoscaba el propio ideario.
Ser progre, de izquierda, social o como quieran calificar la opción contraria a lo que representa el colo (rado), incluye defender el derecho de todos los que vivimos (y sufrimos) en este país (incluyendo el de él), para participar como ciudadano de este  sistema democrático (con defectos y profundos vacíos, pero democrático al fin), que da la opción de que un extranjero nacionalizado participe en lo que sin importar su origen, lo afecta.
La Argentina actual nos da esa oportunidad a muchos. Hay que defender esa Argentina. En esa elegí vivir.

Hay un dicho que dice que no se elige al hermano, pero sí a los amigos. Yo digo, no se elige en donde se nace pero sí donde se vive. O, ¿no es, desde cierta perspectiva, más comprometido el lazo por opción que el inevitable?

Un gringo bárbaro

barbarian¿Cuánto lleva Barack Obama en la presidencia de los Estados Unidos? … poco menos de tres meses.

Y su imagen de superhéroe sigue en ascenso… al menos eso quieren que siga pareciendo para los estadounidenses. Y a los creativos de alguna editorial de ese país se les ocurrió echar mano de uno de esos infalibles métodos que tan bien saben usar los gringos y están requeteprobados, para penetrar conciencias, inocular anestesia popular (sutil, que no parezca que adormila) y sobre todo para esta época, moral. Hay que aguantar mansitos la época de vacas flacas, especialmente cuándo millones de dólares del salvataje caen en pozos sin fondo de corporaciones y banqueros, mientas miles engrosan cada día las filas del desempleo.

Y es que su misión es precisamente,  “destronar déspotas que reciben sueldos desorbitados”.

Barack el Bárbaro se enfrenta con la villana Red Sarah (inspirada en Sarah Palin)  que tiene como cómplice a Boosh the Dim (Buss el mentecato, el tonto, el débil, o el corto de luces, elijan) y con quienes está también Cha-nee the Grim (Cheiny el torvo o el sombrío). Todos estos indeseables enemigos de nuestro héroe manejan el Reino Elefante (parece que el bicho es el emblema del Partido Republicano).

Pero claro, nuestro héroe no está solo. Para proteger a la gente del Reino de la Esperanza lo secunda la hechizera Hilaria, esposa del semidiós embustero (suena mejor que ponecuernos) Biil. La primera aventura que saldrá en junio se llamará Barack El Bárbaro: En busca del tesoro de la reactivación y desde ya se pueden hacer los pedidos de las primeras historietas  aquí.

También hay otra historieta en el que un Barack más real se enfrenta a alienígenas invasores que han producido guerra y la consecuente hambruna.  Su misión es luchar contra “una raza procedente de más allá de las estrellas que empuja a nuestro planeta a la guerra intergaláctica”.

En fin… que pareciera que les quieren hacer creer que los problemitas viene de otro mundo y no de allí de esa callecita estrecha, ahí no más al sur de la isla de Manhattan o de alguna siniestra oficina al lado del Potomac

Lo leí  aquí. Y ésta es la página de la editorial.

palin

La nueva plaza de los políticos

2-politicos.jpgCada vez se hace más evidente el papel de los medios en la imagen y el mensaje que los políticos quieren dar a sus electores. La plaza pública prácticamente desapareció de las campañas. Los medios son ahora la plataforma. Es más masivo, es más seguro y es más controlable o manipulable, como se quiera ver.

Los medios tienen dueños y por lo tanto intereses, las plazas públicas, son eso, públicas.

En los medios hay edición y la réplica es recibida, estudiada y vuelta a replicar de manera calculada, en la plaza lo que se dijo dicho está, las réplicas son espontáneas e inmediatas, la reacción no se disfraza.

Un puntito de rating en los medios, significa alrededor de 99 mil personas para una ciudad de 9.9 millones de habitantes como es el caso de Buenos Aires y su conurbano. Y si además contamos las veces ilimitadas que puede ser repetido el total o un fragmento de una intervención…

¿Cuánta gente se puede reunir en una plaza? ¿100 mil, 200 mil? Se escucha una vez y nada más, las repeticiones son versiones. Además de los riesgos de seguridad que conlleva aparecer entre muchedumbres en esta sociedad profundamente desigual y polarizada. Casos como los de Luis Carlos Galán en Colombia en 1989 y de Luis Donaldo Colosio en México en el 94, dan la razón a la reconversión de la plaza pública.

Lo bueno de los medios es que hay archivos, en la plaza pública las palabras se las lleva el viento literalmente.

Y en este lado del mundo donde el estado se confunde con el gobierno, el rol fundamental de los medios ya no solo se mueve entre intereses económicos e ideológicos, sino también y cada vez más, por el temperamento personalísimo del gobernante de turno. Los analistas políticos están perplejos, pues todas sus explicaciones racionales se quedan cortas ante caprichos, voluntarismos, exabruptos, malos humores, amores y odios.

Y así, nos encontramos con estilos tan diversos como el de Cristina k que, en una actitud soberbia, simplemente no habla con los medios nacionales y aprovecha su papel de primera dama para eternizar su presencia en ellos. Se presenta como heredera del gobierno de su marido y pareciera no sentir la necesidad de proponer o explicar nada más que lo que ya viene haciendo el gobierno de Néstor Kirchner.

En otro caso, completamente opuesto, está el estilo del Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, que ha convertido a los medios en lugar de combate y siente la necesidad de responde personalmente críticas y comentarios sobre su gestión. Y así lo escuchamos al aire en una tremenda e iracunda ‘conversación‘ con el periodista Daniel Coronell. Un exceso reiterado.

 

Los temperamentos presidenciales y sus manifestaciones personales parecen haber reemplazado al interés público como directriz de la política.

Así no hay análisis que valga. Conocedores de las debilidades de los medios, los políticos los convierten en parte de su show propagandístico, haciendo de ellos ángeles o demonios en una sociedad que se ve a sí misma a través de una pantalla y ya no tanto cara a cara.

Existimos porque nos emiten.