La vida y esa otra

Atala_au_tombeau,1808,Girodet_de_Roussy_-Trioson,_Louvre.
Atala en la tumba – 1808 -, de Girodet de Roussy-Trioson, Museo del Louvre, Paris.

Mi padre enfrenta la muerte sin querer y sin percibir su llegada.

El gran neurólogo prepara la suya, anunciada e inminente.

Alguien más nos recuerda la dulce despedida del escritor antes de ir a su encuentro voluntariamente.

Y yo pienso en la mía. ¿Cuál será mi caso?

No me angustia. Por primera vez experimento ese momento en el que no soy frágil ante ella.

Creo que es la madurez de un romance que tendrá buen fin.

Me entregaré a ella inevitablemente.

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Amor y muerte

La muerte me sorprendió hoy, aunque llegó hace más de dos meses por depresión. ¿Se puede morir por depresión? Sí, se muere por depresión. La explicación médica fue un ataque al corazón; no sufría del corazón… o sí.

Su vida fue tan extraña para mí. Era opaco pero omnipresente como una sombra. Nunca le conocimos una novia, ni un novio, ni nada. No expresaba nada, pero fue tan intenso su dolor que le falló el cuerpo, aún joven.

Amó y no lo supimos. Yo no lo supe… no lo percibí, lo veía tan despojado. Pero V estaba lleno, era intenso y explotó.

La muerte te lleva a pensar en el amor. El amor que no está, el que está y no queremos ver, el que se deja pasar, el que no llega y sobre todo, el que rechazamos.

La vida es riesgo, la muerte es certeza. Y nada nos muestra tan vivos como amar, aunque sea la víspera…

A V, ese perenne extraño