Un milagro para Diógenes

Un cura sin parroquia, un padre a pulmón

(Texto original del artículo publicado en el periódico mensual Universo Centro)

Diógenes es sacerdote y tiene un hijo. Un milagro los ensambló como la única familia que han conocido. Al menos, así lo cree este cura sin parroquia que no tiene otra explicación para sus vidas, la de él y la de Joseph, dos sobrevivientes de una sociedad intolerante que condena a inocentes.

“A veces sueño. Sueño muchas veces con tomates. Entonces pienso que llevaban tomates en un camión de Urrao y que me monté en uno que iba para el mercado de Abastos y resulté allá”. Y allá es la calle del Cartucho en Bogotá, esa zona de miseria que durante 40 años fue tierra arrasada a solo dos cuadras de la Casa de Nariño, donde niños y adolescentes difícilmente superaban la existencia a punta de aspirar pegante ‘bóxer’ y cocinol, fue el escenario de los primeros recuerdos que el padre Diógenes tiene de su niñez

“Yo no tengo recuerdos de mi niñez, de esos tres años y medio lo que te puedo decir es que era adicto al ‘bóxer’. No me acuerdo si marihuana o esas cosas, no me acuerdo de nada de eso. Sé que tomaba bóxer y cocinol. Aspirábamos eso y eso lo trababa a uno, así aguantábamos el hambre y el frío”.

El ‘paisita’, como le decían cuando llegó a Bogotá, debió tener escasos cuatro años cuando emprendió su viaje a ese inframundo en el imaginado camión de tomates desde el puerto de Bolombolo en el suroeste antioqueño. Allí lo había dejado una señora a la que le habían pagado para que lo cuidara desde que nació en el municipio vecino de Ciudad Bolívar. “Con el tiempo le dejaron de pagar. La señora era de edad, de demasiada edad. Y ella me llevó llena de achaques y de enfermedades y me dejó ahí, junto al puente. No sé cuántos años tendría yo. De eso me enteré después.”

Lo que sí recuerda el sacerdote son los dos balazos que se ganó cuando tenía 6 o 7 años y trataba de palear el frío bogotano debajo del puente de la 26. Ahí lo alcanzó otra realidad nacional, un movimiento de limpieza social autodenominado ‘muerte a indigentes’ que por la época, 1978, lo hizo blanco de su política de exterminio. “Esa época difícil cuando mataban a los indigentes porque estaban proliferando”, explica con un tono diáfano como si no estuviera hablando de su propia sentencia de muerte de la que le salvó el Dios que aún no había encontrado.

La misma locura de muerte que le arrebató la familia a Joseph en el Urabá antioqueño en el 2005 y lo empujó literalmente a los brazos del padre Diógenes. Porque fueron tres meses en los que el sacerdote tuvo a un Joseph enfermo y débil entre sus brazos y aferrado a su pecho y a la vida. ‘Cangurearlo’ dice, era la única posibilidad para que ese bebé, de menos de dos meses con hipotermia, sobreviviera;  no podían dejarlo en una incubadora que otros con más esperanza de vida necesitaban. Eso le explicaron en el Hospital San Vicente de Paul cuando fue convocado de emergencia una noche para que lo bautizara y el bebé no muriera como NN. Joseph era huérfano de una masacre y además sufría de Leucemia Linfoide Aguda Congénita.

En el 2005 hubo una matanza en Urabá donde los  paramilitares asesinaron a 39 miembros de una familia. Solo un bebé sobrevivió, explica. El padre prefiere no entrar en detalles sobre su hallazgo “porque es parte de la historia de mi hijo y es parte de las circunstancias que debo callar por su seguridad”. Lo que sí detalla es que el Ejército encontró al niño y lo trajo al San Vicente de Paul cuando todavía no había cumplido dos meses, le faltaban seis o siete días.

“Llegué alrededor de las nueve de la noche en una moto desde Guarne. Cuando fui a bautizarlo, estaban también unos señores de Bienestar Familiar y me dijeron: Padre, el niño ya se va a morir, no queremos que quede como NN, póngale un nombre y póngale unos apellidos. Le puse Joseph, que significa ‘Dios proveerá’; yo siempre he admirado a San José.” El padre Diógenes se permite entonces, en medio del crudo relato, una humorada religiosa, “San José es el santo más noble y justo, es el único que ha levantado a los hijos de los demás y no chista para nada”, y ríe con ganas.

Sigue explicando la razón del nombre y con entusiasmo casi infantil explica que además del motivo religioso también le gustaba por Joseph Blatter, el presidente de la FIFA. Y aún en la urgencia, sucumbió a esa costumbre tan colombiana de rendir homenaje a los ídolos: “Me fascinaba Michael Joseph Jackson, me encantaba Karol Józef Wojtyła, y de casualidad el papa era Joseph Ratzinger”.

Así que lo bautizó Joseph, le puso sus propios apellidos y sin intención lo convirtió legalmente en su hijo. Cuando regresó al día siguiente Joseph había sobrevivido, seguía en estado crítico y lo iban a sacar de la incubadora de cualquier manera. Sin guardar mucho las formas decidió entonces darle una oportunidad de vida y se lo llevó a la Fundación que dirigía en ese momento, dedicada a darle un hogar de paso a niños con leucemia. “Me lo dejaron llevar porque se iba a morir. Lo tuve tres meses en el pecho. Además hubo una persona muy especial que tuvo un bebé al que nunca le gustó la leche materna y toda la disfrutó Joseph.”

Sin querer, el sacerdote repetía su propia historia. Casi treinta años atrás, otro sacerdote, el jesuita Bernardo Díez le dio al ‘paisita’ de la calle del Cartucho la posibilidad de dejar ese mundo de hambre y miseria y se convirtió en la única figura paterna que Diógenes conoció. El ‘paisita’ que ya debía tener siete u ocho años y llevaba más de tres en la calle, fue recogido por la policía en una de las típicas ‘batidas’. Lo llevaron a una estación de policía, “no recuerdo bien si era la cuarta o la quinta, una que quedaba al pie de Monserrate, nos pusieron debajo de esos chorros de agua, nos bañaron con jabón Rey y nos motilaron. Yo estaba muerto de frío tomándome un chocolate caliente cuando él apareció.”

El ‘paisita’ no sabía su nombre, no tenía idea cómo había llegado a Bogotá y de dónde era, pero tenía claro que no quería seguir viviendo en la calle. “Nos dijo que si queríamos tener una casa, que si queríamos tener alguna comodidad. Y yo pienso que cuando no naces para estar en la calle, no estás en la calle. ¿Si me entiendes?, y yo no quería estar en la calle, me fui con él.”

El padre Díez no solo le dio techo y comida en un orfanato manejado por monjas, también le devolvió su identidad.

Aunque Diógenes no recuerda con alegría a las religiosas, “porque son las personas más horribles del mundo. Son las comunidades que más dinero tienen y las que más te humillan. Y allá era una humillación tras humillación, tras humillación, tras humillación…”, sí comenzó a decirle papá a Díez, el hombre que, como él haría años después con Joseph, le dio un nombre y una historia. Y por él, dice, soportó el maltrato: “yo no quería volver a la calle”.

A través de sus huellas digitales, el jesuita averiguó los registros de ese niño que una vez apareció en Bolombolo abandonado al lado del puente. Así supo que fue hijo ilegítimo de dos personas que provenían de familias muy ricas. “Mi mamá era una persona casada que se encontró con un hombre casado y de esa relación en el 71 ella quedó en embarazo; ese fue el problema más horrible en Envigado.” Cuando pudo reconstruir su historia y su condición de sacerdote le abrió las puertas para poder revisar archivos y hablar con gente clave, supo que a su mamá la habían mandado a un pueblo que se llama Ciudad Bolívar. “Allí nací y le pagaban a una señora para que me tuviera, porque mi mamá ‘nunca estuvo en embarazo’, se le podía dañar el matrimonio; aunque después se le dañó igual”, relata con una sonrisa un tanto amarga.

Su nombre y sus apellidos, dice, son los que estaban en el registro que encontraron en Ciudad Bolívar y que insólitamente eran los de sus padres verdaderos. El padre Diógenes no se lo explica, pero tampoco demuestra gran curiosidad por develar ese misterio, como si su historia quedara saldada con el consuelo que le dejó, años después, saber que su madre lamentó siempre su pérdida porque había sido obligada a abandonarlo.

Con el apoyo y el aval del Padre Díez, el jovencito Diógenes estudió. Vivió también una difícil adolescencia en el barrio Las Cruces, pero como quería estudiar, aguantó y terminó el bachillerato. Quiso ser médico, se ganó una beca para estudiar ingeniería industrial, pero su situación precaria lo llevó de manera práctica a decidirse por el Seminario. Su único capital era el apoyo de ‘su papá’, el sacerdote Bernardo Díez, y aunque en ese momento no sentía vocación sacerdotal fue la única respuesta que encontró a la pregunta “¿Cuál es el lugar en donde te dan estudio, te ayudan y te dan comida?”.

Pero aunque la calle había quedado atrás, sus secuelas lo siguieron. Secuelas sociales como el estigma de su procedencia; secuelas físicas como la Leucemia Linfoide crónica que le descubrieron cuando ya ejercía como sacerdote; y secuelas en su carácter, pues su falta de sumisión hizo que lo expulsaran de cuatro seminarios y que su ordenación haya sido casi un milagro.

“Papá me avalaba para ingresar en los seminarios, pero cometía un error y era que siempre contaba mi historia, mi procedencia”, explica. Así que al aspirante a sacerdote que solo quería estudiar filosofía lo ponían siempre a hacer los peores trabajos. “Como eres de la calle, tienes que trabajar más duro. Hay que domar el espíritu”, le replicaban cuando se quejaba. Y entonces mandaba a sus superiores a domar a sus respectivas madres. El padre Diógenes se sonríe cuando lo recuerda, como quien rememora una acción épica.

En el último claustro que estuvo además llegó a golpear a su Director, en la actualidad un reconocido arzobispo de quien prefiere mantener en reserva el nombre, no tanto para protegerlo como para no seguir sufriendo la marginación a la que lo condenó tras haberle puesto los dos ojos morados.

“Recuerdo que papá me llevó a uno, me presentó al rector, le dijo lo mismo que decía siempre. El rector me acogió con mucho cariño, fue una persona espectacular durante dos o tres meses, me daba ropa. Y algún día se me metió al cuarto y quiso abusar de mí. En el forcejeo y en la pelea, pues obvio yo ya estaba grandecito, le puse los ojos negros, le saqué una tabla a la cama y le di una ‘maderiada’. Al otro día hubo consejo en el Seminario y a mí me expulsaron porque el rector era una persona idónea y yo era un muchacho que venía de la calle con muchos problemas y mentiroso.”

El padre Díez nunca le creyó pero tampoco lo juzgó y siguió respaldándolo aunque las puertas del sacerdocio parecían cerrársele cada vez más, al menos en Colombia. En medio de su periplo, el joven Diógenes había visto literalmente la luz de su vocación y había decidido que sí quería ser sacerdote. “Hubo un momento, cuando todavía estaba estudiando filosofía, eso lo llamamos el toque de Dios. Alguna vez, con los ojos abiertos, a las 8 de la noche de un martes, en un lugar en dónde estaba escampando cuando iba para un seminario, una mujer muy hermosa me habló, me dijo que siguiera adelante que ella quería verme como su sacerdote. Al principio no entendí quién era, fue difícil para mí entenderlo. Pero siempre fui devoto de María auxiliadora y sé que fue ella la que me habló. Me dijo que iba a tener muchos tropiezos. Fue extraño. Era una mujer que no se mojaba en medio de ese aguacero. Una luz muy hermosa, divina. Y me dijo ‘sigue adelante no te desesperes’.”

Así que, sintiéndose renovado, la siguió peleando. Vagó entonces por algunos países vecinos en busca de seminarios que lo aceptaran y así se topó con un sacerdote puertorriqueño, Héctor Alejandro Rey González, que aceptó ordenarlo. Finalmente lo logró en 1994. Por primera vez consiguió un empleo como cura y fue enviado a Venezuela.

Pero “algo tenía que tener después de tantos años de aguantar hambre y tantas cosas”, dice sin asomo de autocompasión. En el país vecino recogería la herencia que le había dejado el ‘paisita’ y comenzaría a transitar el camino que lo uniría a Joseph; le diagnosticaron Leucemia linfoide crónica.

Y como quien relata una vida ajena, el padre cuenta que con una dispensa pero sin dinero “porque la diócesis a la que pertenecía era muy humilde”, viajó a Medellín para “ver que podía hacer”.  Después de los años pasados y sin el “amigo obispo” en la ciudad, tal y como llama al rector que alguna vez quiso abusar de él, logró que un cura amigo le ayudara y pudiera acceder a seguridad social y a las quimioterapias que necesitaba a través de la ‘incardinación’, una figura del derecho canónico que permite que un sacerdote ordenado en una Iglesia pase a servir a otra.

Finalmente en 1999 el tratamiento dio sus frutos, la leucemia desapareció y pudo volver al ejercicio pleno. Lo destinaron entonces al municipio de Peque, en el noroccidente antioqueño, como párroco y misionero. Pero su destino ya había sido marcado en Venezuela. Volvió a Medellín y logró que en el cercano municipio de Guarne le adjudicara en comodato una casa para un hogar de paso para niños de bajos recursos con leucemia que tuvieran que viajar para su tratamiento y no tuvieran donde quedarse. Hizo su capilla ahí y se dedicó a la obra. “Les dábamos comida, dormida y ropa. Casi me volví abogado porque nos la pasábamos poniendo tutelas”.

“Hasta que llegó el 2005” evoca. “Llegó el regalo de mi vida. Mucha gente dice que fue la piedra en el zapato, pero fue el regalo de mi vida”, sonríe pleno al regresar a la historia de Joseph, su hijo, quien ahora tiene 8 años, está en tercero y disfruta tanto como su padre de disfrazarse de Superman, Batman y el enmascarado de plata. “Quizás porque como yo nunca tuve la oportunidad me paso disfrazándolo, yo también lo hago”, dice mientras exhibe sonriendo cientos de fotos compartidas que guarda en riguroso orden cronológico.

Después que adoptó a Joseph, mantuvo el hogar en Guarne cinco años más. Pero comenzaron a aparecer denuncias ante Bienestar Familiar e incluso acusaciones judiciales que lo señalaban como un falso sacerdote. El tiro de gracia fueron las amenazas que comenzaron a llegar para que desocupara la casa, a pesar de que la concesión en comodato había sido renovada. “Yo no temía por mí, pero cuando vos tenés un hijo las cosas cambian. Ya me daba miedo que me pasara algo y el niño…”

Así que entregó la casa en Guarne, y con ella la posibilidad de ejercer el sacerdocio dentro de la institución. La Arquidiócesis de Medellín no volvió a asignarlo a ninguna parroquia. Y explica que esto lo convirtió, de acuerdo al derecho canónico, en un “sacerdote válido pero no lícito”. O sea, que aunque no lo despojaron de su investidura, en los hechos no tiene su aval para desempeñarse como cura.

El padre Diógenes vive ahora de consultas informales, asesorías de familia, oraciones de sanación, misas y ceremonias religiosas que tienen que ser registradas por sacerdotes amigos porque a él no se le permite. No cobra por ello y sus ingresos dependen de la buena voluntad de quienes reciben sus servicios. Sabe que no puede cobrar porque para eso sí necesitaría el permiso de la Arquidiócesis, “pero como no me acogen, ¿a quién le pido permiso? Yo le pido permiso a Dios. Lucho por mi niño. Nunca me volvieron a llamar para celebrar misa en las parroquias, no me dejan. Pero yo soy sacerdote de aquí a donde vaya, tengo los papeles”, dice con énfasis y no puede disimular el dolor mientras señala varios diplomas enmarcados en una pared que registran tanto su ordenación como el título de sicólogo que obtuvo después.

El ‘paisita’ no quiere sin embargo darles el gusto de echarlo. “Quien me puede quitar a mi ser sacerdote, nadie. Creo en lo que hago, amo el sacerdocio y quisiera poder hablar con el papa Francisco para algún día poder tener un permiso y que no me molesten la vida, no ya para que me asignen una parroquia. Una parroquia me limitaría para seguir ayudando como lo hago”.

¿La leucemia de Joseph? La pregunta sobre su hijo le devuelve la sonrisa amplia de otros momentos. “El niño se curó, está muy bien. Hace tres meses se hizo los últimos exámenes y no aparece nada, solamente plaquetas bajas. Su cuerpo no asimila el hierro, por eso hay que ponerle la inyección de Complejo B. Es lo único. ¿Cómo te explico yo que es un milagro…?”

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Qué periodismo hacemos – a propósito de Sarlo –

Esta semana leí y escuché mil y una refutaciones y críticas a los argumentos de la intelectual Beatriz Sarlo en su participación en el programa de opinión 678 del canal público argentino. Todas bastante convincentes y con fundamentos basados en datos concretos. La nota del periodista Horacio Verbitsky de hoy es una buena muestra. El análisis de otros invitados al mismo programa como el historiador Norberto Galasso (minuto 37:05) el sociólogo Alberto Quevedo (ver minuto 39:25), la misma periodistaNora Veiras (minuto 42:06) o el fiscal federal Félix Crous (minuto44:22) también dan muestra de una lectura juiciosa de su intervención.

Un poco cansada en todo caso de tanta reiteración en aras de desmenuzar sus palabras y demostrar que no fue tan contundente como la quieren mostrar, me pregunté ¿por qué si estuvo tan floja de papeles en sus argumentos y obviedades, afirmaciones ligeras sin sustento fáctico, produjo tanta hilaridad y triunfalismo entre sus seguidores y opositores al gobierno nacional?

No creo que sea la única respuesta pero algo me quedó claro, y es que uno de los grandes defectos de los programas periodísticos en la actualidad es la falta de preparación para ejercerlo y de auto crítica. Y es que para mí, Sarlo fue exhibida como ganadora simplemente porque se paró en la seguridad de su discurso; sabía que desde su palabra académica podía revestir de rigurosa su crítica visceral al kirchnerismo. Tenía el entrenamiento, y los miembros del panel le fueron funcionales.

Sabía, por ejemplo, que podía hablar de estudios que dicen que el 70 por ciento de los argentinos no hablan de política jamás, porque nadie en el panel estaba en condiciones de rebatirle en los mismos términos el dato y que la respuesta, como fue, se la iban a dar desde la militancia. Con los días aparecieron mil preguntas, cuestionamientos y refutaciones calificadas,  pero en ese momento no. Nadie tenía el sustento de una formación en opinión pública. Peor aún, ninguno le preguntó lo obvio, ¿cuáles son los estudios que arrojan esos datos?. La repregunta, una cuestión de periodismo básico, tan ausente aquí como en los programas del grupo Clarín cuando se entrevista a un personaje opositor al gobierno.

Hablar del proyecto nacional y popular, sus logros  y repetir el discurso militante es responder en un canal distinto que no reconocen y que adjudican a un periodismo adicto, el que, según el auto-denominado”periodismo independiente”, hace 678. O sea, era más de lo mismo frente a un desafío que no estuvo a su altura, el que les imponía una “intelectual crítica”.

Lo cierto es que la seguridad con la que Sarlo retóricamente ‘ganó’ el debate, tuvo su correlato en la falta de preparación de parte de sus anfitriones. Solo uno de los invitados y un panelista hablaron con el antecedente de haber leído su libro La audacia y el cálculo, su visión de Néstor Kirchner y el kirchnerismo. Uno de los panelistas, llegó incluso a reconocer no haberlo leído y solo conocer su pensamiento a partir de columnas de opinión. Una falta de preparación un poco soberbia. No se, ¿no era necesario empaparse de la obra de una invitada, que además iba a hablar críticamente de lo que defienden programa tras programa? ¿Bastaba con ser unos convencidos “del modelo” y tener un discurso armado? Otra falencia de periodismo básico.

Lo cierto es que el debate sobre el debate, también ha sido sesgado. Los defensores del gobierno nacional han cargado las tintas contra las imprecisiones y el relato amañado de Sarlo, pero poco o nada han dicho sobre las carencias de un panel un poco autocomplaciente y de discurso monocorde.  Y los feroces opositores al gobierno nacional, se regodean en enaltecer a una intelectual del palo, sin detenerse a examinar las profundidades y las certezas en el discurso de una persona que se vanagloria de su rigurosidad intelectual.

En ambas veredas solo hubo ejercicio del periodismo sin cuestionar su propio rol y en defensa de intereses, en un caso ideológicos, en otros, más oscuros, corporativos.

Regresó el periodista Felipe Zuleta a los blogs

de-la-agencia-draft-fcb-de-francia.jpg En demasiados países escribir un artículo equivale a suicidarse. 58 periodistas murieron en 2006. 130 encarcelados en todo el mundo”.

Ayer, leyendo el diario El Espectador de Colombia, me topé con una buena sorpresa (para variar), el periodista Felipe Zuleta había vuelto a activar su blog.

El 14 de enero pasado me había lamentado por el cierre de su espacio.

Aunque vive exiliado fuera del país, su familia en Colombia estaba siendo amenazada de muerte por sus opiniones y denuncias bloggeriles. Y en el lugar en donde, desde 1992 y hasta la fecha, han sido asesinados 40 periodistas, y solo en 2007 hubo 162 casos registrados de violaciones a la libertad de prensa, más del 50% por amenazas, esas cosas no se pueden tomar a la ligera.

Como dije en ese momento, para mí que vivo fuera del país, el blog de Felipe Zuleta se había convertido en un referente para contrastar las versiones oficiales y equilibrar la información manipulada que se difunde en los medios que apañan las caras oscuras del poder.

Justamente, en su primera entrada se lanzó con todo contra el diario El Tiempo, por la tremenda ‘metida de pata’ al publicar una foto – sin verificar ni consultar al implicado – del guerrillero asesinado Raul Reyes con quien sería el Ministro de Seguridad Externa e Interna de Ecuador, Gustavo Larrea.

La foto estaba en el famoso computador de Raul Reyes, ‘hallado intacto’ en el campamento bombardeado. Filtrada por la Policía Nacional, fue además utilizada por el gobierno colombiano ante la OEA,como prueba contra Ecuador.

El de la foto resultó ser Patricio Etchegaray, secretario general del Partido Comunista argentino. Una verguenza total!

El Tiempo pidió disculpas al Ministro y al gobierno de Ecuador con argumentos de increible candor:

El parecido con el ministro ecuatoriano es notable. La foto fue entregada, de manera no oficial (y precipitada, pues el material era aún objeto de investigación, lo que no se dijo al periódico), por la Policía. Y fue esa fuente la que identificó al ministro como el personaje fotografiado.

…este diario falló en sus procedimientos de verificación (una cosa es un parecido, otra es que se trate de la persona en cuestión) y falló al no atribuir claramente la información a la fuente, en lugar de asumirla como propia.

Lo que quedó en evidencia fue el papel lamentable que cumplió el diario como instrumento de propaganda en la estrategia de confrontación iracunda del gobierno. Y aunque uribistas furibundos lo disculpan en distintos foros con frases como que ‘errar es de humanos’, es obvio que, no solo no hizo bien su trabajo, sino que falló en una de las premisas básicas del periodismo: Confirmar con las fuentes y verificar la información.

Y la verdad, hay que ser medio estúpido para creer que fue ingenuidad o falta de oficio. El ahora diario de Editorial Planeta y antes de la familia Santos (la misma a la que pertenecen el ‘lujo’ de Ministro de Defensa que tenemos en Colombia, Juan Manuel Santos y su primo el Vicepresidente Francisco Santos, que casualidad), tiene una historia de casi 100 años.

Así que, bienvenido Felipe Zuleta. Bienvenida sea nuevamente una voz distinta y atrevida. Alguien que asume con valor riesgos personales, por una causa en la que cree y por un bienestar colectivo, es un especimen escaso.

Especialmente cuando este regimen guerrerista parece que anda copando todas las instancias del poder, y las declaraciones dañinas del asesor presidencial creó una nueva oleada de intolerancia política que se ha concretado en nuevos asesinatos y amenazas a miembros de organizaciones sociales, defensores de derechos humanos y sindicalistas. Estas acciones se intensificaron después de las marchas del pasado 6 de marzo que se realizaron en varias ciudades en homenaje a las víctimas del paramilitarismo y los crímenes de estado. Pero ese, en realidad, es otro post.

Por ahora, celebremos la recuperación de Felipe Zuleta para la blogosfera.

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Premio para ‘Los Yukpas, un pueblo guerrero’

los-yukpas.jpgHace un tiempo, cuando recién comencé con este blog, abrí una página anexa, recomendables, para sugerir algunos trabajos de cualquier índole que me parecían destacables y que deberían ser vistos o leídos en cualquier momento. Solo hay tres entradas, más por mi falta de atención y olvido que porque no haya muchos más. En todo caso, los que están no tienen fecha de vencimiento.

El primero que enlacé fue esta crónica visual realizada por José Navia y Juan Pablo Noriega como un especial multimedia publicado en El Tiempo.com

Acaba de ganar el premio Rey de España en periodismo digital.

…fue reconocido por su “estructura dinámica” y por ser un trabajo de periodismo puro.

Y ya que estamos, destaco también los premios a periodistas argentinos:

En gráfica, fue reconocido el trabajo conjunto que realizaron los periodistas Rodrigo Cavalheiro del diario brasileño Zero Hora y el argentino Javier Drovetto del diario Clarín por “A rota da propina” y “La ruta de la coima”, en el que se resaltó:

“el original enfoque binacional de un mismo tema, la corrupción, que desveló extorsiones practicadas por policías de tráfico argentinos a camioneros y conductores brasileños”.

En Clarín se publicó el 15 de abril de 2007 bajo el título “Viaje por la ruta 14, un camino interrumpido por las coimas”, en la sección Sociedad.

En radio se le dio una mención honorífica al argentino Joaquín Cófreces por “Saqueo 01”, emitido en el año 2006 en Tierra del Fuego. El periodista radial que conduce de lunes a viernes el ciclo “Viajeros” en 98.9 FM Activa de Ushuaia, también había sido finalista el años pasado en la categoría radio de la Fundación Nuevo Periodismo.

No quiero afirmar que con este premio, el Rey de España, el trabajo de los colegas sume valor como documento periodístico. No lo creo y no creo que tengamos que ser reconocidos afuera para saber que algunas cosas nos salen bien. No quiero ser incoherente, sobre todo porque alguna vez me lancé con todo, contra esa tendencia que tenemos los latinoamericanos de filtrar nuestra actividad cultural y social a través de esa que llamamos la Madre Patria.

Pero un reconocimiento siempre es un estímulo para volver sobre los pasos y la función del buen quehacer periodístico.

Casi una esperanza…

Tapas 7 de dic/2007

Al fin! dije.

Lo primero que pensé fue que ojalá esto sirviera para presionar la liberación de algunos secuestrados, aunque la gestión está solo apuntando a Ingrid Betancourt, porque seamos sinceros, a Sarkozy solo le interesa por presión interna en su país, la liberación de su compatriota.

Busqué en los otros diarios y ni una palabra en portadas. Ni un recuadrito, ni por Sarkozy…

Así que comencé a desconfiar… y ¿si solo es una especie de estrategia mediática para posicionar internamente a la casi presidenta como estadista y líder regional?

Es lo que han estado haciendo desde que era candidata…

Así que regresé a mi habitual desazón mediática, aunque una palomita alcanzó a volar alrededor cuando leí Colombia en letra graaande…

Clarín , Página 12 .

Un vacío en la Patria Grande

imagen-de-brasilindymediaorg.jpgPor obvias razones, en los últimos días dos noticias han copado mi atención: el rompimiento de la negociación para un acuerdo humanitario en Colombia, la seguida aparición de las terribles pruebas de vida de los secuestrados, y por otro lado, el resultado del referendo en Venezuela. He observado lo que aparece en distintos medios sobre el tema, especialmente en la Argentina.

A todas luces Chávez y su derrota política se ganaron toda la atención, incluso en el rompimiento de la negociación en Colombia y la consecuente aparición de videos y cartas de los secuestrados, algunos lo vieron desde el ángulo del papel que cumplió o no el histriónico venezolano, y no tanto desde el de la tragedia humanitaria que sucede desde hace años en Colombia, trasfondo real de la situación que se evidenció con la última noticia. Página 12 dedicó las tapas del lunes y martes a Chávez, Clarín le dedicó su gran titular del lunes y …el de ayer también. La Nación lunes, …y martes. Ambito, lunes y obviamente ayer. Y ya me cansé …

En programas radiales y de televisión de actualidad y de los que no lo eran, porque hasta coincidió con el concierto de Soda Stereo en Venezuela, se hablaba del referendo en ese país.

En blogs sobre periodismo y medios el tema se coló por supuesto. Se venía colando ya, contagiados como gran parte de la intelectualidad mediática. La mayoría tuvo algo que decir desde el incidente con Juan Carlos de Borbón.

Y está bien. Lo que pasa fuera de las fronteras tiene que importar, no vivimos en islas. El concepto de soberanía está en entredicho, la interdependencia es ya una obviedad y pareciera que la idea de Patria Grande vuelve a estar vigente en este subcontinente virado a la izquierda, según analizan algunos la corriente anti neoliberal que anda por aquí.

Y sobre esa punta del iceberg que se asomó en la imagen acabada de Ingrid Betancourt, símbolo de la tragedia humanitaria que se vive en ese rincón de esta Patria Grande, ¿qué se dijo?

Recuadros y fotos impactantes de la ex- candidata, su carta terrible y conmovedora, dimes y diretes en contra de Uribe, en contra de esos delincuentes que son las FARC, a favor de Chávez, llamados de humanidad, Sarkozy, etc, etc.

Y su familia con todo el derecho, utiliza todos los recursos para llamar la atención sobre su caso, los tienen.

Pero algo falla en todo este cubrimiento… y falla lo que no se ve. Porque si esa imagen es terrible, quienes son ignorados detrás de ella multiplican por miles las tragedias individuales y convierten a Colombia en el país con la peor tragedia humana del continente. Solo tres datos:

Desde1996 han sido secuestrados 23.401 colombianos. Hoy siguen en cautiverio 3.203 personas. De ellos solo 776 se le atribuyen oficialmente a las FARC.

En la actualidad Colombia es el país con mayor número de desplazados internos (3’000.000) en el mundo, superando a Irak! (1’800.000) y a Sudán (1’300.000).

El Plan Colombia además posibilitó la entrada campante y oficial de los Estados Unidos en el país – y en la región – desde 1997. Solo en el 2006 Colombia recibió 632 millones de dólares en ayuda militar para la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, con todo lo que eso puede implicar. De su mano comenzaron a cumplir un oscuro papel las empresas transnacionales de seguridad.

Pero eso no se dice, valen más los intereses políticos de los líderes. Vende la imagen y la imagen que quedó fue la del despojo en que ha convertido la guerrilla de las FARC a una de más de tres mil víctimas, la más famosa, la de doble nacionalidad.

Y entonces pienso en eso de la Patria Grande. Y pienso en las páginas y páginas, horas y horas dedicadas a la derrota de Chávez y a la dignidad de la aceptación de ella. Y pocas, muy pocas palabras de reflexión, de solidaridad, de movilización y análisis dedicadas a la gran tragedia suramericana del secuestro y el desplazado. Y en los blogs especialmente, donde la agenda no la imponen los grandes medios, muchas menos palabras aún. Practicamente ninguna. Ni siquiera en los dedicados especialmente a la política internacional en donde Irak, Pakistán, China e incluso Kurdistán han tenido dedicadas algunas palabras.

Patria Grande…

Ayer en el blog El Club del Fernet me llamaron la atención sobre ella. Y aunque para mí las dos palabras me remitieron inmediatamente al programa de legalización migratoria del gobierno tras la tragedia en una fábrica clandestina en marzo de 2006, sospecho que el blog no se refería a dicha política oficial.

Se refería a pensar en Latinoamérica como una unidad, sin un adentro y un afuera dentro de sus fronteras. La idea, creo, que desarrolló Jorge Abelardo Ramos:

“…Nadie ignora que la Patria Grande, vale decir la herencia hispana-lusitana que hemos recogido los latinoamericanos como propia, ha sido fragmentada por obra de dos factores determinantes: uno de ellos son los intereses extranjerizantes de las oligarquías portuarias de toda América Latina y el otro es la intervención decisiva que han puesto en nuestra impotencia y balcanización las grandes potencias imperialistas. La alianza de las oligarquías internas y de los imperialismos externos procuró desde los tiempos de San Martín y Bolívar separar a las partes territoriales que habíamos heredado de España y Portugal, porque de ese modo las repúblicas insulares podían ser mas fácilmente dominadas que una gran entidad confederada como la que tuvo la posibilidad de realizar la sociedad norteamericana.”

Patria Grande… ¿Cómo aspirar a ella, como dice Ulises Dumond en su blog del Fernet, si algo que la carcome es ignorado tan campantemente? Incluso cuando la coyuntura la trae de manera tan cruda ante nuestras caras.

Sobre libertad de prensa

Si por allá llueve por acá no escampa.

Al-Waqt (Bahrein), 8 de mayo, 2007Esta semana apareció el resultado de una encuesta que se realizó entre 235 periodistas de radio, prensa y televisión en 29 ciudades de Colombia. Fue hecha por el Observatorio de Medios de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Sabana durante el mes de septiembre.

Colombia sufre un grave conflicto armado. Por la añeja violencia cotidiana es sabido que la libertad de prensa está realmente limitada y amenazada, por decir lo menos. Pero algunas cifras son realmente escalofriantes:

El 89% cree que la información que recibe de las entidades del estado sobre el conflicto armado está manipulada. Las entidades que tiene mayor tendencia a la manipulación de la información que se proporciona a los medios son el Ejército, el Gobierno Nacional, la Policía y el Departamento Administrativo de Seguridad (inteligencia del Estado).

Que las principales fuerzas que intimidan la tarea periodística sean las FARC, los paramilitares, el ELN y los narcotraficantes no es sorprendente. Lo que inquieta es el 42% de los colegas que se sienten amedrentados por los políticos, el 27% por los dueños de medios y directores de medios y el 25% por los gobiernos regionales.

El 31% confiesa que han tenido que resignar sus principios éticos profesionales por miedo a perder su puesto. En el occidente del país (costa pacífica) la autocensura llega al 48%.

El 34% de los encuestados confesó que ha sido amenazado de muerte al menos una vez. El 8% seguía amenazado en el momento de la encuesta y de ellos, poco más de las tercera parte no cuenta con ninguna protección estatal.

En total el 37% ha contemplado alguna vez dejar el oficio por las presiones que sufre. En las costa atlántica la cantidad de periodistas desencantados llega al 51%.

Uuuffff, y si por allá llueve…

Me pregunté entonces cómo estamos por estas latitudes, más al sur. Mal, según Reporteros sin Fronteras. En su medición anual del grado de libertad de prensa que se disfruta en 169 países, en el 2007 los países sudmericanos se ubicaron así: Chile está en el lugar 39, Ecuador en el 56, Bolivia el 68 y recién en el lugar 82 llega la Argentina, aunque por encima de Brasil (84), Venezuela (114) y Colombia por supuesto (126).

La mayores amenazas, pese a que estamos en regímenes democráticos, son la violencia y la censura. Entre septiembre de 2006 y septiembre de 2007, de América Latina, México fue el país más peligroso, ocho periodistas fueron asesinados. En Colombia la buena noticia fue que no mataron a ningún periodista.

Y en este país dónde vivo y pretendo ejercer ¿Qué sucede? Los informes más recientes de Reporteros Sin Fronteras, del Comité para la Protección de los Periodistas, del International Press Institute y de la Sociedad Interamericana de Prensa coinciden en el aumento de lo que el IPI llama soft censorship... ¿censura blanda? Sí, así nombran a esa intolerancia del gobierno nacional a la crítica, a la descalificación grosera de periodistas y a la negativa de hablar directamente con la prensa, evitando los cuestionamientos directos. Un práctica que bloquea el libre acceso a la información de sus actividades como servidores públicos.

Además de la censura blanda y de las acusaciones de utilización de la publicidad oficial para castigar a críticos del gobierno, la suspensión de programas opositores y la no – renovación de licencias, la prensa argentina también sufre agresiones de otro tipo. Muchas de esas acciones han sido acompañadas además de intimidación física. En los primeros 9 meses de este año 34 periodistas habían sido víctimas de violencia, con frecuencia cometida por políticos, funcionarios o policías, según Reporteros Sin Fronteras.

La mayoría de estos hechos ocurren en ciudades del interior donde la repercusión nacional es poca, salvo que sean corresponsales de medios nacionales o que sucedan en provincias que por mérito de alguno de sus nativos tenga repercusión nacional, como es el caso de Santa Cruz, de donde proviene la familia presidencial. Tales son los casos de Juan Cruz Sanz, ampliamente explotado, difundido y seguido por su propio medio; y el más reciente de la periodista Adela Gómez que fue herida mientras cubría una protesta gremial en Caleta Olivia.

Otros no tienen tanta suerte, me parece. Hace poco en el blog Un periodista dice del periodista cordobés Sergio Carreras leí sobre la agresión verbal y física que sufrió el periodista Fernando López por parte de un diputado provincial en San Pedro de Jujuy. En su post cuestionaba la poca atención nacional que tenía esa denuncia frente a otra de Canal 13 que se publicó en diarios nacionales, se denunció en televisión y radio y que implicaba al corresponsal de ese medio en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Con la duda fundada, en este último caso, de que se trataba más de un conflicto de intereses privados con directivos del canal, como quedó evidenciado en esta entrevista de MDZ On line.

Y aquí me pregunto, en un país de tantos feudos, ¿cuántos más casos como el de Fernando López existirán de los que nadie se entera?

Y ¿Cuántos de nosotros, trabajadores de medios, ejercemos con total libertad? Sin pensar en que podemos perder nuestro medio de subsistencia y mucho menos que nos pueda pasar lo que le sucedió a Tomás Eliaschev cuando reclamó ante el propio sindicato que lo debería representar.

¿Cuántos somos instrumentos útiles de fuerzas que nada tienen que ver con el principio fundamental de informar con veracidad y a conciencia?

¿Hay algún sondeo en las salas de redacción argentinas para tomarle el pulso a la libertad de prensa ?

Al-Ayyam (Bahrein), 3 de mayo, 2007