Incertidumbre cultural

galeriamix.jpgAnoche tuve una de esas oportunidades que nos da esta ciudad a los que la habitamos. En una pequeña galería de Palermo conocí la obra contemporánea de Alexei Serrano, un artista cubano que ha hecho de esta ciudad su casa.

No soy crítica de arte pero su obra me pareció muy viva, urbana e inquieta. Una amalgama de eso que supongo es muy cubano, o mejor muy latinoamericano, la exuberancia de sus propias vivencias y la cultura que nos rodea. El lo llama “grotesco”.

“El grotesco es el estilo que alimenta mi intelecto. El grotesco es el humor que brota de los seres con inteligencia superior. Por tanto y demás ¡soy grotesco!

O al revés, el grotesco soy yo, porque soy la paradoja de mi ser, soy una mueca o un lamento. Soy pues, la más pura sátira de mí, burda y fea, pero fiel a mi principio, soy ¡grotesco!”

Buenos Aires lo acogió hace 10 años y desde entonces vive aquí, y de su oficio! Un afortunado.

En su recorrido entre todos sus invitados y con la complicidad que crea el vino tinto -¡bendita Argentina! – expresó algo que yo también he comprobado: En esta ciudad te sientes solo muchas veces, pero nunca extranjero.

Obviamente cada cual baila mejor o peor según la pareja que le toque, así que no puedo afirmar que es la experiencia de cualquier foráneo que llega en cualquier condición. Habría que escuchar a algunos coterráneos quejándose!! y ni hablar de la inmigración que llega exclusivamente por razones económicas.

Pero en cuestión cultural eso es Buenos Aires, un espacio abierto para expresar y estar. Con tradición culta y lugares y gente que propicia ver, vivir y sentir. Incluso para los que no llegamos a fin de mes…

Si embargo, desde que ganó Macri la incertidumbre me anda atacando. Las señales que envía de lo que será su política cultural son francamente limitadas y regidas por principios empresariales, como no podía esperarse menos.

Yo, que nunca tengo un peso, ¿Podré seguir disfrutando de los museos a tres pesos? ¿Y mis recorridas gratuitas por el Centro Cultural Recoleta? Y ¿los ciclos de cine bizarro y erótico serán censurados por (nunca mejor dicho) obra y gracia de Gabriela Michetti? ¿Y el jazz en el subte? ¿Sacarán de la página de la ciudad el recuadro que promociona a Buenos Aires como “gay friendly”? Ahh!… no, eso es para la industria del turismo. ¿Volveré a estrujarme con la muchedumbre tratando de ver las comparsas repetitivas del carnaval y después salir de muy mal humor llena de espuma? ¿Volverán a sonar los bombos de las murgas cuando ensayan frente a mi casa? ¿Desaparecerán del paisaje urbano y de las plazas públicas –¿seguirán públicas?– los grupetes a la gorra y el cine antiimperialista proyectado sobre sábanas en los árboles?

aaahhhh…..(suspiro)

Anoche, alguien con una copa de vino en la mano, en medio de un clima cálido, frente a la chica que tocaba el saxofón de bienvenida a la entrada de la galería, junto al ventanal que dejaba apreciar la alegría despreocupada de los invitados, dijo:

¡Ojalá toda Buenos Aires fuera como Palermo…!

Y atrapada un poco en la contradicción de esta realidad respondí: Ojalá todos tuviéramos la posibilidad de vivir como los que viven en Palermo.

No todos los artistas, como Alexei Serrano, tienen el respaldo de galerías privadas. El merecídamente se ha ganado el espacio. Pero para los que comienzan ¿De dónde debe venir el empujón? A quienes solo les queda el espacio público ¿lo encontrarán en el futuro?

Mientras tanto, seguiré disfrutando de la noche porteña en estos deliciosos pasajes palermitanos, con buen vino tinto y esperando que, después de diciembre, pueda seguir disfrutando de los museos a tres pesos y sufriendo los bombos de las murgas frente a mi casa.

¿Esta ciudad seguirá abierta?