Un cinturón de La Rioja

– ¿Contenta en este país? ¿Te gusta?

– Sí, me gusta vivir en Buenos Aires. Como en todas partes hay cosas que son mejores aquí y otras que no…

Pura formalidad. No quería ahondar en lo que llevo casi ocho años repitiendo a quien no entiende qué diablos hago aquí ‘si tengo el Caribe’ que en realidad no importa mucho, podría ser el mar Egeo o el desierto del Sahara…

– Yo te voy a decir cuál es la característica de este país, que a mi modo de ver es negativo…

Mi interlocutor tenía ganas de romper el hielo. Supongo que sabía que yo no era la periodista que quería mostrar su mejor cara.

– Hay básicamente dos argentinas, la del litoral y la del interior. La primera es la más europeizada, gente que vino a trabajar. La del interior mezcla la tradición indígena y la herencia hispánica… bueno, nosotros tomamos lo peor de ambas culturas.

Y así comenzó el abogado, muy distinguido él, en una larga disquisición sobre la terrible herencia argentina.

Décimo piso en plena avenida principal. Ubicación estratégica. Alfombra mullida, madera oscura, páneles de vidrio esmerilado, muebles de líneas rectas de un muy lustroso y grueso cuero color café. Estantes repletos de libros uniformes, pero de lomos gastados por el uso. Se nota que había intelectuales que no perdían la forma allí.

– Aunque no lo creas en este estudio todavía nos queda ética. En este país se ha perdido todo.  Mirá, en todas las sociedades existe la corrupción, en mayor o menor grado. Pero acá es general, en lo cotidiano. La sociedad es corrupta. Y sobre todo la clase media; aunque yo soy de clase media. Acá el grado de corrupción lo limita la oportunidad. Nada más.

Lo decía todo con tanta lógica razonada, sin apasionamiento, que parecía diseccionando analíticamente las causas del comportamiento social de los habitantes de Bora Bora. Entre un sorbo de café y uno de agua, la descripción aséptica solo causaba en mí movimentos de cabeza de amable escucha y una que otra sonrisa. Era un señor tan amable…

-Yo la verdad, no se lo que hago en este país, si todo lo que quiero está afuera.

– …

– Mi hijo y mis nietos están en Estados Unidos. Lo únicoque me queda en este país es un cuñado que no quiero ver… y mi mujer – sonríe.

Sonrío yo también, dándole a entender que entiendo el chiste. Siempre es bueno celebrar las típicas bromas de los hombres sobre la presencia de una mujer como ese destino inexorable que les tocó en suerte.

– En realidad, lo único que tengo argentino, es este cinturón que compré en La Rioja – me señala su cintura.

Siguió un buen rato con su argumentación anti – país, pero yo me quedé con su cinturón de La Rioja. Me hubiera gustado examinarlo, un objeto exótico en ese entorno…

– Bueno, te dejo para que leas tranquila y tomes las notas que necesites… ¿Cuándo sale?

Mañana.

Creo que era mi décimo sexta palabra después de casi dos horas…

Ahh bueno, porque me voy pasado mañana por 15 días para Europa. Viajo cada vez que puedo.

Un muy buen rato después, cuando desperté del letargo que me produjo la altura de ese décimo piso, desde donde se contemplaba una ciudad majestuosa; sobre todo porque sus moradores se consideran algo así como la aristrocracia criolla (sí, criolla a pesar de ellos), pensé que está bueno eso de considerarse de clase media y poder irse para Europa por antojo. Y me dije: a esto se deben referir quienes tantas loas le dedican a la gran clase media argentina… Con razón, pensé.

A la colombiana nada le viene bien

con-la-lengua-afuera.jpgCon mi perenne tendencia al dramatismo, he peleado desde siempre contra la ignorancia, que campea sobre todo en los medios de comunicación, alrededor de la gran tragedia humana y la violencia que se soporta en Colombia desde hace décadas. Debería entonces estar muy satisfecha que ahora, por obra y gracia de los episodios novelescos que protagonizan Uribe, Chávez, las FARC y lamentablemente menos los secuestrados, haya un relativo interés por lo que está pasando allá.

Al escuchar un acento que a algunos les parece muy suave, a otros puntualmente lindo y que inevitablemente algunos cancheros simpáticos tratarán después de imitar, en la mayoría de los casos de manera lamentable, viene la relamida pregunta:

– ¿De dónde sos?
– Ahhh, que lindo, yo estuve en una ciudad… no me acuerdo el nombre, fui por un partido de la Libertadores, jugaba Tolima…
– Ibagué
– Sí, ahí! Qué lindo, la pasamos muy bien, salimos mucho… qué lindas las colombianas che….

Pueden cambiar Tolima por Independiente Medellín, Nacional, América, el diálogo siempre terminó con la misma frase zalamera…

También tengo la versión con el periodista de cultura, con el sicólogo y con el empleado de multinacional, diálogos más o menos complejos y en diferentes ciudades, pero que básicamente llegaron a la misma conclusión. (Para no estigmatizar a los periodistas deportivos… viste…)

Qué va’cer! Son cinco años en este país, y ya se que mi acento es el pretexto para la siguiente pregunta. El asunto es que ahora el temita coyuntural está dando pie a otra más y a otra más.

Medio día, 35 húmedos grados de calor:

Yo: El crédito es con tarjeta o lo da el almacén?
Porteño en tienda de electrodomésticos: Es del almacén… ¿De dónde sos?
Yo de manera paciente: De Colombia… ¿Cuáles son los requisitos para el crédito?
Porteño en T.E.: Ahhh… ¿Y qué onda?… Todo mal en Colombia…
Yo mirando de reojo y caminando: Un poco… ¿Qué piden para el crédito?
Porteño en T.E.: Recibo de sueldo de dos años y DNI… Mis ídolos son García Márquez y Farid Mondragón...
Yo aún con paciencia mirando lavarropas: Ahhh… ya.
Porteño en T.E.: …Soy de Independiente y fue arquero de Independiente, por eso me gusta.
Yo, resignada a que me sigan dañando la ropa en la lavandería: …Gracias por la información. Y salgo rauda de nuevo al calor.

10: 30 de la noche, mismo día, 30 que parecen 50 bochornosos grados:

Porteño en subte: Che!, que bueno que está el subte, sabes hace cuánto no subía… cinco años che! Que bueno que está…
Porteño en s, mirándome (desgraciadamente)…¿Hasta donde llega éste?
Yo, con paciencia: Hasta Los Incas.
Porteño en s: Ahh, y ahí no hace combinación con otro, con el que va a Cabildo?
Yo: No, ahí se queda.
Porteño en s: No sos de aquí ¿De dónde sos?
Yo, con mucha paciencia y todavía sin aprender: De Colombia.
Porteño en s: eehhhh! Que lindo! che… ¿Qué onda con las FARC?
Yo, respirando hondísimo levanto los hombros con mueca de paciente cansancio... (la pregunta no da para más).
Porteño en s: En febrero voy para Cartagena. ¿Estás cansada, ¿no?
Yo, con esperanza: Y sí…
Porteño en s: ¿Venís de trabajar?
Yo, angustiada por las 3 estaciones que faltan: sí.
Porteño en s: ¿Estás aquí con familia?
Yo, haciendo cuentas para pagar un inesperado taxi: Sí.
Porteño en s: ¿Tenés hijos?
Yo, desesperada: No.
Porteño en s:Y… cuándo los tengas ¿Van a ser argentinos o colombianos?
Yo, dispuesta a casi suicidarme por la puerta que comienza a abrirse dos estaciones antes de la de mi casa: Aquí me bajo… que tenga buena noche…

zapatazo.jpgPor favor!! que no me hablen más de mi lindo acento, que se jodan Uribe y las FARC y que Colombia siga siendo el secreto mejor guardado de Suramérica, como dicen los “originales” marketineros institucionales!!!

Ahora sí aprendí. Para la próxima digo que soy de Puntlandia…

Perdón, pero estoy sentimental

Tomada del blog ViretaEste iba a ser un post de loas y elogios varios y totales. La segunda parte del título era …Y hoy revindico a los porteños.

Pero acabo de sufrir una fuerte decepción de parte de uno de ellos. Así que ahora con seguridad va a ser algo más equilibrado. A ver…

Argentinos, colombianos, mexicanos, somos muy distintos. Pero hay algo que nos es común y es esa parte de la naturaleza humana vanidosa que hace que sentirse importante para alguien inevitablemente nos convierta en generosos dadores de palabras. Palabras que en algunos momentos reflejan un espíritu igualmente generoso y otras veces quedan grandes, caen como avalancha sobre quien las utiliza y lo aplastan.

Desde antes de llegar a este país me advertían sobre los argentinos. El que no conocía, generalizaba y el que se proclamaba ‘argentinólogo’ me aclaraba que, para ser justo, era en realidad del porteño del que hablaban cuando se referían al prepotente, canchero, pagado de sí mismo o creído.

Prevenida un poco de encontrar palabras al vuelo o volando, llegué y comencé a identificar fácilmente esas manifestaciones incomprendidas y juzgadas por todos aquellos que me “prepararon” para lo que me encontraría. Pero también comencé a conocer al habitante de la ciudad, al compañero, a la amiga, al novio, a la vecina, al jefe, al colega, al profesor, a todos los que tuvieron y tienen un rol tangencial o directo en mi vida.

Después de trashumar circunstancialmente por varias ciudades latinoamericanas, hace cinco años decidí anclar aquí sin muchas razones puntuales. Salvo algunas excepciones, todo este tiempo no he hecho más que llenarme de razones para confirmar mi decisión, pese a la pregunta reiterada de los mismos porteños, con tonito de incredulidad:

¿Por qué te viniste para acá?!! o

¿Qué hacés acá???!!

Pues bien, últimamente he experimentado de manera muy intensa, y concentrada en poco tiempo, lo que hace que mi vida hoy sea buena. Las palabras reconfortantes, generosas y amables que me han llegado han estado acompañadas de acciones igualmente desprendidas y amistosas. Gente a la altura de sus palabras, desde ámbitos muy distintos, de muy diversa cercanía, algunas sorprendentes y otras esperables.

Alguien hace mucho tiempo me dijo una frase que en inglés suena mejor que en español: Home is where your heart is. Y es lo que he sentido en estos tiempos, un hogar en esta ciudad. Una ciudad herida como tantas otras y cuyas heridas he comenzado a sufrir también.

Y sí, aunque alguno no se lo merece, hoy revindico a los porteños. Porque aunque no todos lo son en extricto sentido, quienes me acompañan, padecen y gozan de esta ciudad igual que yo.

Así que para los que siguen preguntándose qué hago aquí, para los que siguen insistiendo en su reiterada crítica fácil y superficial del argentino en general, esta es mi declaración formal y sentimental por esta ciudad y sus habitantes.

solidaridad.jpg