Distancia

Bendita distancia. O maldita tal vez. Se viste de una paciencia desesperante y entonces te danza con lentitud en la cara sin que puedas controlarla. Inasible y cruel. Incuba tormentas en la mente sin dar respiro ni alivio.

Pero dicen que no hay que juzgarla duramente, que ofrece también calma y puede desactivar aquello que atormenta.

¿Con ese ritmo agónico puede ofrecer algo distinto?

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Dilemas de fantasía y realidad

Fantasía y realidad. Teoría y práctica.

La fantasía es como la teoría. Construye; alimenta; llena de sueños la mente; ofrece el contexto propicio, la red contenedora para que la realidad sea propicia, para que los hechos fluyan con previsión, con maravillosa precisión. Eso es lo que se imagina, lo que se sueña, eso se planea. No hay falla, y si la hay se resuelve con impecable sabiduría. La fórmula ya está en esa fantasía. Después de todo ahí todo es tal y como debería ser. Ahí, uno es el que debería ser. La teoría que debería reflejarse en esa práctica que eres.

Te casarás, por ejemplo, y tu papá te llevará al altar. De una iglesia por supuesto, como en todas esas fantasías inoculadas por los cientos de novelas rosas que te comiste en tus noches adolescentes. Tu mamá te ayudará a vestirte. Tus amigos estarán esperando en una iglesia en medio de muchos árboles, inimaginable en la ciudad. Pero ahí estás, entre esos altos bosques que rodean una ciudad real pero lejana de ese lugar perfecto.  Estás delgada y el  vestido te queda como a una ‘barbie’. Lo soñaste, lo describiste, lo mandaste a hacer a tu medida. Para eso te preparaste los seis meses previos en un gimnasio. Tu cara luce luminosa, feliz y descansada. Una semana entera de masajes, mascarillas y felicidad absoluta, toda. “Love is in the air” es tu himno Es media tarde y entre los árboles se asoma un sol suave, llegas. Está esperándote, tu sol, tu complemento, con la adoración en sus ojos, con su sonrisa plácida.

Y mientras subes las escaleras, escuchas que te habla; no entiendes muy bien y te acercas. De pronto notas que, a través de sus lentes, sus ojos están ahora impacientes.

– Son las cinco. Llegas tarde!

– Pero el turno era a las cinco.

-Había que llegar antes. Hay que hacer el trámite de entrada. A las cinco debemos estar ya con el notario!

Se acercan al mostrador y llenan los papeles . Apenas si puedes saludar a su hermana y a su mamá, a quien conociste dos días antes.

– Pero mi familia no ha llegado todavía. 

– Bueno, hablemos con el notario y ver si espera. 

Subes junto a él, no con él que no tiene paciencia para esperarte. En la puerta de un despacho se asoma un hombre de camisa arremangada, tirantes y pajarita. Un viernes por la tarde ya está pasado de cansancio y trámites.

-Podemos esperar un rato. Me avisan cuando lleguen – , contesta con un acento costeño inconfundible.

10 minutos, 15, 20, 35 minutos.

– Ya no puedo esperar. Tenemos que comenzar -. Dice asomando la cabeza.

Mientras se sientan,  llega ese señor que te dio la vida, furioso con tu mamá porque todo lo deja para última hora. Cruce de reproches y la mirada furibunda de ‘tu sol’, que casi calcina cualquier cosa que pueda enfocar. Prefieres no mirarlo.

Se sientan frente al hombre costeño. Comienza el trámite, o la ceremonia para seguir un poco con tu fantasía. Media hora leyéndoles el contrato; ese en el que además deben dar fe que ninguno de los dos está un poco mal de la cabeza. ¿Cómo podrías haber adivinado el futuro en ese momento ‘sublime’?

La carrera séptima no es el bosquecillo,  el vestido lo compraste tres días antes y ni el arreglo que pediste lo hicieron bien. Aún así, no te ves mal. Corriste en la mañana a buscar los zapatos con los que te conformaste. El maquillaje improvisado en un salón de última hora te convirtió en otra, a pesar de tus esfuerzos posteriores para volver a tu esencia. Tu cara luce cansada y resignada, pero bonita según tu casi cuñada.  Llegas puntual pero tarde.

Y te casaste igual.

Fantasía y realidad. El resultado fue el mismo. El final, no.  La realidad fue impiadosa.

Un par de esforzados, y no menores, intentos más en vano. Entonces decidiste que la felicidad viviría, de ahí en más,  en tus fantasías, en donde todo sí funciona.

Pero, ¿y ahora? cuando la fantasía amenaza con convertirse en una realidad imponente, ¿dónde está la sabiduría?

Recordé las ausencias

Hoy siento incomodidad y una especie de tristeza que me estorba en el pecho. No hay mejor sensación que la felicidad y la ligereza de sentir que todo esta bien. Pero hoy no está todo bien. Mejor dicho, no ha estado bien para mucha gente durante demasiado tiempo y hoy lo recordé. Recordé las ausencias. Me las recordó ese testimonio tremendo de Victoria Montenegro en el juicio que se lleva a cabo en Buenos Aires por apropiación de bebés. Ella fue una de esas bebés. Hija de desaparecidos, criada por su apropiador; un coronel que, según su propia confesión, asesinó al padre de Victoria.

La noticia hoy no era ella directamente. Era la complicidad y el encubrimiento de un fiscal, aún en ejercicio, que retardó que ella descubriera su identidad.  De esta historia me impresionó la amplísima red de complicidades y encubrimientos que, según se atisba en su testimonio, existe en ese poder que administra justicia. Aunque se sospecha, siempre impacta conocer cómo se opera desde ese lugar en el que se encuentran quienes  deberían velar por la legalidad y los derechos humanos y ciudadanos.  También me impresionó el adoctrinamiento al que fue sometida desde que era niña:

Yo lo que sabía era que en Argentina hubo una guerra, en ese momento yo consideraba a Herman como mi papá, para mí la subversión se estaba vengando de ellos que habían sido soldados; que los desaparecidos eran mentira. Pensaba que no eran personas físicas, sino un invento de las Abuelas”.

Tetzlaff le dijo que lo primero que hacía la subversión era dañar a la familia, núcleo vital de una sociedad sana. Que las Abuelas instaban las dudas para crear miedo. “Por eso para mí eran todas unas mentiras: yo era hija de él y estaba convencida de que todo era un invento.

“La causa no sé qué era exactamente, pero era una bandera celeste y blanca; ellos eran los buenos, había una causa nacional; era el olor a cuero, las botas, la familia cristiana, la misa, cenar afuera porque Mary no cocinaba, para mí ésa era la familia: los restaurantes llenos y Herman que terminaba las conversaciones con la 45 arriba de la mesa diciendo: ‘Yo siempre tengo razón, y más cuando no la tengo’”.

Ahora releyendo esto, me doy cuenta que esta sensación que no me deja tranquila hoy, es la misma que sentí cuando por primera vez me conmocionó “ver” las ausencias en esa exposición del fotógrafo Gustavo Germano.

Esa presencia permanente del que ya no está.

http://ausencias-gustavogermano.blogspot.com

Matices colombianos

La distancia es buena y mala. Mirar lo que pasa en Colombia desde lejos hace que pueda ver un escenario amplio que el día a día quizás me escondería o, al menos, me haría perder de vista; procesos de mediano y largo plazo, la dimensión de lo que puede significar algún hecho puntual en una larga y convulsa historia. Pero por otro lado, me priva de detalles y matices que seguramente me harían moderar posturas tajantes, conceptos determinantes y conclusiones generalistas.
Así, escucho y no tengo muchos elementos a mano para refutar con juicio en charlas espontáneas, que la sociedad colombiana, por ejemplo, se ha derechizado; o que no se entiende cómo es que Uribe tiene tanto apoyo. O al contrario, lo bien que está Colombia ahora. Mis intentos son casi tan superficiales como las premisas que me arrojan desde un taxista hasta un calificado jurista, cuando se enteran que soy colombiana.

Entre estas dos posturas simplistas, no entra uno de los principales resultados de una encuesta sobre la visión que tienen los colombianos, los que viven allá y sufren y gozan el país.

Solo el 11 por ciento considera que el país está viviendo en el post conflicto.
Otro resultado muestra que la mayoría de los entrevistados son pesimistas sobre su solución, muy pocos creen que la vía militar es la solución al conflicto. Y sumado a este panorama, el 82 por ciento de las personas dicen que no hacen nada en concreto por la paz.

Mis compatriotas responsabilizan a los políticos, como segundo sector determinante de la violencia, después de la guerrilla y por encima de los paras; una  señal de que podriamos cambiar las cosas y que todos somos un poco responsables de ellas. O, ¿quién elige a los políticos? Ni a la guerrilla, ni a los paras, ni a los narcos, ni al Ejército, ni a la policía los elegimos. A los políticos, sí.

Incluso el 76 por ciento de los encuestados no hace nada por los derechos humanos, pero al menos lo discute con su familia o sus amigos.
Solo un pequeño porcentaje, el 40 por ciento, confesaron que realizaban acciones concretas por los derechos humanos, es decir que orienta, defiende, denuncia, proclama, participa en campañas o vela por la población vulnerable.

No se que tan pequeño pueda ser un 40 por ciento, en un país que se ha vendido en el exterior como aliado incondicional de la vía militar represiva para lograr la paz en un programa que se bautizó de la “seguridad democrática”.

En fin, los matices de una sociedad muy compleja se cuelan en esta percepción sobre “la paz y la guerra”, según los colombianos, un sondeo de organismos de derechos humanos y publicada en verdadabierta.com

Un cinturón de La Rioja

– ¿Contenta en este país? ¿Te gusta?

– Sí, me gusta vivir en Buenos Aires. Como en todas partes hay cosas que son mejores aquí y otras que no…

Pura formalidad. No quería ahondar en lo que llevo casi ocho años repitiendo a quien no entiende qué diablos hago aquí ‘si tengo el Caribe’ que en realidad no importa mucho, podría ser el mar Egeo o el desierto del Sahara…

– Yo te voy a decir cuál es la característica de este país, que a mi modo de ver es negativo…

Mi interlocutor tenía ganas de romper el hielo. Supongo que sabía que yo no era la periodista que quería mostrar su mejor cara.

– Hay básicamente dos argentinas, la del litoral y la del interior. La primera es la más europeizada, gente que vino a trabajar. La del interior mezcla la tradición indígena y la herencia hispánica… bueno, nosotros tomamos lo peor de ambas culturas.

Y así comenzó el abogado, muy distinguido él, en una larga disquisición sobre la terrible herencia argentina.

Décimo piso en plena avenida principal. Ubicación estratégica. Alfombra mullida, madera oscura, páneles de vidrio esmerilado, muebles de líneas rectas de un muy lustroso y grueso cuero color café. Estantes repletos de libros uniformes, pero de lomos gastados por el uso. Se nota que había intelectuales que no perdían la forma allí.

– Aunque no lo creas en este estudio todavía nos queda ética. En este país se ha perdido todo.  Mirá, en todas las sociedades existe la corrupción, en mayor o menor grado. Pero acá es general, en lo cotidiano. La sociedad es corrupta. Y sobre todo la clase media; aunque yo soy de clase media. Acá el grado de corrupción lo limita la oportunidad. Nada más.

Lo decía todo con tanta lógica razonada, sin apasionamiento, que parecía diseccionando analíticamente las causas del comportamiento social de los habitantes de Bora Bora. Entre un sorbo de café y uno de agua, la descripción aséptica solo causaba en mí movimentos de cabeza de amable escucha y una que otra sonrisa. Era un señor tan amable…

-Yo la verdad, no se lo que hago en este país, si todo lo que quiero está afuera.

– …

– Mi hijo y mis nietos están en Estados Unidos. Lo únicoque me queda en este país es un cuñado que no quiero ver… y mi mujer – sonríe.

Sonrío yo también, dándole a entender que entiendo el chiste. Siempre es bueno celebrar las típicas bromas de los hombres sobre la presencia de una mujer como ese destino inexorable que les tocó en suerte.

– En realidad, lo único que tengo argentino, es este cinturón que compré en La Rioja – me señala su cintura.

Siguió un buen rato con su argumentación anti – país, pero yo me quedé con su cinturón de La Rioja. Me hubiera gustado examinarlo, un objeto exótico en ese entorno…

– Bueno, te dejo para que leas tranquila y tomes las notas que necesites… ¿Cuándo sale?

Mañana.

Creo que era mi décimo sexta palabra después de casi dos horas…

Ahh bueno, porque me voy pasado mañana por 15 días para Europa. Viajo cada vez que puedo.

Un muy buen rato después, cuando desperté del letargo que me produjo la altura de ese décimo piso, desde donde se contemplaba una ciudad majestuosa; sobre todo porque sus moradores se consideran algo así como la aristrocracia criolla (sí, criolla a pesar de ellos), pensé que está bueno eso de considerarse de clase media y poder irse para Europa por antojo. Y me dije: a esto se deben referir quienes tantas loas le dedican a la gran clase media argentina… Con razón, pensé.

Sin remedio

frustración2Transito una etapa de desencanto. Que novedad. Como le dije hoy a un amigo, tengo ganas de irme a una montaña con mis animalitos,  a plantar una huerta y vivir lejos de todo esta rapiña citadina y politiquera con sus miserias, intrigas y zancadillas.

Pero luego pensé que este planeta no tiene remedio porque seguramente después de un tiempo llegará la Barrick Gold rompiendo roca, abriendo huecos y acordando con los políticos de la zona. Entonces no tendré paz. Así que para evitarme llegar a un grado mayor de decepción me quedo en la Ciudad, donde al menos seguiré respirando humo conocido, que acabará igual con mis vías respiratorias pero sin tanta carga ideológica, donde tengo la mínima opción de no leer diarios y de vez en cuando hacer de cuenta que este quilombo no es conmigo.

La vida es simple…

 

I’ve crackled in the fire
And been called a liar.
I’ve died so many times
I’m only just coming to life.

La vida es dura… hoy lo dije como broma. Pero la verdad, a veces cansa. Cansan las frustraciones; cansa ocultarse tras máscaras de “nada me afecta”; cansa pelearla y que ganen otros; cansa ganar y darse cuenta que no era importante; cansa tratar de explicar y que efectivamente lo entiendan, pero nada cambie; cansa simular que no se pide nada, pero efectivamente esperar algo; cansa tratar de ocultarlo.

Cuesta mantener el norte de una vida, cuando se consume de a poco, día a día, sin percartarse. Cuesta vivir sin tomarla en serio y en el camino perder la alegría de gozarla. Cuesta aligerar la carga sin perder la esencia de lo importante. Cuesta ver lo importante. Cuesta explicar todo esto y que entiendan que el asunto es simple. Cuesta acomodarse al sentir más basico y universal, aceptar ser parte de una mitad “algo complicada” de la humanidad.

Me cuesta entender por qué me pasa lo que me pasa…

Al menos mi terapeuta está ganando con ello.

Woman – Neneh Cherry

You gotta be fortunate
You gotta be lucky now
I was just sitting here
Thinking good and bad
But I’m the kinda woman
That was built to last
They tried erasing me
But they couldn’t wipe out my past
To save my child
I’d rather go hungry
I got all of Ethiopia
Inside of me
And my blood flows
Through every man
In this godless land
That delivered me
I’ve cried so many tears even the blind can see

Chorus:
This is a woman’s world.
This is my world.
This is a woman’s world
For this man’s girl.
There ain’t a woman in this world,
Not a woman or a little girl,
That can’t deliver love

In a man’s world.

I’ve born and I’ve bread.
I’ve cleaned and I’ve fed.
And for my healing wits
I’ve been called a witch.

I’ve crackled in the fire
And been called a liar.
I’ve died so many times
I’m only just coming to life.

Chorus:
This is a woman’s world.
This is my world.
This is a woman’s world
For this man’s girl.
There ain’t a woman in this world,
Not a woman or a little girl,
That can’t deliver love
In a man’s world.

My blood flows
Through every man and every child
In this godless land
That delivered me
I cried so many tears even the blind can see

Chorus:
This is a woman’s world.
This is my world.
This is a woman’s world
For this man’s girl.
There ain’t a woman in this world,
Not a woman or a little girl,
That can’t deliver love
In a man’s world.