Urondo, Conti y un arranque sentimental

Ha sido una semana extremadamente difícil.  Y hoy quiero lucha envuelta en poesía. Quiero paz desde la acción, quiero fuerza a partir de la belleza, quiero calor en el alma. Quiero amor.

Llegaron justas las palabras de Haroldo Conti

y las de Paco Urondo

 “La Pura Verdad”

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos

me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.

Operación Púa

http://operacionpua.blogspot.com

A veces perdemos de vista para qué escribimos tanto, hablamos tanto y nos colocamos en el papel de críticos de lo que sucede en esta sociedad humana de la que somos parte.

A veces perdemos de vista que la idea es aportar para un mundo mejor. El mundo de muchos o el mundo de algunos pocos.

Así que no está mal sentir que se puede ayudar, aunque sea de manera marginal, a cambiar la vida de alguien desde este pequeño lugar que a veces se antoja un tanto inútil.

Así que a todos los que pasen por aquí los invito a conocer Operación Púa, la iniciativa de un argentino, Pablo di Carlo, a quien no conozco, pero que me hace pensar que el ser humano puede construir un mundo mejor.

Ayuden si pueden y de la manera que puedan, pero pasen, déjense contagiar y enteren a otros.

No está mal ser humano.

Perdón, pero estoy sentimental

Tomada del blog ViretaEste iba a ser un post de loas y elogios varios y totales. La segunda parte del título era …Y hoy revindico a los porteños.

Pero acabo de sufrir una fuerte decepción de parte de uno de ellos. Así que ahora con seguridad va a ser algo más equilibrado. A ver…

Argentinos, colombianos, mexicanos, somos muy distintos. Pero hay algo que nos es común y es esa parte de la naturaleza humana vanidosa que hace que sentirse importante para alguien inevitablemente nos convierta en generosos dadores de palabras. Palabras que en algunos momentos reflejan un espíritu igualmente generoso y otras veces quedan grandes, caen como avalancha sobre quien las utiliza y lo aplastan.

Desde antes de llegar a este país me advertían sobre los argentinos. El que no conocía, generalizaba y el que se proclamaba ‘argentinólogo’ me aclaraba que, para ser justo, era en realidad del porteño del que hablaban cuando se referían al prepotente, canchero, pagado de sí mismo o creído.

Prevenida un poco de encontrar palabras al vuelo o volando, llegué y comencé a identificar fácilmente esas manifestaciones incomprendidas y juzgadas por todos aquellos que me “prepararon” para lo que me encontraría. Pero también comencé a conocer al habitante de la ciudad, al compañero, a la amiga, al novio, a la vecina, al jefe, al colega, al profesor, a todos los que tuvieron y tienen un rol tangencial o directo en mi vida.

Después de trashumar circunstancialmente por varias ciudades latinoamericanas, hace cinco años decidí anclar aquí sin muchas razones puntuales. Salvo algunas excepciones, todo este tiempo no he hecho más que llenarme de razones para confirmar mi decisión, pese a la pregunta reiterada de los mismos porteños, con tonito de incredulidad:

¿Por qué te viniste para acá?!! o

¿Qué hacés acá???!!

Pues bien, últimamente he experimentado de manera muy intensa, y concentrada en poco tiempo, lo que hace que mi vida hoy sea buena. Las palabras reconfortantes, generosas y amables que me han llegado han estado acompañadas de acciones igualmente desprendidas y amistosas. Gente a la altura de sus palabras, desde ámbitos muy distintos, de muy diversa cercanía, algunas sorprendentes y otras esperables.

Alguien hace mucho tiempo me dijo una frase que en inglés suena mejor que en español: Home is where your heart is. Y es lo que he sentido en estos tiempos, un hogar en esta ciudad. Una ciudad herida como tantas otras y cuyas heridas he comenzado a sufrir también.

Y sí, aunque alguno no se lo merece, hoy revindico a los porteños. Porque aunque no todos lo son en extricto sentido, quienes me acompañan, padecen y gozan de esta ciudad igual que yo.

Así que para los que siguen preguntándose qué hago aquí, para los que siguen insistiendo en su reiterada crítica fácil y superficial del argentino en general, esta es mi declaración formal y sentimental por esta ciudad y sus habitantes.

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