La nueva plaza de los políticos

2-politicos.jpgCada vez se hace más evidente el papel de los medios en la imagen y el mensaje que los políticos quieren dar a sus electores. La plaza pública prácticamente desapareció de las campañas. Los medios son ahora la plataforma. Es más masivo, es más seguro y es más controlable o manipulable, como se quiera ver.

Los medios tienen dueños y por lo tanto intereses, las plazas públicas, son eso, públicas.

En los medios hay edición y la réplica es recibida, estudiada y vuelta a replicar de manera calculada, en la plaza lo que se dijo dicho está, las réplicas son espontáneas e inmediatas, la reacción no se disfraza.

Un puntito de rating en los medios, significa alrededor de 99 mil personas para una ciudad de 9.9 millones de habitantes como es el caso de Buenos Aires y su conurbano. Y si además contamos las veces ilimitadas que puede ser repetido el total o un fragmento de una intervención…

¿Cuánta gente se puede reunir en una plaza? ¿100 mil, 200 mil? Se escucha una vez y nada más, las repeticiones son versiones. Además de los riesgos de seguridad que conlleva aparecer entre muchedumbres en esta sociedad profundamente desigual y polarizada. Casos como los de Luis Carlos Galán en Colombia en 1989 y de Luis Donaldo Colosio en México en el 94, dan la razón a la reconversión de la plaza pública.

Lo bueno de los medios es que hay archivos, en la plaza pública las palabras se las lleva el viento literalmente.

Y en este lado del mundo donde el estado se confunde con el gobierno, el rol fundamental de los medios ya no solo se mueve entre intereses económicos e ideológicos, sino también y cada vez más, por el temperamento personalísimo del gobernante de turno. Los analistas políticos están perplejos, pues todas sus explicaciones racionales se quedan cortas ante caprichos, voluntarismos, exabruptos, malos humores, amores y odios.

Y así, nos encontramos con estilos tan diversos como el de Cristina k que, en una actitud soberbia, simplemente no habla con los medios nacionales y aprovecha su papel de primera dama para eternizar su presencia en ellos. Se presenta como heredera del gobierno de su marido y pareciera no sentir la necesidad de proponer o explicar nada más que lo que ya viene haciendo el gobierno de Néstor Kirchner.

En otro caso, completamente opuesto, está el estilo del Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, que ha convertido a los medios en lugar de combate y siente la necesidad de responde personalmente críticas y comentarios sobre su gestión. Y así lo escuchamos al aire en una tremenda e iracunda ‘conversación‘ con el periodista Daniel Coronell. Un exceso reiterado.

 

Los temperamentos presidenciales y sus manifestaciones personales parecen haber reemplazado al interés público como directriz de la política.

Así no hay análisis que valga. Conocedores de las debilidades de los medios, los políticos los convierten en parte de su show propagandístico, haciendo de ellos ángeles o demonios en una sociedad que se ve a sí misma a través de una pantalla y ya no tanto cara a cara.

Existimos porque nos emiten.