Amores perros

29 abr
cropped-los-tres21.jpgLos amores perros son suaves, son tersos, son terciopelo.
Ellos saltan y exaltan, celebran la vida.
Desprevenidos siguen el humor humano.
Pero solo contagian la risa.
 
Están, siempre están.
Con sus magulladuras amorosas; con sus babosas caricias.
Con la paciencia animal de la irreflexión. Con el celo de la lealtad incondicional.
Y esa intuición certera de lo no pensado.
 
Mis amores perros.
El sostén de un pedazo de mi vida.

En el origen fue Joan Baez

19 abr

No tengo memoria de la edad que tenía cuando en medio de la variopinta colección de LPs que tenía mi papá, en las que me sumergía sin orden ni criterio, descubrí esta canción. No sabía quien era Joan Baez, solo me gustaba escuchar su voz poderosa cuando alargaba las palabras que reflejaban esa historia dramática, ese dolor amoroso, ese ímpetu ardoroso, esa tempestad desatada y reprimida.
Se me clavaba tan en la mente y en el corazón que, de pronto, ya no la escuchaba; no me escuchaba mientras frenéticamente la seguía con mi voz infantil. Sentía algo profundo que ni siquiera identificaba; pero no me importaba saber qué era, solo me abandonaba a ella, a eso, a lo que fuera que hacía que el resto del mundo no existiera.
No lo supe entonces, y ahora no tengo claro cómo, pero ella y esa canción son la síntesis perfecta de lo que siguió en mi camino desde entonces.

La ira matutina de un gato

18 mar
gatos1El gato se eriza. El perro ladra. Yo me asusto.
La adrenalina se siente. Los pelos se paran. No hay control. 
Huyo. El perro huye y sigue ladrando.
El gato reaparece de frente, inflado. Erizado de ira. 
Retrocedo y arrastro a mi perro, que ladra. Emprendo otra huida.  
El gato no cede. Le doy la espalda, el perro no. Sigue ladrando pero me sigue.
El gato iracundo avanza impulsivo. El perro lo ve, yo no.
Tarde, un dolor agudo me avisa de la ira explosiva del gato. 
Doy vuelta y miro con asombro el exceso, la ira sin contener, la sangre derramada y el perro loco sin control.
Un grueso hilo de sangre comienza a rodar por mi pierna.

La quimera de otro lugar

1 mar
¿Por qué anhelan estar lejos?
¿Por qué la distancia imaginaria es tan deseable?
Pero permanecen, no se van.
¿Por qué el dolor propio les expulsa?
¿Qué esperan encontrar?
Será otro dolor, el ajeno
El que se puede observar, pero sentir apenas.
El que no los contiene.
Anestesiar el alma. Eso. 
 
Pero está en eso la felicidad también.
Y también será la ajena, la que apenas toquen.
¿Qué esperan? 
¿Robar un poco de otras almas?
Pero entre almas se entienden y la  propia no estará. 
Sabe y se quedará. Queda, agazapada y desapercibida.
Para cuando la necesiten, no estará.
 
Su ausencia será ese dolor propio que viajó en su lugar.
También quedo, disfrazado de ilusión.
Su no estar desnudará el errar de un viaje sin sentido.
 
Pero no se van.
Saben, en el fondo, que es mejor exorcizar el dolor  propio
solo soñando la felicidad ajena.
Porque ni uno los dejará nunca
ni la otra llegará jamás.

San Telmo prestado

6 feb

Feria_SanTelmo

(En estos días volví y no me encontré nada muy diferente que esto que describí hace un par de años. Una zona histórica que se viste para el que no es de aquí.)

El domingo, San Telmo parece tierra de otros; de aquellos que llegan a buscar en esas calles estrechas la esencia del Buenos Aires de catálogo. Todo se ofrece en euros o en dólares. Fotógrafos, músicos, pintores, artesanos, coleccionistas dispuestos a vender su historia familiar. En la calle se escucha francés, inglés, alemán; español? Poco.

- Thank you, thank you. We’re going to take a break–

Sin traducción, el ‘flaco’ que toca el bandoneón anuncia una pausa. Junto a otros dos, con un contrabajo y un piano viejísimo, interpretaron una tanda de milongas y tangos.

El público arremolinado alrededor exhibe sombreros vaqueros de cuero, mejillas coloradas y bonachonas, muchas bolsas de compras, cámaras de todos los presupuestos, más grandes mientras más remoto parece el origen del personaje. El único argentino que aplaudió rabiosamente cada vez que terminaron una canción y que bailó con su pareja en mitad de la calle, exhibe tal amor filial por los intérpretes en el descanso que, con algo de desencanto, alguien alrededor dice: Ahh, era amigo de ellos.

Es que ‘los que juegan de locales’ son tan escasos en este San Telmo dominguero, que llaman la atención. Sobre todo los argentinos que aprovechan este auge turístico para disfrutar a Piazzolla sin que les cueste ‘un mango’. Algunos pasan, pocos se quedan.
Y a la mayoría de los se quedan los une una onda bohemia e intelectual, no importa si visten un jean Levi`s o una especie de bombacha gaucha hecha con los retazos de los tendidos de cama de ‘la nona’. La onda es tomar mate en la vereda, caminar con su prole para que vayan absorbiendo cultura, y quizás encontrar esa obra ‘hippie chic’ para su casa. Saben además que como son ‘del palo’ consiguen precio.

También están los que eligen venir con la familia a San Telmo, pero no consumir en San Telmo. Se comen el pancho antes de llegar a la ‘zona dura’ o entran a Mac Donalds, compran la cajita feliz para sus hijos y comienzan el recorrido. Y no es la fotografía, no es la joya del pasado, no es el compacto del músico callejero lo que buscan, es al turista. Sí, es esa muchedumbre exótica el objeto a observar. Se detienen y miran con diversión como el tanguero, con su mejor sonrisa gardeliana, le arranca unos cuantos euros al foráneo por una foto tomada con su propia cámara. Lo comentan, siguen, no se quedan.

Finalmente está aquel de Barrio Norte que sirve de guía a esos amigos que conoció cuando él mismo era extranjero. Orgulloso, se convierte en fuente inagotable del saber sobre la Argentina. De paso, les sirve de intermediario con el artista callejero, no vaya a ser que lo traten de estafar. - Dejá, dejá, que aquí nunca falta el vivo…
Esos se detienen un poco más pero tampoco se quedan.

Y entonces, la caída de la tarde es el filtro que decanta la argentinidad. Se escucha ahora la charla entre músicos y algún otro malabarista de la vida que se queda por allí. La señora cincuentona, que promocionó toda la tarde una galería de arte, ahora baila liberada al ritmo de una murga, que sigue tocando por placer para aquellos que no tienen que volver a sus hoteles. Y la estatua dorada, que nunca se llevó el viento, camina con prisa  y le grita al celular: - Cheee, ya terminé, me saco la pintura y voy, tenés birra?

Anochece, termina otro domingo y San Telmo deja de ser esa tierra de otros.

El pasado que es

22 ene

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Lo reconocí al instante.  Caminaba con la tranquilidad de hace veinticinco años. Solo su cabello, con sus canas prematuras, detuvo por un momento mis recuerdos. Un momento nada más.

Su espalda era la misma que tantas veces había rodeado esas noches cuando el mundo no tenía fin, y en la que mi rostro descansó tantas veces mientras él conducía la moto con la que nos sentíamos eternos.

Sus manos en los bolsillos seguían mostrando ese paciente desenfado que no me pudo contener.

El recorrido cotidiano que ahora hacía, y yo seguía, me mostró la  vida que no tuve, el compañero que dejé ir por respirar aires más mundanos.

Se que vive en la casa que fue la de sus padres, ahora con su propia familia. En esa casa en la que me sorprendieron los primeros encuentros amorosos, escenario de una felicidad que aún no deseaba. La casa de esos padres tan sorprendentemente enamorados después de 30 años de casados. Una casa que he mirado de lejos tantas veces. Una casa con el aura del buen amor que no quise.

Caminé detrás de él unas cuadras más. No intenté alcanzarlo, el no se detuvo. Doblé en una esquina y nuestros caminos se alejaron de nuevo, veinticinco años después.

19 ene
Ilustración de Simón Birch

Pintura de Simón Birch

Otras promesas lanzas a la ilusión.
Otros labios sueñan con tu humedad ¿sueñan?
Otra mente se llena de tus palabras.
El tiempo es un dulce vehículo de esta sorda y lenta agonía.

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